sábado, 10 de enero de 2026

UN ARTÍCULO SOBRE LA MASONERÍA EN EL PUERTO BRAVO - MOLLENDO

 


Las primeras logias masónicas en el Perú surgieron durante la época de la independencia, bajo la jurisdicción del Gran Oriente Nacional de Colombia y se extendieron desde Lima, capital de la república, hacia el interior, principalmente en lugares con población cosmopolita como los puertos de la costa peruana. Tras la disolución de la Gran Colombia las incipientes logias del país consideraron necesario formar un gobierno masónico independiente, adoptando el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, así se funda a mediados del siglo XIX la Gran Logia del Perú, consolidando la organización masónica nacional.

El Ministerio de Cultura del Perú declaró en 2025 como Patrimonio Cultural de la Nación los documentos sobre logias masónicas del período 1862–1923, que incluyen registros de logias en distintas ciudades, entre ellas Mollendo.

LA MASONERÍA EN MOLLENDO

Entre los mecanografiados y manuscritos del notable historiador arequipeño Artemio Peraltilla Díaz, encontré un artículo inédito y mecanografiado del médico e historiador Francisco Velarde Herrera titulado “La masonería en Mollendo”.

El texto de Francisco Velarde Herrera redactado el 15 de junio de 1974 expresa un sentido a memoria, a diario o vivencia personal más que un estudio sobre la historia de la masonería en el “Puerto Bravo”. Deducimos del mecanografiado que Velarde Herrera establece cuatro momentos históricos de la masonería en Mollendo: la inicial con la fundación de la Logia Masónica “Paz y trabajo” posiblemente antes de 1892 porque Velarde incluye en dicho año una anécdota, que no hemos corroborado su veracidad y donde involucra al recordado sacerdote Juan B. Arenas “El tata Arenas” esta se refiere al funeral de uno de los hermanos y de pronto “se vieron violentamente arrojados de su Templo por los gritos, imprecaciones y golpes de una turba de salvajes embriagados de alcohol y fanatismo, que sorpresivamente irrumpió en el local, para luego destrozarlo, arrastrando muebles y enceres a la plaza pública para quemarlos, cual estúpida parodia de la fenecida Inquisición […] Cuéntase que el autor intelectual e instigador del vil atropello fue nada menos que el tata cura Juan B. Arenas, párroco de la localidad […] dedicóse a tramar para erradicar por el fuego a los demonios de masones de Mollendo. Con amenazas del infierno y generosas libaciones de aguardiente, fue cultivando poco a poco, para cómplices suyos; la credulidad del sacristán y unos cuantos palurdos. En ocasión propicia y dirigiendo la operación el mismo desde estratégico puesto bien disimulado por el pobre alumbrado de faroles del Mollendo de antaño, ordenó a sus bien catequizados adeptos procedieran al asalto. Consumado el atentado, regocijábase el cura Arenas en solapadas carcajadas, cuando uno de los asaltantes le trajo una imagen de cristo crucificado, diciéndole:  “Mira Tata, lo que hemos encontrado entre las cosas de los masones. ¿Qué hacer? ¿Cómo desmentir los argumentos antes empleados?, qué pensarían el sacristán, y compinches. No titubeo por mucho tiempo y rápido dijo: ¡Al fuego con El, caray!, también El es masón”.

El segundo momento corresponde a la fundación de la Logia “Fénix, Paz y Trabajo N° 21” el 13 de marzo de 1918; su instalación se llevó a cabo con toda solemnidad bajo el mallete del R:. H:. Manuel Perea Rosas, enviado especial y delegado del gran Maestre. Para el 24 de agosto de 1919 Velarde Herrera menciona que el Templo se ubicaba en la Calle Melgar N° 32, altos, y su primer cuadro lógico presidido por el venerable maestro R:. H:. Emilio Bonett.  Esta logia existió posiblemente hasta 1935; según Velarde Herrera porque la “agitación política de la época trascendió al sagrado recinto del Taller motivando disidencias entre los hermanos que terminaron en el abatimiento otra vez de las columnas de la Logia”.

El tercer momento de la historia de la masonería en Mollendo inicia con las gestiones de Ernesto Abril de Vivero. Quien según Velarde,  viajó a Lima para regresar luego con la comisión de levantar columnas de una nueva Logia bajo el nombre de “Ricardo Palma” N° 22. Sin mayores preámbulos fue otorgada la respectiva carta constitutiva, empezando con entusiasmo y dedicación, una etapa de trabajos masónicos que duró varios años bajo la dirección de los venerables maestros: Ernesto Abril de Vivero, Domingo Rosas Cavenencia, Hernan Zuzunaga y Francisco Velarde Herrera”. Finalmente, Velarde acota que “Lamentablemente por desahucio, la Logia tuvo que abandonar el local en la calle comercio, propiedad de la Administración del Agua Potable, frente al Consejo Municipal” lo que ocasionó la desaparición de esta en el puerto bravo.

Un cuarto momento de la historia de la masonería en Mollendo se inicia el 23 de setiembre de 1970 con el Gran Maestre, M:. R:. H:. Luis E. Heysen, quien decreta la formación del Triángulo del Valle de Mollendo, para luego el 10 de mayo de 1971 decretar la entrega de la antigua Carta Constitutiva para restaurar las columnas de la R:. L:. S:. “Fenix, Paz y Trabajo” N° 21, respectivamente bajo la presidencia y el Veneralato [sic] del R:. H:. M:. Francisco Velarde Herrera, a quien siguen en la silla del Rey Salomón los RR:. HH:. José Domingo Herrera y José Delgado Del Carpio.

Publicamos en edición facsimilar este documento inédito, para conocimiento de la historia social de Mollendo.

FRANCISCO VELARDE HERRERA

Mateo Francisco Velarde Herrera nació en el distrito de Miraflores, Arequipa, el 19 de setiembre de 1989, fueron sus padres don Timoteo Velarde y María Herrera. Realizó sus estudios primarios en la escuela del profesor Ballón en su natal Miraflores; los estudios secundarios en el Colegio Nacional de la Independencia Americana, la culminarlos viaja a Lima para estudiar medicina, pero obtiene una beca para seguir esta carrera profesional en España. En 1924 viaja a Paris para seguir estudios de postgrado en la universidad de la Sorbona, graduándose con una tesis sobre la microbiología y la salud pública.

En 1917 regresa al Perú para desempeñar su profesión y contrae matrimonio con la dama mollendina María Dorich Torres, nieta del comerciante español y uno de los fundadores de Mollendo Alejandro Dorich Recasens. Los padres de María Dorich fueron Luis Dorich también comerciante y Manuela Torres fundadora del antiguo asilo de ancianos del puerto bravo.  El matrimonio Velarde - Dorich tuvo una sola hija a la que nombraron Ruth.

En 1925 el doctor Velarde ingresa a trabajar en el antiguo hospital El Carmen de Mollendo ejerciendo hasta su jubilación. También laboró libremente en su consultorio de la calle Arica N° 418, donde también fue su residencia. 

Velarde Herrera, miembro del Círculo Cultural Carlos Baca Flor, publicó artículos en la revista de esta institución sobre el pasado de la provincia de Islay; sin embargo, su obra más importante es su libro “Crónicas de Islay y Mollendo”, publicada en 1986 por la Marina de Guerra del Perú. La dedicatoria de este libro resume el cariño que este autor tuvo por el puerto bravo “Al pueblo de Mollendo tan entrañable para mí, en donde formé mi hogar; y al pueblo del valle de Tambo, donde hice muy buenos amigos”. Herrera también fue miembro de la Compañía de Bomberos N° 1 de Mollendo.

El 6 de mayo de 1960 es nombrado alcalde de Mollendo, en remplazo de don Ernesto Velásquez Zegarra, ejerció el cargo hasta el 26 de junio de 1961. Velarde Herrera logra formar una vasta biblioteca de historia y cultura en general que donó a la Biblioteca Municipal de Mollendo.

Al jubilarse de médico del Hospital de Mollendo decide radicar en la ciudad de Lima; sin embargo, visitaba asiduamente el puerto, el 6 de enero de 1885 volvió con una colección de libros para donarlos a la biblioteca municipal, acto que se realizado en la sesión solemne del aniversario de Mollendo.

Velarde Herrera Falleció el 23 de enero de 1994 a la edad de 94 años, sus restos fueron sepultados en el mausoleo de la familia en el cementerio de Mollendo.

TRANSCRIPCIÓN

LA MASONERÍA EN MOLLENDO

Apuntes históricos del R: H: Francisco Velarde Herrera, P:. V:. M:. de las RR:. LL:. “Fénix, Paz y Trabajo” N° 21 y “Ricardo Palma” N° 22.

Antes, algo sobre Mollendo en sí. Poco más de un siglo atrás, trabajadores del ferrocarril, extranjeros y de la región, con materiales de madera, empezaron la construcción de este puerto para proveerlo de locales necesarios para servicios indispensables: agencias de aduana, hoteles, comercios, autoridades, la iglesia parroquial, el hospital San Juan de Dios, la Beneficencia Pública, la compañía de bomberos, instituciones sociales, deportivas, educacionales, culturales y gremiales.

Hermanos masones levantaron las columnas de la primera logia simbólica bajo el nombre de “Paz y Trabajo”, significativa expresión, ayer y hoy, del espíritu característico de Mollendo. Los hermanos peruanos y extranjeros empeñosamente trabajaron unidos bajo los postulados de libertad, igualdad y fraternidad, aportando valiosos conocimientos y dedicados esfuerzos por el surgimiento de la ciudad.

Una nefasta noche de 1892, celebrando los hermanos, con asistencia de profanos, una tenida fúnebre en homenaje a un hermano fallecido, se vieron violentamente arrojados de su Templo por los gritos, imprecaciones y golpes de una turba de salvajes embriagados de alcohol y fanatismo, que sorpresivamente irrumpió en el local, para luego destrozarlo, arrastrando muebles y enceres a la plaza pública para quemarlos, cual estúpida parodia de la fenecida Inquisición.

Y aquí la anécdota. Cuéntase que el autor intelectual e instigador del vil atropello fue nada menos que el tata cura Juan B. Arenas, párroco de la localidad, cuyo mérito estriba en haber logrado la construcción de la iglesia parroquial, por largo tiempo la obra ornamental mejor de Mollendo. De el escribió un Director General de los Paulistas en gira por Sud América: “Mollendo, pequeño puerto en el sur del Perú, la fealdad de su párroco siendo la nota saltante”.

Creyéndose en su intemperancia y fanatismo, émulo de Torquemada y demás inquisidores, el cura Arenas dedicóse a tramar para erradicar por el fuego a los demonios de masones de Mollendo. Con amenazas del infierno y generosas libaciones de aguardiente, fue cultivando poco a poco, para cómplices suyos; la credulidad del sacristán y unos cuantos palurdos. En ocasión propicia y dirigiendo la operación el mismo desde estratégico puesto bien disimulado por el pobre alumbrado de faroles del Mollendo de antaño, ordenó a sus bien catequizados adeptos procedieran al asalto.

Consumado el atentado, regocijábase el cura Arenas en solapadas carcajadas, cuando uno de los asaltantes le trajo una imagen de cristo crucificado, diciéndole:

“Mira Tata, lo que hemos encontrado entre las cosas de los masones. ¿Qué hacer? ¿Cómo desmentir los argumentos antes empleados?, qué pensarían el sacristán, y compinches. No titubeo por mucho tiempo y rápido dijo: ¡Al fuego con El, caray!, también El es masón”//

Y el pobre Santo Cristo, totalmente ajeno a la trifulca, fue a parar a la hoguera, dicen, sonriéndole al Tata cura. ¿Por qué sonreiría el Santo Cristo? ¿No sería porque, después de todo, el curita habría acertado en la verdad?.

La indignación de la gente consiente de Mollendo se vio frustrada por la indiferencia de las autoridades y la prepotencia de la curia de entonces. La Corte Superior de Arequipa ordenó se abriera proceso criminal contra los masones por el escándalo habido.    

Naturalmente, este desastre abatió las columnas de la Logia y el ánimo de los hermanos, dejando a la masonería mollendina en sueños por 24 años hasta que en 1916, se presentan algunas perspectivas para su resurgimiento materializándose el 13 de marzo de 1918 en un triángulo y finalmente en la autorización de la Gran Logia para la instalación de la Logia “Fenix, Paz y Trabajo” N° 21 que se llevó a cabo con toda solemnidad bajo el mallete del R:. H:. Manuel Perea Rosas, enviado especial y delegado del gran Maestre, el 24 de agosto de 1919, en el Templo de la Calle Melgar N° 32, altos, su primer cuadro lógico presidido por el venerable maestro R:. H:. Emilio Bonett.

Los trabajos prosiguieron con toda regularidad en la Logia hasta 1935 cuando la agitación política de la época trascendió al sagrado recinto del Taller motivando disidencias entre los hermanos que terminaron en el abatimiento otra vez de las columnas de la Logia.

Poco tiempo después el hermano Ernesto Abril de Vivero viajó a Lima para regresar luego con la comisión de levantar columnas de una nueva Logia bajo el nombre de “Ricardo Palma” N° 22. Sin mayores preámbulos fue otorgada la respectiva carta constitutiva, empezando con entusiasmo y dedicación, una etapa de trabajos masónicos que duró varios años bajo la dirección de los venerables maestros: Ernesto Abril de Vivero, Domingo Rosas Cavenencia, Hernan Zuzunaga y Francisco Velarde Herrera.

Lamentablemente por desahucio, la Logia tuvo que abandonar el local en la calle comercio, propiedad de la Administración del Agua Potable, frente al Consejo Municipal. Pese a las gestiones de algunos hermanos, no se pudo conseguir otro local. La indiferencia y la carencia de cumplimiento de asistencia y cotización, factores preponderantes en el fracaso de las instituciones, campearon, además, en la masonería mollendina, contribuyendo considerablemente a que la Logia abatiera columnas.

Algunos hermanos se esfuerzan por años para el resurgimiento de la masonería mollendina, hasta que el 23 de setiembre de 1970 el Gran Maestre, M:. R:. H:. Luis E. Heysen, decreta la formación del Triángulo del Valle de Mollendo, para luego el 10 de mayo de 1971 decretar la entrega de la antigua Carta Constitutiva para restaurar las columnas de la R:. L:. S:. “Fenix, Paz y Trabajo” N° 21, respectivamente bajo la presidencia y el Veneralato [sic] del R:. H:. M:. Francisco Velarde Herrera, a quien siguen en la silla del Rey Salomón los RR:. HH:. José Domingo Herrera y José Delgado Del Carpio.

Arequipa y Mollendo, a través de su historia, han sido dos pueblos muy unidos. Nombres destacados en el trabajo, el deporte y la sociedad han tenido su origen en uno para afincarse en el otro, y// viceversa. En masonería también, los hermanos Guillermo Rubatto, Francisco R. Méndez, Hernán Zuzunaga, Antonio Rodríguez y Cesar Guerrero de “Fénix, Paz y Trabajo” N° 21 de Mollendo, el 01 de junio de 1922, con la autorización de la Gran Logia del Perú, levantan columnas en Arequipa, liberada ya del fanatismo y del clericalismo, de su primera Logia simbólica “Luz y Libertad” N° 32 con el R:. H:. Napoleón Lockett como Venerable Maestro.

De ahí al efecto y el apoyo que la masonería arequipeña brinda en todo momento, de prosperidad o de crisis, a la masonería mollendina, que así siente su fe grandemente fortalecida por la simpatía y el aliento de la buena compañía y el valioso respaldo de la fraternidad.

Mollendo, 15 de junio de 1974.

 


martes, 11 de noviembre de 2025

DE QUILCA A LA YERBABUENA: LA COSTA SUR DE AREQUIPA EN TIEMPOS PREHISPÁNICOS

Periodificación desarrollo prehispánico en la provincia de Islay - Eloy Linares Málaga. 1992


La costa de la región Arequipa comprende desde la quebrada Punta Parada o San Juan al norte de Lomas – Acarí hasta las lomas de Amoquinto y  quebrada Yerbabuena al sur del valle de Tambo, límite con la región Moquegua; buena parte de esta costa es rocosa, con acantilados abruptos, islotes y caletas que fueron utilizadas por el hombre desde tiempos prehispánicos, y sirvieron también de desembarcaderos en la colonia e inicios de la república y en la actualidad por pescadores que encuentran en estos lugares un medio de recurso económico; además en este espacio geográfico se ubican las  costeras  y los valles de Ocoña, Camaná, Quilca y Tambo.

La costa sur de Arequipa, comprendida entre Quilca y la quebrada de la Yerbabuena, constituye un territorio de gran riqueza arqueológica y cultural que ha sido históricamente subestimado frente a otras regiones del Perú prehispánico. Sin embargo, este espacio litoral fue escenario de intensas dinámicas humanas, donde sociedades ancestrales desarrollaron complejas formas de adaptación al entorno costero, establecieron redes de intercambio cuyos restos arqueológicos aún existen.

El presente trabajo trata de explicar el proceso histórico desde los primeros asentamientos humanos hasta la influencia cultural Tiahuanaco y Wari  específicamente en la costa sur de Arequipa, entre los valles de Quilca y Tambo, a través de los yacimientos arqueológicos encontrados y estudiados por los arqueólogos Gary Vesceluis, Eloy Linares, Augusto Cardona, etc. además de explicar los complejos sistemas económicos y relaciones sociales entre la costa y la zona alto andina – circunlacustre estudiados por Edmundo Corrales, Pablo de la Vera, entre otros. También se describiré la geografía de la zona en estudio.

Exploraremos la historia prehispánica de esta franja costera, analizando los vestigios materiales y estudios realizados que dan cuenta de una ocupación continua y estratégica a través de una mirada interdisciplinaria que articula la arqueología, la geografía y la historia, se busca reconstruir los modos de vida de las poblaciones que habitaron esta región antes de la llegada de los incas y, posteriormente, de los españoles. Al centrar la atención en este tramo del litoral arequipeño, se pretende revalorizar el papel de la costa sur como un espacio dinámico e integrado a los grandes procesos culturales del área andina. Se ha dividió el este estudio los siguientes puntos:

·         Las lomas en el litoral sur de Arequipa

Ø  El origen de las lomas

Ø  Vegetación en las lomas

·         Presencia humana prehispánica en las lomas del litoral sur de Arequipa

·         Asentamientos humanos con influencia Tiahuanaco- Wari en la costa sur de Arequipa 

·         Verticalidad y horizontalidad: sistemas económicos prehispánicos en la costa sur de Arequipa

·         Caminos prehispánicos en la costa sur de Arequipa.

LAS LOMAS EN EL LITORAL SUR DE AREQUIPA

El litoral sur de la región Arequipa está comprendido geográficamente por la pendiente occidental de la costa, formación geográfica denomina lomas “ contrafuertes principales de la cordillera marítima que avanzan en algunos sitios hasta el mismo litoral” (Bowman: 1938, 97)  también se conocen como terrazas costeras y se ubican  en toda la costa del Perú, se extienden desde el nivel del mar hasta los 1500 pies de altitud y donde mejor puede vérseles es al norte de Mollendo y sur del valle de Tambo.

El arqueólogo Pablo de la Vera Cruz Chávez afirma que se puede reconocer dos formas ecológicas claras en este espacio: las lomas de montaña, distribuidas a más altitud y pendiente, con mayor condensación de neblina y poseen especies arbustivas, alguna de ellas se conserva durante todo el año; y el segundo espacio son las lomas de planicies, aledañas al mar, están formadas por el crecimiento de pastos estacionales sobre la terraza marina antigua (De la Vera: 1996).  Las lomas son cortadas transversalmente por quebradas donde surgen manantiales permanentes constituyendo un pequeño oasis; según el autor mencionado “en ellos se ubican los antiguos asentamientos, inclusive con uso agrario […] las lomas constituyen un excelente corredor longitudinal entre valles” (Ibíd.) como lo veremos más adelante.

EL ORIGEN DE LAS LOMAS

Según Isaiah Bowman, el origen de las lomas o terrazas marinas, como las denomina, son depósitos aluviales de antiguos ríos de la época del Plioceno, en el periodo geológico terciario; las terrazas marinas fueron posteriormente erosionadas, levantadas y arroyadas por los cauces que se formaron en la parte alta de la cordillera de la costa; a decir de este autor: “Se formaron valles más estrechos y de menor profundidad, por donde corrían los cursos de agua nacidos en las lomas. Su profundidad y ancho eran generalmente proporcionadas a la altura de la parte de las lomas en donde nacieron y al tamaño de sus cuencas colectoras” (Bowman:1938, 192), resultado de este proceso geológico son las terrazas de abrasión marina en Atiquipa, Chala, Ocoña, Mollendo, Clemesi, entre otras. La desembocadura de estos riachuelos, también fue la causa del proceso geográfico de formación de las caletas en el litoral sur de Arequipa.


Lomas de Arantas al sur del valle de Quilca. Percy Eguiluz 2025

A los lados del cañón del valle de Tambo también se han formado terrazas aluviales que están encima de capas sub horizontales de arena y arcillas con lentes de grava. Entre el acantilado que existe frente a la terraza inferior y la orilla del mar se encuentra una amplia superficie horizontal que se extiende desde Mollendo hasta punta Corío formando 23 kilómetros de playa, cortada por la desembocadura del río Tambo; que está compuesta principalmente de arena, con algo de grava; la superficie es relativamente elevada con respecto a nivel del mar y se puede considerar como una terraza en formación (Bellido: 1964, 14). La porción occidental del área está ocupada por un gramal, que se le conoce como pastizales, que se extiende desde la desde la desembocadura del rio Tambo hasta cinco kilómetros al sureste de Punta de Bombón, una parte de esta área pertenecen al Santuario Nacional de las Lagunas de Mejía.   

Terraza aluvial sobre el cañón del valle de Tambo. Google Earth 2025

 Tierra adentro del complejo de lomas se extiende cerros de formación del terciario y cuaternario y rocas volcánicas sedimentadas del plioceno – cuaternario cuyos detalles figuran en los mapas geológicos de las localidades de Ocoña, Punta de Bombón, Clemesi. El terciario está representado por formaciones en Paracas, Camaná y Moquegua (Múgica: 1981, 113). Esta formación se conoce como la cordillera de la costa.

Cordillera de la costa sur del valle de Tambo. Google Earth 2025

Cordillera de la costa entre Matarani y el valle de Tambo. Google Earth 2025

 VEGETACIÓN EN LAS LOMAS

La vegetación en las lomas está relacionada con las condensaciones de agua a partir de las neblinas costeñas de invierno; la formación de la neblina ocurre cuando las nubes estrato y estratocúmulo se extiende sobre el suelo, por efecto del aire húmedo procedente del océano que se desplaza y se encuentra con las lomas y los cerros de la costanera, produciéndose una condensación en forma de neblina durante los meses invernales entre los 100 y 500 msnm aproximadamente. Este fenómeno es muy importante en el estudio hidrográfico de las lomas, porque a partir de este fenómeno produce vegetación en esta zona, que es aprovechada por el hombre para el pastoreo de ganado.

Según Mario Arenas, durante el “Optimun Climaticum”, los cazadores o recolectores aprovecharon el aumento de la temperatura, lluvias, humedad, vegetación y abundancia de animales para cazar pero aproximadamente en los 3500 años antes de Cristo vino una disminución gradual de la temperatura que favoreció la formación de fuentes subterráneas de agua que alimentaron los manantiales y quebradas de la costa; y en la región andina empezaron a faltar los pastos, los animales morían por falta de alimento o migraban a las partes más bajas en busca de ellos, los cazadores y recolectores llegaron al litoral siguiendo a los animales (Arenas: 2017).      

También entre Quilca, Islay y Mollendo el litoral es rocoso, propicio para la presencia de una mayor variedad de especies de peces, mariscos y algas siendo los más importante el Cochayuyo y Anacanto. El litoral se extiende en una extensa playa entre Mollendo y el valle de Tambo cortada por la desembocadura del río Tambo y continuando la playa hasta el punto de Corío donde los contrafuertes de la cordillera de la costa se proyectan hacia el litoral formando nuevamente las lomas.

Neblina sobre las lomas de Atiquipa. Apulibre 2027

 

Lomas de Matarani – quebrada de Guerreros. Eguiluz 2024

 

Lomas de Matarani – quebrada de Guerreros. Eguiluz 2024

Lomas de Matarani – quebrada de Guerreros. Eguiluz 2024

 

Lomas de Matarani – quebrada de Guerreros. Eguiluz 2024

PRESENCIA HUMANA PREHISPÁNICA EN LAS LOMAS DEL LITORAL SUR DE AREQUIPA

Según Augusto Cardona “Habitaban la costa peruana numerosos pueblos, quienes explotaban la riqueza ictiológica del litoral. Los restos humanos de los antiguos habitantes de la costa sorprenden por su conservación” (Cardona: 2002, 9). El conchal más importante en el litoral sur de la región Arequipa es el de Punta Islay, ubicado a 200 metros del faro al suroeste del puerto de Matarani; respecto a este sitio Gary Vescelius afirmó que “el hombre prehispánico selecciono este lugar porque era pescador, recolector de mariscos y cazador de mamíferos marinos, particularmente del lobo marino, en consecuencia, su vida era más segura en esta punta que en el desierto” (Vescelius: 1960).     

Sitio Punta Islay. Cardona 2002

 

Este yacimiento lítico posee un contenido cultural de sumo interés para los arqueólogos; en las excavaciones superficiales (Punta Islay I) que realizaron Gary Vescelius y Máximo Neira en 1960 encontraron restos de cerámica que pertenece a la fase inicial de su elaboración, pues es “de forma globular y de base convexa y redondeada, no hay cerámica de base plana, el color es variable: rojo indio, rojo amarillento, café y café amarillento. Los fragmentos [de cerámica] pueden ser clasificados en cuatro tipos: Islay burdo, Islay llano ligeramente alisado, Islay Bruñido e Islay pulido” (Neira: 1990, 93). En 2010 Józef Szykulski en su estudio sobre la prehistoria en la costa extremo sur del Perú realizó una comparación de los fragmentos encontrados en esta zona con los de Faldas de Morro en el norte de Chile, Huancané, y el curso medio del río Osmore en Moquegua y concluye que el vestigio tiene la influencia cultural de estilo Huaracane en Moquegua.  

En excavaciones más profundas en el referido sitio arqueológico (Punta Islay II) encontraron veintiséis artefactos líticos que corresponden a la época pre-cerámica de la zona “10 puntas proyectil le limbo triangular y base escotada, 10 puntas proyectil fragmentadas, 2 raspadores y 4 cuchillos” (Ibíd.). según Cardona “Los fechados radio-carbónicos asociados a cerámica y obtenidos por Vescelius en punta Islay, lo ubican en el periodo formativo tardío, alrededor de los años 100 antes de Cristo y 100 después de Cristo” (Cardona: 2002, 60).  

Los artefactos líticos encontrados en Islay están relacionados con otros sitios arqueológicos de cerámica temprana y primeras sociedades de horticultores del sur peruano[1], Eloy Linares Málaga nos dice que la arqueología de la provincia de Islay forma parte del complejo cultural del litoral extremo sur y los sitios arqueológicos de Punta Islay, Guardiola, El Pino, Mejía, etc. en el valle de Tambo son base del conocimiento de la arqueología de la provincia de Islay (Linares: 1964) y que posiblemente se remonta “entre 6000 a 5000 años antes de Cristo en plena época Lítica demostración de ello es el abrigo destruido de La Pascana  o Convalecencia donde años atrás el profesor Dorgi Arenas Paredes ubicó pictogramas en el acantilado, arte rupestre que resulta ser el único en la costa y hacia el barranco; y retinita, materiales con los que se hacia las puntas para caza de camélidos y herbívoros […] de igual manera en la zona de la ría de Corío encontramos con el director del museo de Berlín, Alemania, una barcaza de la región Fuenguida o de los Changos de tradición milenaria digna de conservarse en un museo […] Arantas, Punta Islay, Quebrada de Perros, Catarindo, Mollendito y Matarani por el material lítico trabajado y que fuera ubicado por la Misión Fulbright de Estados Unidos” (Linares: 1996, 12). La quebrada de Catarindo es otro yacimiento fue explorado por Vescelius (1965), Roger Ravines (1967) y el Proyecto Churajón (1997) encontrando material compuesto de machacadores y otros confeccionados a base de cantos rodados, útiles con astillamiento unilateral (Ravines: 1967).  

Perfil arqueológico que muestra acumulación de basura pre-cerámica y otros desechos culturales en punta Islay. Cardona 2002

 

El sitio arqueológico denominado Mollendito, situado a 10 kilómetros al este del “Puerto Bravo”, es también importante para conocer el proceso histórico sobre la presencia humana en el litoral; en este yacimiento se han encontrado vestigios de una sociedad pre-agrícola, con una antigüedad aproximada de 1000 años antes de cristo (Perez: 2006, 27), el material lítico consta de anzuelos de concha con plomada, anzuelos compuestos  (combinación de gancho con plomada) proyectiles de lados triangulares y base escotada, puntas dobles y chuzos de huesos para marisquear, tazones de piedra, cuencos de piedra y callanas de tiempos posteriores, arpones y cabezales desprendibles con barbas de hueso y puntas líticas (Vescelius: 1960).

Plano topográfico del Sitio arqueológico Mollendito. Linares 1992

Por otro lado, Josef Szykulski en 2010 hace una crítica al trabajo arqueológico realizado en el litoral de la costa extremo sur del Perú determinando que “la mayoría de estos yacimientos fueron documentados únicamente durante las prospecciones arqueológicas superficiales, por lo cual los artefactos reunidos si confirman la presencia de los grupos humanos en esta área en un determinado periodo, pero no constituyen una base suficiente para la reconstrucción  de la historia de poblamiento de dichos lugares; contrariamente a lo que sucedió en la sierra, en la franja litoral no se descubrieron sitios arqueológicos representativos, con secuencias estratigráficas bien definidas e inventarios lo suficientemente abundantes para permitir el análisis comparativo” (Szykulski: 2010,11).        

ASENTAMIENTOS HUMANOS CON INFLUENCIA CULTURAL TIAHUANCO -  WARI  EN LA COSTA SUR DE AREQUIPA

Un sitio de influencia Tiahuanaco en el valle de Tambo se encuentra en la zona de la ex -hacienda San Juan- distrito de Cocachacra, se trata de un cementerio que estudió el arqueólogo Carlos Ponce Sanjinez encontrando en sus excavaciones callanas, keros y ceramios que se ubican en el Museo de la Universidad Nacional de San Agustín; el material con una antigüedad de 200 a 800 años después de Cristo es una prueba de la influencia del Collao en el valle, cuya trashumancia debió seguir la cuenca del río Tambo, cuya naciente se ubica en la meseta alto andina.        

En el cerro bandurrias y cerca de la ex – hacienda El Pino, margen izquierda del río Tambo, en el distrito de Punta de Bombón (valle de Tambo), provincia de Islay; en 1967 cuando se realizaban trabajos para abrir la carretera “Costanerasur” se encontró un cementerio también de influencia expansivo  (Chiribaya) “Un hallazgo sumamente valioso fue ubicar en la hacienda El Pino  […] cuando levantaba el mapa arqueológico del departamento de  Arequipa, tumbas de estilo Pacocha, para otros Chiribaya, en las que encontramos ceramios, hoy en el museo de la UNSA, tiempo después se encontraron otros ceramios que se ubican en la municipalidad de Mollendo […] de la época incaica existen bienes culturales en Guardiola , Quelgua Grande, la isla de Mejía, la irrigación de Mejía, Chule, El Frisco, etc. Todo ello prueba la permanente diáspora costa sierra y sierra costa, nortes sur y sur norte, sino como se explicaría la presencia de la cultura San Miguel o Arica II en Cocachacra o bienes culturales Collaguas en Guardiola o elementos Pacocha en la hacienda El Pino o Barcazas fueguidos en Corío” (Linares: 1996, 12).                          

También en la ex –hacienda San Juan o “Chile Chico” en el poblado de El Arenal, margen derecha del mencionado río se encontró otro cementerio de influencia Tiahuanaco; estos restos datan en los 200 a los 800. Los ceramios se ubican en el museo de la UNSA de Arequipa (Linares: 1996, 12). Por otro lado, en el cerro Guardiola, también en la margen derecha del río Tambo, distrito de Deán Valdivia  se encontró un cementerio de 80 fardos funerarios de estilo Juli, Chuquibamba, que claramente de influencia Wari; e Inca “fue notorio el hallazgo de una hermosa faja o chumpi hecha con lanas de camélidos, con la clásica estrella de ocho puntas que aparece con frecuencia en el estilo Chuquibamba e Inca, según los estudios realizados por el doctor Eloy Linares Málaga, quien personalmente inspecciono el interesante descubrimiento arqueológico” (Perez: 2006, 30).  

Eloy Linares Málaga ha identificado los siguientes sitios arqueológicos en la provincia de Islay.

SITIO ARQUEOLÓGICO

DISTRITO

Quelgua Grande, Ayanquera, Cerro Bronce (Cachendo), Cocachacra (pueblo), Convalecencia (La Pascana), Cuartel de Santa María, Huayrondo, Pampa Blanca, El Fiscal, San Juan.

Cocachacra

Santa María, El arenal (pueblo), Casa Bernedo, Chile Chico,  Alto de la Luna, Casa Rosada, El Frisco, Colegio Nacional Fco. López de Romaña, Guardiola, La Curva.

Deán Valdivia

La Pampilla, lomas y ruinas de Corío, Hacienda El Pino.

Punta de Bombón

El Conto, Chirisuya o Miramar, La Isla, La Irrigación Santa María del Mar, Chule.

Mejía.

Mollendito, Quebrada de Perro.

Mollendo

 

MAPA ARQUEOLÓGICO EN EL VALLE DE TAMBO. Ministerio de Cultura 2022

También es importante los petroglifos encontrados en el valle de Tambo y Mejía que posiblemente hayan sido elaborados por comunidades agro-alfarera tardía o Inca  “Un rasgo sumamente valioso en el valle de Tambo y en Mejía es el arte rupestre en la modalidad de grabado. Existen petroglifos en Quelgua Grande, La Pascana, Ayanquera, Cerro Bronce, y a la vera de la playa en Mejía; aunque claro de diferentes épocas y en especial de la cultura July muy rica en el valle de Chili y hacia los 1300 después de Cristo, ellos corresponden al desarrollo de culturas locales, sinominizadas también con el grupo Lupaca de Puno, sitios los hay en Cocachacra, Huayrondo, La Curva, Pampa Blanca, San Juan II, El Arenal, Ayanquera, casa hacienda Santa María, etc.” (Linares: 1996, 12). El petroglifo de Quelgua está ubicado a 300 metros del poblado principal y a 33 metros altitud en la ladera del cerro, los motivos son camélidos, hombres, figuras geométricas, laberintos, soles etc. En los petroglifos de La Pascana representaron serpientes y perros, trigíditos, líneas angulosas, paralelas, verticales y horizontales de colores rojos en tono sangre, amarillo y blanco. Los de la Ayanquera obedecen a figuras geométricas, círculos, oquendos, figuras humanas, etc. Las figuras fueron grabadas de percusión en roca diorítica y pizarras de edad jurásica (Arenas: 2017). Los petroglifos de Mejía, ubicados en la zona de La Isla, propiedad de la familia Romaña, grabaron motivos de soles, lagartos, peces con espinas, líneas en zigzag, una serpiente, un meandro, rayas paralelas, figuras humanas fitomorfizadas, una cabeza de crustáceo destrozada y una figura humana; son 28 figuras en total.     

Dibujo de tumba prehispánica en el valle de Tambo. Linares 1996

Plano topográfico del sitio arqueológico de Huayrondo – Cocachacra. Linares 1992

 

Plano topográfico del sitio arqueológico de Quelgua Grande – Cocachacra. Linares 1992

 

Plano topográfico del sitio arqueológico de la Ayanquera, Cocachacra – Cocachacra. Linares 1992

 

Plano topográfico del sitio arqueológico de Convalecencia, Cocachacra – Cocachacra. Linares 1992

 

Dibujos del sitio arqueológico, petroglifos de Quelgua Grande, Cocachacra – Cocachacra. Linares 1992

PETROGLIFOS DE QUELGUA – VALLE DE TAMBO. Eguiluz 2010

 

Plano topográfico del sitio arqueológico de la zona de San Juan, Cocachacra – Cocachacra. Linares 1992

Plano topográfico del sitio arqueológico de la zona de Pampa Blanca, Cocachacra – Cocachacra. Linares 1992

 

Plano topográfico del sitio arqueológico de la zona Hacienda El Pino – Punta de Bombón. Linares 1992

 

Dibujos de cerámicos del sitio arqueológico de la zona Hacienda El Pino – Punta de Bombón. Linares 1992

 

Plano topográfico del sitio arqueológico de la zona Alto de la Luna – Deán Valdivia. Linares 1992

 

 

Dibujos de cerámicos del sitio arqueológico de la zona Hacienda El Pino – Punta de Bombón. Linares 1992

 


DIBUJO DE LOS PETROGLIFOS DE MEJIA. Linares 1996

DIBUJO DE LOS PETROGLIFOS DE MEJIA. Linares 1996

Plano topográfico del sitio arqueológico de la zona Mollendito – Mollendo. Linares 1992


Tentativa personificación del desarrollo cultural prehispánico en la provincia de Islay elaborado por Eloy Linares Málaga

Tentativa personificación del desarrollo cultural prehispánico en la provincia de Islay elaborado por Eloy Linares Málaga

 

VERTICALIDAD Y HORIZONTALIDAD: SISTEMA ECONÓMICO PREHISPÁNICO EN LA COSTA SUR DE AREQUIPA.

Para estudiar la presencia humana prehispánica en el litoral sur peruano se tiene que tener en cuenta la relación que existió entre  los asentamientos humanos  en este espacio geográfico; Pablo de la Vera Cruz Chávez definió la subregión norte de los valles occidentales como un rol de articulación social y económica sobre dos estrategias: el control vertical de pisos ecológicos establecido por Jhon Murra en 1975, y las relaciones horizontales (norte - sur) de grupos humanos, principalmente entre los valles altoandinos, y entre los valles bajos, desembocaduras de ríos, lomas y litoral marino (De la Vera: 1996).

La subregión norte de los valles occidentales es el espacio geográfico constituido por el conjunto de cuencas que se encuentran en el lado occidental de los andes, que cortan la terraza desértica y llegan hasta el océano pacifico; donde grupos humanos se desarrollaron a través de intercambio de productos marinos y agrícolas entre la costa y la zona circunlacustre y la Puna[2]. Sin embargo,  esta subregión se define específicamente  en el  desarrollo de dos grupos culturales: Chuquibamba, generada a partir del impacto que efectuó el estado Wari en esta región; y Churajón y Chiribaya, que es consecuencia del papel colonizador Tiahuanaco; no obstante, el modo articulador norte – sur en el litoral tiene sus inicios en el periodo arcaico, cuyas evidencias la constituyen grandes “conchales”, depósitos de conchas, restos de pesca y caza, como también productos cultivados y cerámica inicial mencionados anteriormente.

Es importante anotar que como un antecedente al estudio de Pablo de la Vera que la relación horizontal de los grupos humanos del litoral sur fue observada en 1959 por José María Morante entre las zonas prehispánicas de Arica, Ite, Ilo, chule, Quilca y Camana; Morante señaló las relaciones inter-cuencas que contribuyeron a la integración de los valles occidentales, ya sea en los  modos de articulación horizontal o vertical; el desarrollo de estas relaciones se puede confirmar en la evidencia arqueológica y etnohistórica. (Morante:1959);

Por su parte Guillermo Galdos estudió la relación entre los grupos humanos pescadores prehispánicos denominados Uros, Camanchacas, Changos, Puquinas y Yungas  en el litoral sur del Perú y norte de Chile a través de los documentos de inicios de la colonia,  donde señaló que  “los conquistadores ya se dieron cuenta que étnicamente eran uniformes Arica, Ite e Ilo, de ahí que para mantener unidos a estos pobladores de los tres puertos don Francisco Pizarro otorga estas comunidades indígenas a un solo encomendero don Lucas Martínez Begazo” (Galdos: 1982,29).

La nominación de estas comunidades de pescadores  como “Camanchacas” Guillermo Galdos la encuentra en los estudios étnicos que hizo Max Uhle sobre la región de Arica y Tarapacá[3],  y  corrobora esta información con  los datos que proporciona el cronista Fray Reginaldo de Lizarraga  “en este trecho de tierra hay algunas caletillas con poco agua salobre, donde se ha recogido y huido algunos indios pescadores pobres casi desnudos; los vestidos son de pieles de lobos marinos y en muchas partes desta costa beben sangre destos lobos a falta de agua. No alcanzan grano de maíz, ni lo tienen sus comidas  solamente es pescado y marisco. Llaman a estos indios Camanchacas porque los rostros y cuerpos de sus cuerpos se han vuelto como una costra colorada, durísima” (Lizárraga: 1946, 5).

La presencia de Camanchacas en el antiguo  puerto de Chule también la ubicó Galdos en la documentación sobre un juicio de residencia que siguió  el Corregidor de Vítor y Characato, licenciado Francisco de Arce Sevilla y de la vega, por el Maestre de Campo don Pedro Sánchez de Cos, en 1639[4], donde incluye la tasa de los indios de Chule “Los indios Camanchacas del puerto de Chule de la encomienda de don Diego Cáceres, Diego de Ulloa, pagan en cada vn año conforme a la tasa de Don Francisco de Toledo como parece y otras más moderna ciento y ochenta y siete pesso…” (Galdos: 1982, 8), como también encuentra mención de los Camanchacas en una compulsa que está inserta en el expediente del juicio del residencia hecho por  el escribano Diego de Silva “(Al margen) indios camanchacas del puerto de Chule. Cargo de los indios camanchacas del puerto de chule de la encomienda de don Josephe de Cáceres y Ulloa…” (ibíd.). 

Esta información revela que  entre las comunidades prehispánica de pescadores en el litoral sur existió una relación entre ellos, un control horizontal, como afirma Pablo de la Vera, José María Morante y Guillermo Galdos,  quien denomina a estas comunidades como Indios Camanchacas; el desarrollo de esta relación es importante y se puede ver a través de la arqueología y la etnohistoria como los documentos que consulto Galdos y los trabajos arqueológicos de Neira, y Muñoz Ovalle para el litoral norte chileno.  

El otro modelo de articulación de la sub región norte es el del control vertical de pisos ecológicos establecido por Jhon Murra en 1975, y se cumple en cada una de las cuencas y/o con las cuencas adyacentes de este espacio, permitiendo que los grupos humanos aprovechen los recursos racionalmente. Para nuestro estudio tomaremos solo dos cuencas el litoral sur peruano: Quilca- Siguas- Chili y el rio Tambo, que son parte del espacio de la subregión de los valles occidentales.

Este modo de articulación también tuvo su origen en el periodo arcaico; según el arqueólogo Edmundo Corrales Valdivia, hace 3500 años A.C. aproximadamente, se produjo una disminución gradual de la temperatura que permitió la formación de grandes masas de nieve en los andes, con la consiguiente formación de fuentes subterráneas de agua que alimentaron numerosos manantiales en las lomas y ríos en la cuenca del pacifico; mientras que en la región alto andina empezaron a faltar los pastos, los animales morían y otros se retiraban a zonas más bajas, los cazadores y recolectores descendieron los andes siguiendo a los animales llegando a la costa, para luego recorrer el litoral de Islay en busca de mejores “bancos marinos”, cambiando por temporadas, parcial o totalmente sus campamentos; es posible que de esta manera grupos humanos alto andinos se hayan desplazado de los andes a la costa a través del cauce de los ríos y con el tiempo establecieron enclaves en algunos lugares del litoral o en el curso de los ríos, permitiendo que se desarrollen circuitos económicos que posibilitaron la formación  de una estructura política y la integración de las diferentes ecologías  de una cuenca.  La comunidad de Sibayo, grupo étnico de lo Collagua constituye un ejemplo típico de este modo articulador cuya persistencia dura hasta el siglo XX, como lo ha demostrado el historiador Juan Huanca Mayhua en un estudio sobre El circuito comercial del cochayuyo en el siglo XX y la persistencia del control del litoral de Islay por el pueblo de Sibayo  de Cailloma (Huanca: 2005).

CAMINOS PREHISPÁNICOS EN LA COSTA SUR DE AREQUIPA

Augusto Cardona en su libro “Caminos prehispánicos de Arequipa” ha ubicado las rutas que utilizaron las comunidades alto andinas hacia la costa, siguiendo la cuenca de los ríos; el Tambo fue uno de ellos; es así que la comunidad de Puquina, ubicada en las alturas de Moquegua,  comercializaban el guano con los curacas de los pueblos de Chiguata, Pocsi, Ubinas y el valle de Tambo, además de poseer un parcialidad o derechos de propiedad en las islas de la caleta de Cocotea, al sur del valle de Tambo. Las comunidades de Collagua y Cabana del valle del Colca tenían parcialidades en Quilca y Aranta, que ha perdurado hasta bien entrado el siglo XX, como lo ha estudiado Juan Huanca en su libro “El circuito del cochayuyo en el siglo XX y la presencia del control del litoral de Islay por el pueblo de Sibayo - Caylloma”.

Luego de la conquista hispana varios de los caminos prehispánicos fueron abandonos o integrándose de acuerdo al establecimiento de las ciudades. Arequipa se fundó en 1540 y se convirtió en una ciudad de paso la costa hacia el alto Perú y Cusco. El puerto de Chule, ubicado entre Mejía y Mollendo, fue la puerta de entrada y salida a ultramar, el Cabildo de Arequipa acordó en 1556 la construcción de un camino real al puerto de Chule.

Del Valle de Tambo hacia Arequipa se ascendía por la quebrada “Cahuintala” o por la de “Linga”, la primera partía del pueblo de Cocachacra y la otra de El Toro en el valle de Tambo La quebrada de “Cahuintala” llegaba hasta la estación de Tambo donde se unía con el camino que salía de Islay, Chule  y La Ensenada,  para continuar por la misma hasta  unirse con la quebrada de “Linga”  y luego ascender los cerros de “La Caldera” y descender por la quebrada “Sal si puedes” o de “Las siete vueltas” hasta Congata, Quequeña, Yarabamba, socabaya, y  entrar a la ciudad del Misti por la antigua calle de  “La Mar” hoy La Merced. Este era prácticamente el antiguo camino real y posiblemente prehispánico que partía del antiguo puerto de Chule, pasaba por el valle de Tambo hacia Arequipa.



Croquis de los caminos de herradura de origen prehispánico. Arenas 2017

 

El camino entre Arantas e Islay Importancia arqueológica e histórica

El camino que se proyecta desde Arantas hasta Matarani (Cardona 2008) favoreció la interrelación entre el valle de Camaná, ubicado en la costa central de Arequipa, y las regiones sureñas de los valles de Pocoma y Carrizal, localizados en Moquegua. La zona costera en que se emplaza se encuentra próxima al eje divisorio de los territorios del Kuntisuyu y Qollasuyu, por lo que cumplió un importante rol durante el periodo prehispánico, relacionando el ecosistema de lomas con los de la puna altiplánica de Puno y Bolivia. La conectividad de los asentamientos arqueológicos de ambas regiones estaba entonces asegurada a través del eje del camino paralelo al litoral, toda vez que existían ramales que se desprendían de este y descendían hacia los asentamientos ubicados en el litoral, como La Francesa, Carrizal, Coloca, Arantas y otras.

Dadas las características del terreno desértico en el que se proyecta el camino, los amojonamientos o cúmulos de piedras dispuestos en su trazo entre la quebrada La Francesa e Islay jugaron un rol protagónico para la orientación de su ruta, ya que sin estos indicadores el desplazamiento habría sido más lento y peligroso por las profundas quebradas que “cortan” el relieve accidentado de la pampa costera. Con respecto de la evidencia arqueológica asociada directamente al camino, la información de Gary Vescelius (1960) quien recorrió las zonas de valle y litoral comprendidos entre Camaná y Quilca, su mayor aporte fue la descripción de los materiales arqueológicos hallados en su trabajo de prospección.

Según aparece registrado en las Ordenanzas de tambos de Vaca de Castro (1909 [1543]), el camino que conectaba la Ciudad de los Reyes (Lima) con la villa de Arequipa, luego de llegar a Camaná, giraba hacia el valle de Siguas; por consiguiente, la ruta que prosigue hacia Quilca y los valles del sur no sería de las principales, a pesar de seguir linealmente por la costa. Sin embargo, la relevancia del camino entre Camaná e Islay ya es anotada en los registros coloniales a partir de la implementación de Islay como puerto durante el siglo XVII (Zamácola y Jáuregui 1958).

La importancia del camino en estudio la registra Antonio Raimondi en 1863, quien recorre las costas de Arequipa siguiendo la ruta comprendida entre Chaviña, Atiquipa, Chala, Atico, Ocoña, Camaná e Islay, y otras localidades insertas al camino longitudinal de la costa, pero continuando también hacia Tambo y Cocotea. En este trayecto destaca la presencia de lomas en Punta Hornillos.

En sus estudios referentes a la costa peruana, María Rostworowski (1981) señala que en 1595 las lomas del corregimiento de Camaná se denominaban Hilay y se ubicaban cerca del pequeño puerto y caleta de Quilca. El nombre particular dado a las lomas evidencia la importancia de este ecosistema en la economía vinculada al intercambio de productos a través del camino desde épocas tempranas hasta la actualidad, tal como se observa en el  litoral de Islay. Rostworowski menciona que durante los últimos desarrollos de vegetación de lomas encontró población altoandina que se desplazaba a sus posesiones o “chacras” en la costa, entre julio y octubre, lo que implicó una serie de actividades, que incluían el intercambio de productos de puna por otros de valle costero y del litoral, así como contrataciones en ciertos sectores de los valles de Camana-Majes, Siguas y Vitor.

Estas evidencias sustentarían por qué las poblaciones altoandinas reclamaron posesión de esta área desde inicios de la Colonia, persistiendo en su explotación hasta mediados de la década de 1970, Descripción de la ruta del camino Entre Arantas y Matarani.

Esta ruta cubre una distancia aproximada de 35,12 K. una pequeña caleta empleada por los pescadores artesanales de Quilca. Desde este punto, ubicado a unos 150 metros del litoral, el camino avanza hacia el sureste por extensos arenales, presentando un ancho variable de entre 1,5 y 8 metros (estrechándose en las crestas de quebradas y zonas de roquedal). Su trazo se proyecta en paralelo a las lomas y el litoral hasta llegar a la quebrada Chillpay, desde donde se va alejando de la línea del mar (a más de 1 kilómetro en este punto) y se acerca más al pie de monte costero.

 

 

El camino desciende hacia la quebrada San José y luego pasa a otra inmediata llamada La Francesa (las dos son profundas y de paredes rocosas casi verticales). Entre ambas quebradas hay un paso de calzada inclinada a manera de rampa y de medidas irregulares que oscilan entre los 50 centímetros y 2 metros de ancho, con un largo de 35 metros.

Tras cruzar la quebrada La Francesa, el camino se hace menos distinguible por la cobertura del arenal y solo puede reencontrarse cerca de las lomas Huaranguillo, en el paso de la quebrada La Huata, donde se observa únicamente como una mancha en el terreno y es menos notorio que en la sección anterior. Luego de avanzar por la pampa Tutuy, a 1 kilómetro del pie de los cerros costeros, el camino desciende hacia la zona de La Higuera y de allí continúa en rumbo sureste, a través de la pampa Sigueñas, donde se observan numerosas piedras esparcidas en lo que podría constituir su calzada. Siguiendo el relieve desgastado del terreno y la dispersión del material lítico existente en este se llega al sitio denominado “Recinto Aislado de Quebrada Verde”, aledaño al curso de una pequeña quebrada donde crecen pequeñas matas de arbustos. La presencia de este recinto se debe al continuo tránsito en la zona. Puede observarse que 250 metros al sur del mismo se encuentran una serie de marcadores de ruta (amojonamientos o hileras de piedras superpuestas) que se ubican muy distantes entre sí y que pueden encontrarse incluso al llegar a la quebrada Honda (en su margen oeste). Desde esta quebrada, el camino continúa hacia el sureste pasando al pie del cerro Contayani aunque sin presentar más marcadores hasta llegar a un punto equidistante entre las quebradas Coloca y Turpay. Cabe resaltar que a partir del último punto se sigue a través de una trocha carrozable que se desprende de la carretera Arequipa-Islay y que, al parecer, en su trayecto al pie del cerro San Andrés se ha superpuesto al camino arqueológico hasta llegar al pie del cerro Matarani. Principales sitios asociados Recinto aislado de Quebrada Verde Se encuentra junto al camino en la margen izquierda de la quebrada epónima, unos 4 kilómetros al norte de la caleta Carrizal, actualmente abandonada.

El recinto, del que se notan solo los cimientos, corresponde a una estructura cuadrangular de 15,60 metros por lado que fue construida con cantos ro dados de mediano volumen. Por su tamaño, este recinto pudo servir como lugar de residencia temporal, con vinculación a las actividades intermedias entre las lomas y el área productiva del litoral. - recinto. Restos de cerámica de los estilos locales Collagua, Collagua-Inca y Sipina, este último desarrollado durante los periodos colonial y republicano, se mezclan con fragmentos de conchas de moluscos y restos óseos muy quebrados y quemados. El sitio corresponde al periodo Horizonte Tardío y culturalmente está relacionado con el desarrollo cultural Inca-Collagua.

BIBLIOGRAFIA

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[1] El arqueólogo Iván Muñoz Ovalle afirma que “en la costa peruana a partir de 2500 A.C. emergen poblados que desarrollan actividades agrícolas en terrenos de vertientes o lugares pantanosos, consecuencia de este manejo marítimo, con apoyo de una agricultura inicial, recolección de plantas y caza” (MUÑOZ: 1989: 129) Este proceso de transformación de una sociedad depredadora hacia una aldeana y agrícola Luis Guillermo Lumbreras la denomina etapa arcaica, y la sitúa a partir del 4000 A.C.

[2] Esta subregión  está formada por tres cuencas: la de Camana – Majes – Colca y tal vez se puede incluir Ocoña y Cotahuasi al norte, que se vinculan directamente al desarrollo del proceso histórico de los andes expresado desde la presencia Paracas, Nazca y Wari; y las dos siguientes cuencas Quilca- Siguas- Chili y la cuenca del Tambo, y se vinculan con mayor nitidez al proceso histórico de los andes por el impacto de Tiahuanaco sobre ellas y tal vez desde mucho mas antes. (DE LA VERACRUZ: 19  :136)  

[3] Max Uhle refiere que estos pueblos de pescadores por su calidad cultural el tipo más antiguo de hombre encontrado en esta costa, porque a diferencia de los grupos humanos en el norte del Perú, para la época contemporánea a Chavín, estos aun dependían en su forma de vivir en los recursos más sencillos o primitivos (GALDOS. 1982: 4).           

[4] Este expediente se encuentra en el Archivo Regional de Arequipa. Sección Histórica. Corregimientos; Sub serie: Administrativo. Fecha 14 – III- 1639. Las referencias sobre de los pobladores Camanchacas en el puerto de Chule están en los folios 18/18 vta  - 19  - 45/ 45 vta y 46.