sábado, 10 de enero de 2026

UN ARTÍCULO SOBRE LA MASONERÍA EN EL PUERTO BRAVO - MOLLENDO

 


Las primeras logias masónicas en el Perú surgieron durante la época de la independencia, bajo la jurisdicción del Gran Oriente Nacional de Colombia y se extendieron desde Lima, capital de la república, hacia el interior, principalmente en lugares con población cosmopolita como los puertos de la costa peruana. Tras la disolución de la Gran Colombia las incipientes logias del país consideraron necesario formar un gobierno masónico independiente, adoptando el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, así se funda a mediados del siglo XIX la Gran Logia del Perú, consolidando la organización masónica nacional.

El Ministerio de Cultura del Perú declaró en 2025 como Patrimonio Cultural de la Nación los documentos sobre logias masónicas del período 1862–1923, que incluyen registros de logias en distintas ciudades, entre ellas Mollendo.

LA MASONERÍA EN MOLLENDO

Entre los mecanografiados y manuscritos del notable historiador arequipeño Artemio Peraltilla Díaz, encontré un artículo inédito y mecanografiado del médico e historiador Francisco Velarde Herrera titulado “La masonería en Mollendo”.

El texto de Francisco Velarde Herrera redactado el 15 de junio de 1974 expresa un sentido a memoria, a diario o vivencia personal más que un estudio sobre la historia de la masonería en el “Puerto Bravo”. Deducimos del mecanografiado que Velarde Herrera establece cuatro momentos históricos de la masonería en Mollendo: la inicial con la fundación de la Logia Masónica “Paz y trabajo” posiblemente antes de 1892 porque Velarde incluye en dicho año una anécdota, que no hemos corroborado su veracidad y donde involucra al recordado sacerdote Juan B. Arenas “El tata Arenas” esta se refiere al funeral de uno de los hermanos y de pronto “se vieron violentamente arrojados de su Templo por los gritos, imprecaciones y golpes de una turba de salvajes embriagados de alcohol y fanatismo, que sorpresivamente irrumpió en el local, para luego destrozarlo, arrastrando muebles y enceres a la plaza pública para quemarlos, cual estúpida parodia de la fenecida Inquisición […] Cuéntase que el autor intelectual e instigador del vil atropello fue nada menos que el tata cura Juan B. Arenas, párroco de la localidad […] dedicóse a tramar para erradicar por el fuego a los demonios de masones de Mollendo. Con amenazas del infierno y generosas libaciones de aguardiente, fue cultivando poco a poco, para cómplices suyos; la credulidad del sacristán y unos cuantos palurdos. En ocasión propicia y dirigiendo la operación el mismo desde estratégico puesto bien disimulado por el pobre alumbrado de faroles del Mollendo de antaño, ordenó a sus bien catequizados adeptos procedieran al asalto. Consumado el atentado, regocijábase el cura Arenas en solapadas carcajadas, cuando uno de los asaltantes le trajo una imagen de cristo crucificado, diciéndole:  “Mira Tata, lo que hemos encontrado entre las cosas de los masones. ¿Qué hacer? ¿Cómo desmentir los argumentos antes empleados?, qué pensarían el sacristán, y compinches. No titubeo por mucho tiempo y rápido dijo: ¡Al fuego con El, caray!, también El es masón”.

El segundo momento corresponde a la fundación de la Logia “Fénix, Paz y Trabajo N° 21” el 13 de marzo de 1918; su instalación se llevó a cabo con toda solemnidad bajo el mallete del R:. H:. Manuel Perea Rosas, enviado especial y delegado del gran Maestre. Para el 24 de agosto de 1919 Velarde Herrera menciona que el Templo se ubicaba en la Calle Melgar N° 32, altos, y su primer cuadro lógico presidido por el venerable maestro R:. H:. Emilio Bonett.  Esta logia existió posiblemente hasta 1935; según Velarde Herrera porque la “agitación política de la época trascendió al sagrado recinto del Taller motivando disidencias entre los hermanos que terminaron en el abatimiento otra vez de las columnas de la Logia”.

El tercer momento de la historia de la masonería en Mollendo inicia con las gestiones de Ernesto Abril de Vivero. Quien según Velarde,  viajó a Lima para regresar luego con la comisión de levantar columnas de una nueva Logia bajo el nombre de “Ricardo Palma” N° 22. Sin mayores preámbulos fue otorgada la respectiva carta constitutiva, empezando con entusiasmo y dedicación, una etapa de trabajos masónicos que duró varios años bajo la dirección de los venerables maestros: Ernesto Abril de Vivero, Domingo Rosas Cavenencia, Hernan Zuzunaga y Francisco Velarde Herrera”. Finalmente, Velarde acota que “Lamentablemente por desahucio, la Logia tuvo que abandonar el local en la calle comercio, propiedad de la Administración del Agua Potable, frente al Consejo Municipal” lo que ocasionó la desaparición de esta en el puerto bravo.

Un cuarto momento de la historia de la masonería en Mollendo se inicia el 23 de setiembre de 1970 con el Gran Maestre, M:. R:. H:. Luis E. Heysen, quien decreta la formación del Triángulo del Valle de Mollendo, para luego el 10 de mayo de 1971 decretar la entrega de la antigua Carta Constitutiva para restaurar las columnas de la R:. L:. S:. “Fenix, Paz y Trabajo” N° 21, respectivamente bajo la presidencia y el Veneralato [sic] del R:. H:. M:. Francisco Velarde Herrera, a quien siguen en la silla del Rey Salomón los RR:. HH:. José Domingo Herrera y José Delgado Del Carpio.

Publicamos en edición facsimilar este documento inédito, para conocimiento de la historia social de Mollendo.

FRANCISCO VELARDE HERRERA

Mateo Francisco Velarde Herrera nació en el distrito de Miraflores, Arequipa, el 19 de setiembre de 1989, fueron sus padres don Timoteo Velarde y María Herrera. Realizó sus estudios primarios en la escuela del profesor Ballón en su natal Miraflores; los estudios secundarios en el Colegio Nacional de la Independencia Americana, la culminarlos viaja a Lima para estudiar medicina, pero obtiene una beca para seguir esta carrera profesional en España. En 1924 viaja a Paris para seguir estudios de postgrado en la universidad de la Sorbona, graduándose con una tesis sobre la microbiología y la salud pública.

En 1917 regresa al Perú para desempeñar su profesión y contrae matrimonio con la dama mollendina María Dorich Torres, nieta del comerciante español y uno de los fundadores de Mollendo Alejandro Dorich Recasens. Los padres de María Dorich fueron Luis Dorich también comerciante y Manuela Torres fundadora del antiguo asilo de ancianos del puerto bravo.  El matrimonio Velarde - Dorich tuvo una sola hija a la que nombraron Ruth.

En 1925 el doctor Velarde ingresa a trabajar en el antiguo hospital El Carmen de Mollendo ejerciendo hasta su jubilación. También laboró libremente en su consultorio de la calle Arica N° 418, donde también fue su residencia. 

Velarde Herrera, miembro del Círculo Cultural Carlos Baca Flor, publicó artículos en la revista de esta institución sobre el pasado de la provincia de Islay; sin embargo, su obra más importante es su libro “Crónicas de Islay y Mollendo”, publicada en 1986 por la Marina de Guerra del Perú. La dedicatoria de este libro resume el cariño que este autor tuvo por el puerto bravo “Al pueblo de Mollendo tan entrañable para mí, en donde formé mi hogar; y al pueblo del valle de Tambo, donde hice muy buenos amigos”. Herrera también fue miembro de la Compañía de Bomberos N° 1 de Mollendo.

El 6 de mayo de 1960 es nombrado alcalde de Mollendo, en remplazo de don Ernesto Velásquez Zegarra, ejerció el cargo hasta el 26 de junio de 1961. Velarde Herrera logra formar una vasta biblioteca de historia y cultura en general que donó a la Biblioteca Municipal de Mollendo.

Al jubilarse de médico del Hospital de Mollendo decide radicar en la ciudad de Lima; sin embargo, visitaba asiduamente el puerto, el 6 de enero de 1885 volvió con una colección de libros para donarlos a la biblioteca municipal, acto que se realizado en la sesión solemne del aniversario de Mollendo.

Velarde Herrera Falleció el 23 de enero de 1994 a la edad de 94 años, sus restos fueron sepultados en el mausoleo de la familia en el cementerio de Mollendo.

TRANSCRIPCIÓN

LA MASONERÍA EN MOLLENDO

Apuntes históricos del R: H: Francisco Velarde Herrera, P:. V:. M:. de las RR:. LL:. “Fénix, Paz y Trabajo” N° 21 y “Ricardo Palma” N° 22.

Antes, algo sobre Mollendo en sí. Poco más de un siglo atrás, trabajadores del ferrocarril, extranjeros y de la región, con materiales de madera, empezaron la construcción de este puerto para proveerlo de locales necesarios para servicios indispensables: agencias de aduana, hoteles, comercios, autoridades, la iglesia parroquial, el hospital San Juan de Dios, la Beneficencia Pública, la compañía de bomberos, instituciones sociales, deportivas, educacionales, culturales y gremiales.

Hermanos masones levantaron las columnas de la primera logia simbólica bajo el nombre de “Paz y Trabajo”, significativa expresión, ayer y hoy, del espíritu característico de Mollendo. Los hermanos peruanos y extranjeros empeñosamente trabajaron unidos bajo los postulados de libertad, igualdad y fraternidad, aportando valiosos conocimientos y dedicados esfuerzos por el surgimiento de la ciudad.

Una nefasta noche de 1892, celebrando los hermanos, con asistencia de profanos, una tenida fúnebre en homenaje a un hermano fallecido, se vieron violentamente arrojados de su Templo por los gritos, imprecaciones y golpes de una turba de salvajes embriagados de alcohol y fanatismo, que sorpresivamente irrumpió en el local, para luego destrozarlo, arrastrando muebles y enceres a la plaza pública para quemarlos, cual estúpida parodia de la fenecida Inquisición.

Y aquí la anécdota. Cuéntase que el autor intelectual e instigador del vil atropello fue nada menos que el tata cura Juan B. Arenas, párroco de la localidad, cuyo mérito estriba en haber logrado la construcción de la iglesia parroquial, por largo tiempo la obra ornamental mejor de Mollendo. De el escribió un Director General de los Paulistas en gira por Sud América: “Mollendo, pequeño puerto en el sur del Perú, la fealdad de su párroco siendo la nota saltante”.

Creyéndose en su intemperancia y fanatismo, émulo de Torquemada y demás inquisidores, el cura Arenas dedicóse a tramar para erradicar por el fuego a los demonios de masones de Mollendo. Con amenazas del infierno y generosas libaciones de aguardiente, fue cultivando poco a poco, para cómplices suyos; la credulidad del sacristán y unos cuantos palurdos. En ocasión propicia y dirigiendo la operación el mismo desde estratégico puesto bien disimulado por el pobre alumbrado de faroles del Mollendo de antaño, ordenó a sus bien catequizados adeptos procedieran al asalto.

Consumado el atentado, regocijábase el cura Arenas en solapadas carcajadas, cuando uno de los asaltantes le trajo una imagen de cristo crucificado, diciéndole:

“Mira Tata, lo que hemos encontrado entre las cosas de los masones. ¿Qué hacer? ¿Cómo desmentir los argumentos antes empleados?, qué pensarían el sacristán, y compinches. No titubeo por mucho tiempo y rápido dijo: ¡Al fuego con El, caray!, también El es masón”//

Y el pobre Santo Cristo, totalmente ajeno a la trifulca, fue a parar a la hoguera, dicen, sonriéndole al Tata cura. ¿Por qué sonreiría el Santo Cristo? ¿No sería porque, después de todo, el curita habría acertado en la verdad?.

La indignación de la gente consiente de Mollendo se vio frustrada por la indiferencia de las autoridades y la prepotencia de la curia de entonces. La Corte Superior de Arequipa ordenó se abriera proceso criminal contra los masones por el escándalo habido.    

Naturalmente, este desastre abatió las columnas de la Logia y el ánimo de los hermanos, dejando a la masonería mollendina en sueños por 24 años hasta que en 1916, se presentan algunas perspectivas para su resurgimiento materializándose el 13 de marzo de 1918 en un triángulo y finalmente en la autorización de la Gran Logia para la instalación de la Logia “Fenix, Paz y Trabajo” N° 21 que se llevó a cabo con toda solemnidad bajo el mallete del R:. H:. Manuel Perea Rosas, enviado especial y delegado del gran Maestre, el 24 de agosto de 1919, en el Templo de la Calle Melgar N° 32, altos, su primer cuadro lógico presidido por el venerable maestro R:. H:. Emilio Bonett.

Los trabajos prosiguieron con toda regularidad en la Logia hasta 1935 cuando la agitación política de la época trascendió al sagrado recinto del Taller motivando disidencias entre los hermanos que terminaron en el abatimiento otra vez de las columnas de la Logia.

Poco tiempo después el hermano Ernesto Abril de Vivero viajó a Lima para regresar luego con la comisión de levantar columnas de una nueva Logia bajo el nombre de “Ricardo Palma” N° 22. Sin mayores preámbulos fue otorgada la respectiva carta constitutiva, empezando con entusiasmo y dedicación, una etapa de trabajos masónicos que duró varios años bajo la dirección de los venerables maestros: Ernesto Abril de Vivero, Domingo Rosas Cavenencia, Hernan Zuzunaga y Francisco Velarde Herrera.

Lamentablemente por desahucio, la Logia tuvo que abandonar el local en la calle comercio, propiedad de la Administración del Agua Potable, frente al Consejo Municipal. Pese a las gestiones de algunos hermanos, no se pudo conseguir otro local. La indiferencia y la carencia de cumplimiento de asistencia y cotización, factores preponderantes en el fracaso de las instituciones, campearon, además, en la masonería mollendina, contribuyendo considerablemente a que la Logia abatiera columnas.

Algunos hermanos se esfuerzan por años para el resurgimiento de la masonería mollendina, hasta que el 23 de setiembre de 1970 el Gran Maestre, M:. R:. H:. Luis E. Heysen, decreta la formación del Triángulo del Valle de Mollendo, para luego el 10 de mayo de 1971 decretar la entrega de la antigua Carta Constitutiva para restaurar las columnas de la R:. L:. S:. “Fenix, Paz y Trabajo” N° 21, respectivamente bajo la presidencia y el Veneralato [sic] del R:. H:. M:. Francisco Velarde Herrera, a quien siguen en la silla del Rey Salomón los RR:. HH:. José Domingo Herrera y José Delgado Del Carpio.

Arequipa y Mollendo, a través de su historia, han sido dos pueblos muy unidos. Nombres destacados en el trabajo, el deporte y la sociedad han tenido su origen en uno para afincarse en el otro, y// viceversa. En masonería también, los hermanos Guillermo Rubatto, Francisco R. Méndez, Hernán Zuzunaga, Antonio Rodríguez y Cesar Guerrero de “Fénix, Paz y Trabajo” N° 21 de Mollendo, el 01 de junio de 1922, con la autorización de la Gran Logia del Perú, levantan columnas en Arequipa, liberada ya del fanatismo y del clericalismo, de su primera Logia simbólica “Luz y Libertad” N° 32 con el R:. H:. Napoleón Lockett como Venerable Maestro.

De ahí al efecto y el apoyo que la masonería arequipeña brinda en todo momento, de prosperidad o de crisis, a la masonería mollendina, que así siente su fe grandemente fortalecida por la simpatía y el aliento de la buena compañía y el valioso respaldo de la fraternidad.

Mollendo, 15 de junio de 1974.

 


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