Las primeras logias masónicas en
el Perú surgieron durante la época de la independencia, bajo la jurisdicción
del Gran Oriente Nacional de Colombia y se extendieron desde Lima, capital de
la república, hacia el interior, principalmente en lugares con población
cosmopolita como los puertos de la costa peruana. Tras la disolución de la Gran
Colombia las incipientes logias del país consideraron necesario formar un gobierno
masónico independiente, adoptando el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, así se
funda a mediados del siglo XIX la Gran Logia del Perú, consolidando la
organización masónica nacional.
El Ministerio de Cultura del Perú
declaró en 2025 como Patrimonio Cultural de la Nación los documentos sobre
logias masónicas del período 1862–1923, que incluyen registros de logias en
distintas ciudades, entre ellas Mollendo.
LA MASONERÍA EN MOLLENDO
Entre los mecanografiados y
manuscritos del notable historiador arequipeño Artemio Peraltilla Díaz,
encontré un artículo inédito y mecanografiado del médico e historiador
Francisco Velarde Herrera titulado “La masonería en Mollendo”.
El texto de Francisco Velarde
Herrera redactado el 15 de junio de 1974 expresa un sentido a memoria, a diario
o vivencia personal más que un estudio sobre la historia de la masonería en el
“Puerto Bravo”. Deducimos del mecanografiado que Velarde Herrera establece
cuatro momentos históricos de la masonería en Mollendo: la inicial con la
fundación de la Logia Masónica “Paz y trabajo” posiblemente antes de 1892
porque Velarde incluye en dicho año una anécdota, que no hemos corroborado su
veracidad y donde involucra al recordado sacerdote Juan B. Arenas “El tata Arenas” esta se refiere al
funeral de uno de los hermanos y de pronto
“se vieron violentamente arrojados de su Templo por los gritos, imprecaciones y
golpes de una turba de salvajes embriagados de alcohol y fanatismo, que
sorpresivamente irrumpió en el local, para luego destrozarlo, arrastrando muebles
y enceres a la plaza pública para quemarlos, cual estúpida parodia de la
fenecida Inquisición […] Cuéntase que
el autor intelectual e instigador del vil atropello fue nada menos que el tata
cura Juan B. Arenas, párroco de la localidad […] dedicóse a tramar para erradicar por el fuego a los demonios de masones
de Mollendo. Con amenazas del infierno y generosas libaciones de aguardiente,
fue cultivando poco a poco, para cómplices suyos; la credulidad del sacristán y
unos cuantos palurdos. En ocasión propicia y dirigiendo la operación el mismo
desde estratégico puesto bien disimulado por el pobre alumbrado de faroles del
Mollendo de antaño, ordenó a sus bien catequizados adeptos procedieran al
asalto. Consumado el atentado,
regocijábase el cura Arenas en solapadas carcajadas, cuando uno de los
asaltantes le trajo una imagen de cristo crucificado, diciéndole: “Mira Tata, lo que hemos encontrado entre las
cosas de los masones. ¿Qué hacer? ¿Cómo desmentir los argumentos antes
empleados?, qué pensarían el sacristán, y compinches. No titubeo por mucho
tiempo y rápido dijo: ¡Al fuego con El, caray!, también El es masón”.
El segundo momento corresponde a
la fundación de la Logia “Fénix, Paz y Trabajo N° 21” el 13 de marzo de 1918;
su instalación se llevó a cabo con toda solemnidad bajo el mallete del R:. H:.
Manuel Perea Rosas, enviado especial y delegado del gran Maestre. Para el 24 de
agosto de 1919 Velarde Herrera menciona que el Templo se ubicaba en la Calle
Melgar N° 32, altos, y su primer cuadro lógico presidido por el venerable
maestro R:. H:. Emilio Bonett. Esta
logia existió posiblemente hasta 1935; según Velarde Herrera porque la “agitación política de la época trascendió al
sagrado recinto del Taller motivando disidencias entre los hermanos que
terminaron en el abatimiento otra vez de las columnas de la Logia”.
El tercer momento de la historia
de la masonería en Mollendo inicia con las gestiones de Ernesto Abril de
Vivero. Quien según Velarde, “viajó a Lima para regresar luego con la
comisión de levantar columnas de una nueva Logia bajo el nombre de “Ricardo
Palma” N° 22. Sin mayores preámbulos fue otorgada la respectiva carta
constitutiva, empezando con entusiasmo y dedicación, una etapa de trabajos
masónicos que duró varios años bajo la dirección de los venerables maestros:
Ernesto Abril de Vivero, Domingo Rosas Cavenencia, Hernan Zuzunaga y Francisco
Velarde Herrera”. Finalmente, Velarde acota que “Lamentablemente por desahucio, la Logia tuvo que abandonar el
local en la calle comercio, propiedad de la Administración del Agua Potable,
frente al Consejo Municipal” lo que ocasionó la desaparición de esta en el
puerto bravo.
Un cuarto momento de la historia
de la masonería en Mollendo se inicia el 23 de setiembre de 1970 con el Gran
Maestre, M:. R:. H:. Luis E. Heysen, quien decreta la formación del Triángulo
del Valle de Mollendo, para luego el 10 de mayo de 1971 decretar la entrega de
la antigua Carta Constitutiva para restaurar las columnas de la R:. L:. S:.
“Fenix, Paz y Trabajo” N° 21, respectivamente bajo la presidencia y el
Veneralato [sic] del R:. H:. M:. Francisco Velarde Herrera, a quien siguen en
la silla del Rey Salomón los RR:. HH:. José Domingo Herrera y José Delgado Del
Carpio.
Publicamos en edición facsimilar
este documento inédito, para conocimiento de la historia social de Mollendo.
FRANCISCO VELARDE HERRERA
Mateo Francisco Velarde Herrera
nació en el distrito de Miraflores, Arequipa, el 19 de setiembre de 1989,
fueron sus padres don Timoteo Velarde y María Herrera. Realizó sus estudios
primarios en la escuela del profesor Ballón en su natal Miraflores; los estudios
secundarios en el Colegio Nacional de la Independencia Americana, la
culminarlos viaja a Lima para estudiar medicina, pero obtiene una beca para
seguir esta carrera profesional en España. En 1924 viaja a Paris para seguir
estudios de postgrado en la universidad de la Sorbona, graduándose con una
tesis sobre la microbiología y la salud pública.
En 1917 regresa al Perú para
desempeñar su profesión y contrae matrimonio con la dama mollendina María
Dorich Torres, nieta del comerciante español y uno de los fundadores de
Mollendo Alejandro Dorich Recasens. Los padres de María Dorich fueron Luis
Dorich también comerciante y Manuela Torres fundadora del antiguo asilo de
ancianos del puerto bravo. El matrimonio
Velarde - Dorich tuvo una sola hija a la que nombraron Ruth.
En 1925 el doctor Velarde ingresa
a trabajar en el antiguo hospital El Carmen de Mollendo ejerciendo hasta su
jubilación. También laboró libremente en su consultorio de la calle Arica N°
418, donde también fue su residencia.
Velarde Herrera, miembro del
Círculo Cultural Carlos Baca Flor, publicó artículos en la revista de esta
institución sobre el pasado de la provincia de Islay; sin embargo, su obra más
importante es su libro “Crónicas de Islay y Mollendo”, publicada en 1986 por la
Marina de Guerra del Perú. La dedicatoria de este libro resume el cariño que
este autor tuvo por el puerto bravo “Al pueblo de Mollendo tan entrañable para
mí, en donde formé mi hogar; y al pueblo del valle de Tambo, donde hice muy
buenos amigos”. Herrera también fue miembro de la Compañía de Bomberos N° 1 de
Mollendo.
El 6 de mayo de 1960 es nombrado
alcalde de Mollendo, en remplazo de don Ernesto Velásquez Zegarra, ejerció el
cargo hasta el 26 de junio de 1961. Velarde Herrera logra formar una vasta
biblioteca de historia y cultura en general que donó a la Biblioteca Municipal
de Mollendo.
Al jubilarse de médico del
Hospital de Mollendo decide radicar en la ciudad de Lima; sin embargo, visitaba
asiduamente el puerto, el 6 de enero de 1885 volvió con una colección de libros
para donarlos a la biblioteca municipal, acto que se realizado en la sesión
solemne del aniversario de Mollendo.
Velarde Herrera Falleció el 23 de
enero de 1994 a la edad de 94 años, sus restos fueron sepultados en el mausoleo
de la familia en el cementerio de Mollendo.
TRANSCRIPCIÓN
LA MASONERÍA EN MOLLENDO
Apuntes
históricos del R: H: Francisco Velarde Herrera, P:. V:. M:. de las RR:. LL:.
“Fénix, Paz y Trabajo” N° 21 y “Ricardo Palma” N° 22.
Antes, algo sobre Mollendo en sí.
Poco más de un siglo atrás, trabajadores del ferrocarril, extranjeros y de la
región, con materiales de madera, empezaron la construcción de este puerto para
proveerlo de locales necesarios para servicios indispensables: agencias de
aduana, hoteles, comercios, autoridades, la iglesia parroquial, el hospital San
Juan de Dios, la Beneficencia Pública, la compañía de bomberos, instituciones
sociales, deportivas, educacionales, culturales y gremiales.
Hermanos masones levantaron las
columnas de la primera logia simbólica bajo el nombre de “Paz y Trabajo”,
significativa expresión, ayer y hoy, del espíritu característico de Mollendo.
Los hermanos peruanos y extranjeros empeñosamente trabajaron unidos bajo los
postulados de libertad, igualdad y fraternidad, aportando valiosos
conocimientos y dedicados esfuerzos por el surgimiento de la ciudad.
Una nefasta noche de 1892,
celebrando los hermanos, con asistencia de profanos, una tenida fúnebre en
homenaje a un hermano fallecido, se vieron violentamente arrojados de su Templo
por los gritos, imprecaciones y golpes de una turba de salvajes embriagados de
alcohol y fanatismo, que sorpresivamente irrumpió en el local, para luego
destrozarlo, arrastrando muebles y enceres a la plaza pública para quemarlos,
cual estúpida parodia de la fenecida Inquisición.
Y aquí la anécdota. Cuéntase que
el autor intelectual e instigador del vil atropello fue nada menos que el tata
cura Juan B. Arenas, párroco de la localidad, cuyo mérito estriba en haber
logrado la construcción de la iglesia parroquial, por largo tiempo la obra
ornamental mejor de Mollendo. De el escribió un Director General de los
Paulistas en gira por Sud América: “Mollendo, pequeño puerto en el sur del
Perú, la fealdad de su párroco siendo la nota saltante”.
Creyéndose en su intemperancia y
fanatismo, émulo de Torquemada y demás inquisidores, el cura Arenas dedicóse a
tramar para erradicar por el fuego a los demonios de masones de Mollendo. Con
amenazas del infierno y generosas libaciones de aguardiente, fue cultivando
poco a poco, para cómplices suyos; la credulidad del sacristán y unos cuantos
palurdos. En ocasión propicia y dirigiendo la operación el mismo desde
estratégico puesto bien disimulado por el pobre alumbrado de faroles del
Mollendo de antaño, ordenó a sus bien catequizados adeptos procedieran al
asalto.
Consumado el atentado,
regocijábase el cura Arenas en solapadas carcajadas, cuando uno de los
asaltantes le trajo una imagen de cristo crucificado, diciéndole:
“Mira Tata, lo que hemos
encontrado entre las cosas de los masones. ¿Qué hacer? ¿Cómo desmentir los
argumentos antes empleados?, qué pensarían el sacristán, y compinches. No
titubeo por mucho tiempo y rápido dijo: ¡Al fuego con El, caray!, también El es
masón”//
Y el pobre Santo Cristo,
totalmente ajeno a la trifulca, fue a parar a la hoguera, dicen, sonriéndole al
Tata cura. ¿Por qué sonreiría el Santo Cristo? ¿No sería porque, después de
todo, el curita habría acertado en la verdad?.
La indignación de la gente
consiente de Mollendo se vio frustrada por la indiferencia de las autoridades y
la prepotencia de la curia de entonces. La Corte Superior de Arequipa ordenó se
abriera proceso criminal contra los masones por el escándalo habido.
Naturalmente, este desastre
abatió las columnas de la Logia y el ánimo de los hermanos, dejando a la
masonería mollendina en sueños por 24 años hasta que en 1916, se presentan
algunas perspectivas para su resurgimiento materializándose el 13 de marzo de
1918 en un triángulo y finalmente en la autorización de la Gran Logia para la
instalación de la Logia “Fenix, Paz y Trabajo” N° 21 que se llevó a cabo con
toda solemnidad bajo el mallete del R:. H:. Manuel Perea Rosas, enviado
especial y delegado del gran Maestre, el 24 de agosto de 1919, en el Templo de
la Calle Melgar N° 32, altos, su primer cuadro lógico presidido por el
venerable maestro R:. H:. Emilio Bonett.
Los trabajos prosiguieron con
toda regularidad en la Logia hasta 1935 cuando la agitación política de la
época trascendió al sagrado recinto del Taller motivando disidencias entre los
hermanos que terminaron en el abatimiento otra vez de las columnas de la Logia.
Poco tiempo después el hermano
Ernesto Abril de Vivero viajó a Lima para regresar luego con la comisión de
levantar columnas de una nueva Logia bajo el nombre de “Ricardo Palma” N° 22.
Sin mayores preámbulos fue otorgada la respectiva carta constitutiva, empezando
con entusiasmo y dedicación, una etapa de trabajos masónicos que duró varios
años bajo la dirección de los venerables maestros: Ernesto Abril de Vivero,
Domingo Rosas Cavenencia, Hernan Zuzunaga y Francisco Velarde Herrera.
Lamentablemente por desahucio, la
Logia tuvo que abandonar el local en la calle comercio, propiedad de la
Administración del Agua Potable, frente al Consejo Municipal. Pese a las
gestiones de algunos hermanos, no se pudo conseguir otro local. La indiferencia
y la carencia de cumplimiento de asistencia y cotización, factores
preponderantes en el fracaso de las instituciones, campearon, además, en la
masonería mollendina, contribuyendo considerablemente a que la Logia abatiera
columnas.
Algunos hermanos se esfuerzan por
años para el resurgimiento de la masonería mollendina, hasta que el 23 de
setiembre de 1970 el Gran Maestre, M:. R:. H:. Luis E. Heysen, decreta la
formación del Triángulo del Valle de Mollendo, para luego el 10 de mayo de 1971
decretar la entrega de la antigua Carta Constitutiva para restaurar las
columnas de la R:. L:. S:. “Fenix, Paz y Trabajo” N° 21, respectivamente bajo
la presidencia y el Veneralato [sic] del R:. H:. M:. Francisco Velarde Herrera,
a quien siguen en la silla del Rey Salomón los RR:. HH:. José Domingo Herrera y
José Delgado Del Carpio.
Arequipa y Mollendo, a través de
su historia, han sido dos pueblos muy unidos. Nombres destacados en el trabajo,
el deporte y la sociedad han tenido su origen en uno para afincarse en el otro,
y// viceversa. En masonería también, los hermanos Guillermo Rubatto, Francisco
R. Méndez, Hernán Zuzunaga, Antonio Rodríguez y Cesar Guerrero de “Fénix, Paz y
Trabajo” N° 21 de Mollendo, el 01 de junio de 1922, con la autorización de la
Gran Logia del Perú, levantan columnas en Arequipa, liberada ya del fanatismo y
del clericalismo, de su primera Logia simbólica “Luz y Libertad” N° 32 con el
R:. H:. Napoleón Lockett como Venerable Maestro.
De ahí al efecto y el apoyo que
la masonería arequipeña brinda en todo momento, de prosperidad o de crisis, a
la masonería mollendina, que así siente su fe grandemente fortalecida por la
simpatía y el aliento de la buena compañía y el valioso respaldo de la
fraternidad.
Mollendo, 15 de junio
de 1974.
