jueves, 19 de marzo de 2026

EL PUERTO DE ISLAY EN LOS TRAZOS DE RUGENDAS

 

EL PUERTO DE ISLAY EN LOS TRAZOS DE RUGENDAS

Percy Eguiluz Menéndez

En 1975 el editor Carlos Milla Batres publicó, por encargo de la embajada de Alemania en nuestro país, el libro “El Perú romántico del siglo XIX” que contiene la obra peruana de Johann Moritz Rugendas, conocido como Mauricio Rugendas. Milla Batres conservaba en fotografías de alta resolución las series completas de los dibujos de Rugendas ubicados en los archivos estatales de Augsburgo y Munich; como también, casi todas las pinturas de los coleccionistas peruanos. De todo el corpus del trabajo de Rugendas, nos interesa los que realizó sobre el puerto de Islay, se tiene registro de tres dibujos a lápiz y un óleo, elaborados el 4 de diciembre 1842, así se lee al margen en los mismos dibujos, fecha que posiblemente visitó “el puerto de la Arequipa Republicana”. 

MAURICIO RUGENDAS

Johann Moritz Rugendas, nace en Augsburgo (Alemania) el 29 de marzo de 1802 y muere a los 56 años en Weilheim (Wurtemburgo). Luego de estudiar en su ciudad natal, pasa a la Academia de Bellas Artes de Múnich como discípulo de Albrecht Adam y Lorenz Quaglio. En 1821 muy joven viaja a Brasil incorporado en la expedición científica del Barón de Langsdorf y posteriormente al Perú ruta estrecho de Magallanes pasando por Valparaíso de donde partió en noviembre de 1842. Según Milla Batres “Durante la travesía marítima, Juan Mauricio traza parte de la desolada geografía costeña al recoger en verdadera Coup d´oeil (vista rápida) varios lugares del litoral, como los apuntes a lápiz de los puertos de Iquique, Arica, Islay y Pisco.” (Batres, 1975, 18)     

Debemos indicar que Rugendas fue un artista curioso, honesto y un gran documentalista a través de sus excelentes dibujos a pluma y a lápiz, porque desde que pisó tierras brasileras, lo impresionó la naturaleza exótica y bella de este país, razón por la que tiene cinco ediciones de ilustraciones de dibujos alusivos.

EL PUERTO DE ISLAY

El surgimiento y progreso de un puerto tiene que ver principalmente con el auge comercial que promueve, tanto en ingreso de mercancías, como en exportación de las mismas. En cierto modo las actividades portuarias, aduaneras y comerciales son las que explican la presencia de la población que radica en un puerto, así como los establecimientos y construcciones   que demanda la vida social urbana, esto no es una cuestión de principio que explica como el puerto a partir de las actividades específicamente comerciales facilita la presencia de un centro urbano importante vecino a él. Esta sencilla   observación puede captarse en: Paita, el Callao, Arica e Iquique. Curiosamente en la caleta de Quilca no se logró un gran desarrollo urbano por lo abrupto de su relieve, y lo escarpado de su pendiente hacia el mar siendo sin embargo una caleta muy vistosa.

En el periódico El Republicano, del sábado 24 de febrero de 1827 anunció que: “Este nuevo puerto (Islay), del que tantas veces se ha manifestado su importancia y las incalculables ventajas que de él resultan a este departamento, se halla en un estado de adelantamiento tal que el Gobierno ofrece abrirlo en el mes de mayo próximo, de cuya dirección está encargado don Gregorio Maldonado”, Lo que revela que el puerto no se fundó en 1826  o 1830 como afirmaron Jorge Basadre y Mateo Paz Soldán, respectivamente.

La fundación del puerto de Islay fue el 30 de agosto de 1827 como apuntó el naturalista Antonio Raimondi, esto se puede verificar con la nota informativa de El Republicano en la edición del 28 de julio de 1827: “El 30 del próximo mes de agosto se abre el puerto de Islay y se cierra el de Quilca, para lo que se han dado las órdenes correspondientes”. Otra fuente importante para corroborar la fecha de fundación de Islay nos presenta Víctor Condori, es el Calendario y Guía de Forasteros de la República Peruana, en su relación de Capitanías de Puerto de 1826, no aparece Islay, mas sí el puerto de Quilca, cuyo capitán era Alejandro Gonzales; pero en la guía del año siguiente (1827), desaparece del registro Quilca, para ser reemplazado por el nuevo puerto de Islay, cuyo teniente administrador fue Marcos Riglos.

En el puerto de Islay se construyeron edificios públicos como: un templo donde funciono una viceparroquia creada por el Obispo Goyeneche, un consulado Ingles y una Oficina de Aduana cuya referencia encontramos en la crónica de viaje de Flora Tristán y otros viajeros que ingresaron al Perú por este puerto; un mercado de abastos, casa de correo, subprefectura, escuelas primarias, un hotel, puestos de vigías, garita, guadua del muelle, el muelle y el cementerio; además de edificios privados, como se puede ver: en el Plano elaborado por Mateo Paz Soldán en 1862, que nos da una imagen de un asentamiento urbano ordenado.

EL PUERTO DE ISLAY EN LOS TRAZOS DE RUGENDAS

Es importante tomar en cuenta la información que nos proporcionan los viajeros que visitaron el puerto de Islay, cuyas observaciones nos revelan que en el pasado los puertos y las poblaciones urbanas aledañas constituían un conjunto histórico-social significativo como puede apreciase en el nuevo y viejo mundo; sus descripciones, a decir del doctor Eusebio Quiroz, es esencialmente “un testimonio histórico, valioso y significativo […] que el viajero ha visto u oído, y si se logra cotejar con otros se puede hacerse interesantes comparaciones acerca de cómo fueron los hechos y situaciones del pasado” (Quiroz, 1999, 7).

El testimonio de los viajeros es fundamental para trazar la historia de Islay, aunque subjetivo por los comentarios, a veces despectivos sobre el estado de los caminos y medios de trasporte hacia Arequipa, a pesar de ello nos proveen de información valiosa sobre lo que vieron en el lugar, el estado del puerto, las costumbres de la población, etc.    Especialmente interesante son los dibujos de Johann Moritz Rugendas o Mauricio Rugendas, quien durante el viaje al puerto del Callao (Lima) hizo escala el puerto de Islay donde, como afirmamos anteriormente, arribó el 04 de diciembre de 1842 y realizó los tres dibujos y un óleo de este puerto. La fecha la verificamos en los mismos dibujos pues Rugendas tuvo en cuidado de anotarlo al margen de los mismos.

El primer dibujo con anotaciones explicativas en alemán, Milla Batres se le asignó el código LAM. 4 puerto de Islay. Elaborado a  Lápiz con medidas de 19.5 x 33.5 cm. En la anotación de Rugendas se lee “Pto. Islay. Dec. 4 de 1842” M.- n/i 16726.  donde se ve a la goleta “La Libertad” meciéndose en su ensenada.

El segundo dibujo, Milla Batres se le asignó el código LAM 5 “Visita de Islay”. También elaborado a lápiz con medidas originales de 23.2 x 33.5 cm. En la anotación hecha por Rugendas se lee “desembarcadero de Islay”. Dec. 4 de 1842. M.- n/i 16875. En este se aprecia en primer plano el muelle de Islay con una chapula acercándose y otra en el mismo muelle haciendo descarga, se aprecia el camino que dirige hacia el edificio de la  aduana y al pueblo de Islay, en la cima se aprecia la que debe ser el consulado ingles con la bandera flameando y algunas otras casas. Es te dibujo es muy parecido al grabado que años después publicó Paz Soldan.

El tercer dibujo Milla Batres se le asignó el código LAM 118.- Puerto de Islay. Rugendas hizo la siguiente anotación “Pto de Yslay Dec. 4 de 1842” M.- n/i 16876. Se aprecia la bahía de Islay con dos mujeres mirando el océano.

El cuarto es un óleo sobre tela, con medidas de  34 x 44,5 cm. “Puerto de Islay M. Rugendas. Lima 1843”, al que se le asignó el código LAM 119. Pertenece a la colección de Fernando Berkemeyaer y conservado en Washintong D.C. Estos paisajes marinos llenos de calma y soledad, según Milla Batres Rugendas repite asi los pasos del inglés George Smith, quien seis años atrás habría dibujado esos tres lugares de nuestra costa. Incluso hace el bosquejo del titulado “Camino a Arequipa” (M. n/i 16722).       

LOS TRAZOS DE RUGENDAS

LAM. 4 puerto de Islay

 


 

LAM 5 “Visita de Islay”.



LAM 118.- Puerto de Islay.


LAM 119, óleo sobre tela, “Puerto de Islay M. Rugendas. Lima 1843”



Bibliografía

QUIROZ PAZ SOLDAN, Eusebio. El Puerto de Islay Visto por los viajeros. EN: Bodas de Oro del Circulo Mollendo (revista). Arequipa agosto 1999. Pág. 7.  

RUGENDAS, Juan Mauricio. El Perú romántico del siglo XIX. Ed. Carlos Milla Batres. Lima 1975.

sábado, 10 de enero de 2026

UN ARTÍCULO SOBRE LA MASONERÍA EN EL PUERTO BRAVO - MOLLENDO

 


Las primeras logias masónicas en el Perú surgieron durante la época de la independencia, bajo la jurisdicción del Gran Oriente Nacional de Colombia y se extendieron desde Lima, capital de la república, hacia el interior, principalmente en lugares con población cosmopolita como los puertos de la costa peruana. Tras la disolución de la Gran Colombia las incipientes logias del país consideraron necesario formar un gobierno masónico independiente, adoptando el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, así se funda a mediados del siglo XIX la Gran Logia del Perú, consolidando la organización masónica nacional.

El Ministerio de Cultura del Perú declaró en 2025 como Patrimonio Cultural de la Nación los documentos sobre logias masónicas del período 1862–1923, que incluyen registros de logias en distintas ciudades, entre ellas Mollendo.

LA MASONERÍA EN MOLLENDO

Entre los mecanografiados y manuscritos del notable historiador arequipeño Artemio Peraltilla Díaz, encontré un artículo inédito y mecanografiado del médico e historiador Francisco Velarde Herrera titulado “La masonería en Mollendo”.

El texto de Francisco Velarde Herrera redactado el 15 de junio de 1974 expresa un sentido a memoria, a diario o vivencia personal más que un estudio sobre la historia de la masonería en el “Puerto Bravo”. Deducimos del mecanografiado que Velarde Herrera establece cuatro momentos históricos de la masonería en Mollendo: la inicial con la fundación de la Logia Masónica “Paz y trabajo” posiblemente antes de 1892 porque Velarde incluye en dicho año una anécdota, que no hemos corroborado su veracidad y donde involucra al recordado sacerdote Juan B. Arenas “El tata Arenas” esta se refiere al funeral de uno de los hermanos y de pronto “se vieron violentamente arrojados de su Templo por los gritos, imprecaciones y golpes de una turba de salvajes embriagados de alcohol y fanatismo, que sorpresivamente irrumpió en el local, para luego destrozarlo, arrastrando muebles y enceres a la plaza pública para quemarlos, cual estúpida parodia de la fenecida Inquisición […] Cuéntase que el autor intelectual e instigador del vil atropello fue nada menos que el tata cura Juan B. Arenas, párroco de la localidad […] dedicóse a tramar para erradicar por el fuego a los demonios de masones de Mollendo. Con amenazas del infierno y generosas libaciones de aguardiente, fue cultivando poco a poco, para cómplices suyos; la credulidad del sacristán y unos cuantos palurdos. En ocasión propicia y dirigiendo la operación el mismo desde estratégico puesto bien disimulado por el pobre alumbrado de faroles del Mollendo de antaño, ordenó a sus bien catequizados adeptos procedieran al asalto. Consumado el atentado, regocijábase el cura Arenas en solapadas carcajadas, cuando uno de los asaltantes le trajo una imagen de cristo crucificado, diciéndole:  “Mira Tata, lo que hemos encontrado entre las cosas de los masones. ¿Qué hacer? ¿Cómo desmentir los argumentos antes empleados?, qué pensarían el sacristán, y compinches. No titubeo por mucho tiempo y rápido dijo: ¡Al fuego con El, caray!, también El es masón”.

El segundo momento corresponde a la fundación de la Logia “Fénix, Paz y Trabajo N° 21” el 13 de marzo de 1918; su instalación se llevó a cabo con toda solemnidad bajo el mallete del R:. H:. Manuel Perea Rosas, enviado especial y delegado del gran Maestre. Para el 24 de agosto de 1919 Velarde Herrera menciona que el Templo se ubicaba en la Calle Melgar N° 32, altos, y su primer cuadro lógico presidido por el venerable maestro R:. H:. Emilio Bonett.  Esta logia existió posiblemente hasta 1935; según Velarde Herrera porque la “agitación política de la época trascendió al sagrado recinto del Taller motivando disidencias entre los hermanos que terminaron en el abatimiento otra vez de las columnas de la Logia”.

El tercer momento de la historia de la masonería en Mollendo inicia con las gestiones de Ernesto Abril de Vivero. Quien según Velarde,  viajó a Lima para regresar luego con la comisión de levantar columnas de una nueva Logia bajo el nombre de “Ricardo Palma” N° 22. Sin mayores preámbulos fue otorgada la respectiva carta constitutiva, empezando con entusiasmo y dedicación, una etapa de trabajos masónicos que duró varios años bajo la dirección de los venerables maestros: Ernesto Abril de Vivero, Domingo Rosas Cavenencia, Hernan Zuzunaga y Francisco Velarde Herrera”. Finalmente, Velarde acota que “Lamentablemente por desahucio, la Logia tuvo que abandonar el local en la calle comercio, propiedad de la Administración del Agua Potable, frente al Consejo Municipal” lo que ocasionó la desaparición de esta en el puerto bravo.

Un cuarto momento de la historia de la masonería en Mollendo se inicia el 23 de setiembre de 1970 con el Gran Maestre, M:. R:. H:. Luis E. Heysen, quien decreta la formación del Triángulo del Valle de Mollendo, para luego el 10 de mayo de 1971 decretar la entrega de la antigua Carta Constitutiva para restaurar las columnas de la R:. L:. S:. “Fenix, Paz y Trabajo” N° 21, respectivamente bajo la presidencia y el Veneralato [sic] del R:. H:. M:. Francisco Velarde Herrera, a quien siguen en la silla del Rey Salomón los RR:. HH:. José Domingo Herrera y José Delgado Del Carpio.

Publicamos en edición facsimilar este documento inédito, para conocimiento de la historia social de Mollendo.

FRANCISCO VELARDE HERRERA

Mateo Francisco Velarde Herrera nació en el distrito de Miraflores, Arequipa, el 19 de setiembre de 1989, fueron sus padres don Timoteo Velarde y María Herrera. Realizó sus estudios primarios en la escuela del profesor Ballón en su natal Miraflores; los estudios secundarios en el Colegio Nacional de la Independencia Americana, la culminarlos viaja a Lima para estudiar medicina, pero obtiene una beca para seguir esta carrera profesional en España. En 1924 viaja a Paris para seguir estudios de postgrado en la universidad de la Sorbona, graduándose con una tesis sobre la microbiología y la salud pública.

En 1917 regresa al Perú para desempeñar su profesión y contrae matrimonio con la dama mollendina María Dorich Torres, nieta del comerciante español y uno de los fundadores de Mollendo Alejandro Dorich Recasens. Los padres de María Dorich fueron Luis Dorich también comerciante y Manuela Torres fundadora del antiguo asilo de ancianos del puerto bravo.  El matrimonio Velarde - Dorich tuvo una sola hija a la que nombraron Ruth.

En 1925 el doctor Velarde ingresa a trabajar en el antiguo hospital El Carmen de Mollendo ejerciendo hasta su jubilación. También laboró libremente en su consultorio de la calle Arica N° 418, donde también fue su residencia. 

Velarde Herrera, miembro del Círculo Cultural Carlos Baca Flor, publicó artículos en la revista de esta institución sobre el pasado de la provincia de Islay; sin embargo, su obra más importante es su libro “Crónicas de Islay y Mollendo”, publicada en 1986 por la Marina de Guerra del Perú. La dedicatoria de este libro resume el cariño que este autor tuvo por el puerto bravo “Al pueblo de Mollendo tan entrañable para mí, en donde formé mi hogar; y al pueblo del valle de Tambo, donde hice muy buenos amigos”. Herrera también fue miembro de la Compañía de Bomberos N° 1 de Mollendo.

El 6 de mayo de 1960 es nombrado alcalde de Mollendo, en remplazo de don Ernesto Velásquez Zegarra, ejerció el cargo hasta el 26 de junio de 1961. Velarde Herrera logra formar una vasta biblioteca de historia y cultura en general que donó a la Biblioteca Municipal de Mollendo.

Al jubilarse de médico del Hospital de Mollendo decide radicar en la ciudad de Lima; sin embargo, visitaba asiduamente el puerto, el 6 de enero de 1885 volvió con una colección de libros para donarlos a la biblioteca municipal, acto que se realizado en la sesión solemne del aniversario de Mollendo.

Velarde Herrera Falleció el 23 de enero de 1994 a la edad de 94 años, sus restos fueron sepultados en el mausoleo de la familia en el cementerio de Mollendo.

TRANSCRIPCIÓN

LA MASONERÍA EN MOLLENDO

Apuntes históricos del R: H: Francisco Velarde Herrera, P:. V:. M:. de las RR:. LL:. “Fénix, Paz y Trabajo” N° 21 y “Ricardo Palma” N° 22.

Antes, algo sobre Mollendo en sí. Poco más de un siglo atrás, trabajadores del ferrocarril, extranjeros y de la región, con materiales de madera, empezaron la construcción de este puerto para proveerlo de locales necesarios para servicios indispensables: agencias de aduana, hoteles, comercios, autoridades, la iglesia parroquial, el hospital San Juan de Dios, la Beneficencia Pública, la compañía de bomberos, instituciones sociales, deportivas, educacionales, culturales y gremiales.

Hermanos masones levantaron las columnas de la primera logia simbólica bajo el nombre de “Paz y Trabajo”, significativa expresión, ayer y hoy, del espíritu característico de Mollendo. Los hermanos peruanos y extranjeros empeñosamente trabajaron unidos bajo los postulados de libertad, igualdad y fraternidad, aportando valiosos conocimientos y dedicados esfuerzos por el surgimiento de la ciudad.

Una nefasta noche de 1892, celebrando los hermanos, con asistencia de profanos, una tenida fúnebre en homenaje a un hermano fallecido, se vieron violentamente arrojados de su Templo por los gritos, imprecaciones y golpes de una turba de salvajes embriagados de alcohol y fanatismo, que sorpresivamente irrumpió en el local, para luego destrozarlo, arrastrando muebles y enceres a la plaza pública para quemarlos, cual estúpida parodia de la fenecida Inquisición.

Y aquí la anécdota. Cuéntase que el autor intelectual e instigador del vil atropello fue nada menos que el tata cura Juan B. Arenas, párroco de la localidad, cuyo mérito estriba en haber logrado la construcción de la iglesia parroquial, por largo tiempo la obra ornamental mejor de Mollendo. De el escribió un Director General de los Paulistas en gira por Sud América: “Mollendo, pequeño puerto en el sur del Perú, la fealdad de su párroco siendo la nota saltante”.

Creyéndose en su intemperancia y fanatismo, émulo de Torquemada y demás inquisidores, el cura Arenas dedicóse a tramar para erradicar por el fuego a los demonios de masones de Mollendo. Con amenazas del infierno y generosas libaciones de aguardiente, fue cultivando poco a poco, para cómplices suyos; la credulidad del sacristán y unos cuantos palurdos. En ocasión propicia y dirigiendo la operación el mismo desde estratégico puesto bien disimulado por el pobre alumbrado de faroles del Mollendo de antaño, ordenó a sus bien catequizados adeptos procedieran al asalto.

Consumado el atentado, regocijábase el cura Arenas en solapadas carcajadas, cuando uno de los asaltantes le trajo una imagen de cristo crucificado, diciéndole:

“Mira Tata, lo que hemos encontrado entre las cosas de los masones. ¿Qué hacer? ¿Cómo desmentir los argumentos antes empleados?, qué pensarían el sacristán, y compinches. No titubeo por mucho tiempo y rápido dijo: ¡Al fuego con El, caray!, también El es masón”//

Y el pobre Santo Cristo, totalmente ajeno a la trifulca, fue a parar a la hoguera, dicen, sonriéndole al Tata cura. ¿Por qué sonreiría el Santo Cristo? ¿No sería porque, después de todo, el curita habría acertado en la verdad?.

La indignación de la gente consiente de Mollendo se vio frustrada por la indiferencia de las autoridades y la prepotencia de la curia de entonces. La Corte Superior de Arequipa ordenó se abriera proceso criminal contra los masones por el escándalo habido.    

Naturalmente, este desastre abatió las columnas de la Logia y el ánimo de los hermanos, dejando a la masonería mollendina en sueños por 24 años hasta que en 1916, se presentan algunas perspectivas para su resurgimiento materializándose el 13 de marzo de 1918 en un triángulo y finalmente en la autorización de la Gran Logia para la instalación de la Logia “Fenix, Paz y Trabajo” N° 21 que se llevó a cabo con toda solemnidad bajo el mallete del R:. H:. Manuel Perea Rosas, enviado especial y delegado del gran Maestre, el 24 de agosto de 1919, en el Templo de la Calle Melgar N° 32, altos, su primer cuadro lógico presidido por el venerable maestro R:. H:. Emilio Bonett.

Los trabajos prosiguieron con toda regularidad en la Logia hasta 1935 cuando la agitación política de la época trascendió al sagrado recinto del Taller motivando disidencias entre los hermanos que terminaron en el abatimiento otra vez de las columnas de la Logia.

Poco tiempo después el hermano Ernesto Abril de Vivero viajó a Lima para regresar luego con la comisión de levantar columnas de una nueva Logia bajo el nombre de “Ricardo Palma” N° 22. Sin mayores preámbulos fue otorgada la respectiva carta constitutiva, empezando con entusiasmo y dedicación, una etapa de trabajos masónicos que duró varios años bajo la dirección de los venerables maestros: Ernesto Abril de Vivero, Domingo Rosas Cavenencia, Hernan Zuzunaga y Francisco Velarde Herrera.

Lamentablemente por desahucio, la Logia tuvo que abandonar el local en la calle comercio, propiedad de la Administración del Agua Potable, frente al Consejo Municipal. Pese a las gestiones de algunos hermanos, no se pudo conseguir otro local. La indiferencia y la carencia de cumplimiento de asistencia y cotización, factores preponderantes en el fracaso de las instituciones, campearon, además, en la masonería mollendina, contribuyendo considerablemente a que la Logia abatiera columnas.

Algunos hermanos se esfuerzan por años para el resurgimiento de la masonería mollendina, hasta que el 23 de setiembre de 1970 el Gran Maestre, M:. R:. H:. Luis E. Heysen, decreta la formación del Triángulo del Valle de Mollendo, para luego el 10 de mayo de 1971 decretar la entrega de la antigua Carta Constitutiva para restaurar las columnas de la R:. L:. S:. “Fenix, Paz y Trabajo” N° 21, respectivamente bajo la presidencia y el Veneralato [sic] del R:. H:. M:. Francisco Velarde Herrera, a quien siguen en la silla del Rey Salomón los RR:. HH:. José Domingo Herrera y José Delgado Del Carpio.

Arequipa y Mollendo, a través de su historia, han sido dos pueblos muy unidos. Nombres destacados en el trabajo, el deporte y la sociedad han tenido su origen en uno para afincarse en el otro, y// viceversa. En masonería también, los hermanos Guillermo Rubatto, Francisco R. Méndez, Hernán Zuzunaga, Antonio Rodríguez y Cesar Guerrero de “Fénix, Paz y Trabajo” N° 21 de Mollendo, el 01 de junio de 1922, con la autorización de la Gran Logia del Perú, levantan columnas en Arequipa, liberada ya del fanatismo y del clericalismo, de su primera Logia simbólica “Luz y Libertad” N° 32 con el R:. H:. Napoleón Lockett como Venerable Maestro.

De ahí al efecto y el apoyo que la masonería arequipeña brinda en todo momento, de prosperidad o de crisis, a la masonería mollendina, que así siente su fe grandemente fortalecida por la simpatía y el aliento de la buena compañía y el valioso respaldo de la fraternidad.

Mollendo, 15 de junio de 1974.