viernes, 24 de diciembre de 2021

UNA NAVIDAD DE ANTAÑO EN PUNTA DE BOMBÓN

 

NACIMIENTO EN LA IGLESIA DE PUNTA DE BOMBÓN

El inicio de la tradición de armar un pesebre se remonta a la acción de San Francisco de Asís cuando decidió crear una representación del nacimiento de Jesús en la Navidad de 1223. San Francisco se encontraba en el pueblo de Greccio, Italia; estaba muy enfermo y pensando que tal vez aquella sería su última Navidad en la tierra, quiso celebrarla de una manera distinta y muy especial. Por ello en la misa por la festividad realizó un nacimiento con la participación de los pobladores y de los animales. Desde entonces esta tradición se extendió por todo el mundo y con mucho aporte cultural de cada lugar.

Carlos Villamonte nos recuerda una navidad de antaño para la revista La Punta “No sé si cuando estas líneas sean leídas, podrán recordar lo hermoso  que para nuestra niñez eran los nacimientos, engalanados con todo lo que teníamos a la mano; afortunados aquellos que tenían las imágenes completas, todas de yeso, hechas en Arequipa y otras importadas como las que poseía el señor Manuel Arispe Landa, dueño de la hacienda El Pino, cuyo nacimiento  era el más grande del pueblo y  se armaba en el salón principal de su hermosa casona de dos pisos y balcón. Daba mucha alegría al desempacar las cajas donde se guardaban las imágenes de la sagrada familia, primero se sacaba al niñito, la virgen María, San José, y los reyes magos; pero, surgía una tristeza si alguna de las imágenes estaba rota, entonces inmediato se acudía donde don Manuel López, carpintero, porque con un poco de cola sintética resolvía la congoja”.

Para adornar el nacimiento días antes se sembraba trigo en latas vacías de leche “Gloria” y se recogía todo el “Saguayuyo” (algas de río) que se podía de las acequias, para hacerlo secar y colocarlo sobre el papel “mache” o periódicos, que junto a las latitas de trigo adornaban en verde el pesebre del niño “Manuelito” (de Emmanuel, del antiguo testamento, que significa Dios entre nosotros) como se antiguamente popularmente se denominaba al niño Jesús. 



Los cantos navideños (no se conocían como villancicos) eran entonados por las “pandillas”, hermosos canticos que muchos se han perdido en las memorias de las generaciones y otros se rescatado como el “Huachi – huachi – torito – torito del corralito” en referencia al buey del establo donde nació Jesús, el animal que le calor en aquella noche estrellada.

Las “pandillas” entonaban sus canciones desde las 6 de la tarde, primero en la iglesia, cuyo nacimiento antiguo aún se conserva, luego en la casa de don Mariano Velarde de la calle Bolívar, se seguía en la casa de la señora Natividad Llosa de Olazabal, mamá del recordado profesor Ernesto de Olazabal, en la calle San Martin y se terminaba en la casona del señor Manuel Arispe Landa “porque allí se repartía buena chancaca” recuerda Carlos Villamonte   además se convidaba turrones o buñuelos, de allí el antigua copla navideña “niño Manuelito que quieres comer/ buñuelitos fritos bañados en miel…”

Para la noche buena las comidas tradicionales eran tortillas de lacayote o de camarón con ensaladas de bledo y licccha o papa sancochada, además de los mencionados buñuelos  o “turrones” con miel de caña (chancaca). Recuerda Villamonte “y lo más lindo, todos los viajes que tenía que hacer llevando los platitos a casas de los tíos, y de regreso, traía lo que ellos habían cocinado. Nuestras cenas navideñas no conocían pavo, sino lo que la tierra nos da…”

Los regalos que traía el niño Manuelito, no Santa Claus ni Papá Noel” eran adquiridos por los padrinos en las tiendas de los “turcos” o “chinos” que traían maravillas: chumbequitos, muñequitos con sombrillas, tamborcitos, carritos con cuerda, muñecas de caucho y de trapo, etc. Pero no siempre todos tenían regalos, Carlos Villamonte nos recuerda que la Navidad no es entrega de obsequios, sino en amor que se entrega entre los suyos; y recuerda a su madre “ahora te comprendo cuando años atrás al despertar solo encontraba un medio sol en lugar de un juguete, pero apenas se nublaban mis ojos, venias prestas llena de amor, disimulando tu tristeza y nos consolabas con tus palabras, hijos míos tengan en cuenta que la navidad siempre es amor”.


       

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