jueves, 15 de febrero de 2018

UN VIAJE EN TREN

La construcción del ferrocarril de Arequipa a Mollendo hizo que  cambiara la forma de viajar de los tambeños, atrás quedaron los caminos de herradura, mulas y arrieros. Los viejos tambos, que servían de descanso en el viaje, quedaron al olvido. El ferrocarril trajo esperanza al valle de Tambo y también a las haciendas que existían, pues de alguna manera los productos de estas, llegarían rápido a la “ciudad blanca”  y hasta Bolivia; algunos comerciantes (intermediarios) se enriquecieron  con la venta de ají al país del altiplano; pero los viajes eran todo un acontecimiento, viajar a Arequipa u otras ciudades del sur andino era una novedad y espectáculo. Aquí un recuerdo de esos viajes desde el valle de Tambo.       

EL TREN Y EL VIAJERO  

Resultado de imagen para ferrocarril de arequipaEl tren salía de Arequipa a las ocho de la mañana y llegaba al valle de Tambo dos o tres de la tarde, primero a la estación de Cachendo donde las locomotoras enfriaban, luego a la estación de Tambo, cerca a Cocachacra; después a la estación de la Ensenada, donde los punteños esperaban a sus familiares; el tren seguía hasta Mejía donde también se construyo una estación, que en el verano fue muy concurrido; y finalmente Mollendo.     

La llegada del tren a la estación de la Ensenada era motivo de alegría, alli se compraban alfajores, mazos de caña y chancaca, tortillas de camarón, alfeñiques, miel de caña, etc.; el viajero tenía que llevar obligadamente estos productos tambeños a Arequipa, donde arribaba orgulloso después de saborear un chupe de camarones o un plato de locro en Vítor, o de sufrir mareos en Qusihuarani.
El tambeño era un viajero característico, algunos usaban por primera vez terno y zapatos y subían al tren cargados de saquillos de zapallos, camotes, caña, ají, y oros productos.  No faltaron los que perdían el tren en Vitor al demorarse en comer los sabrosos paltos que allí vendían.         

EL VIAJE DESDE LA PUNTA DE BOMBÓN

La estación de la Ensenada era el punto de concentración de los punteños para abordar el tren, pues estaba a 5 km., para llegar a la estación se salía del pueblo de La Punta por el crucero en dirección hacia la curva (por la plaza actual), luego subían el cerro Guardiola hacia la estación.

El 8 de junio de 1906 entro en funcionamiento el ferrocarril de trocha angosta de la hacienda Pampa Blanca, el trazo de este ferrocarril era desde la misma hacienda- Cocachacra- el arenal- y subía a la estación de la Ensenada por el cerro Guardiola; es así que lo punteños aprovecharon las pequeñas locomotoras,  para llegar  a la Ensenada desde Guardiola (La curva). En 1915 los López de Romaña  también construyeron un ferrocarril de trocha angosta paralelo al de Pampa Blanca. Los dos tenían vagones para los viajeros.

UN SUSTO DE VIAJE
Resultado de imagen para biografia de eduardo lopez de romañaEn junio de 1871 la familia López de Romaña decidió viajar a su hacienda, Chucarapi, en el valle de Tambo. En una carta que  escribió doña María Carmen Bustamante y Gamio,  abuela materna de Eduardo López de Romaña, que posteriormente fue presidente de nuestro país, nos describe su experiencia del primer viaje en tren: “Arequipa, setiembre 18 de 1871. Mi amado hijo, mi Eduardo. Aunque sea a última hora por la alteración de la marcha de los vapores, no quiero dejar de saludarte desde esta hacienda a donde llegue hace ocho días sin novedad, aunque después de los grandes sustos que me ocasionó el ferrocarril, en el que creí no me resolvería andar. Puedes imaginarte cumplí antes con todos los deberes del cristianismo, recibiendo el viático y la estrema unción como el que va a dejar el mundo; tal era pues mi terror de viajar por este nuevo sistema, tan diferente del que habíamos empleado antes, en que tan pacíficamente y en tren de caravana, acompañados de campanillas y esquilas; de tiendas de campaña, barriles de agua, alforjas, ollas y cantaros emprendíamos alegremente la marcha; y esto sin contar las jabas y los serones en donde iban los niños. Así se hacía en tres días este pesado camino, cuando hoy se necesitan apenas 5 o 6 horas. En el ferrocarril solo tuvimos uno y fue que, habiendo llovido la noche anterior, y temiendo se hubiese descompuesto en Cahuintala salió una maquina chica de Mollendo a inspeccionarlo, de modo que el tren de Mollendo, con ese retardo, no pudo salir de Tambo hasta la una del dia, cuando debió salir a las 9 de la mañana, resultando que el de Arequipa en que veníamos tuvo que esperar en la joya esas tres o cuatro horas, de modo que en lugar de llegar a la estación de Tambo a las 3 de la tarde, llegamos a las 7 de la noche, haciendo el camino hasta Chucarapi en horas tan incompetentes. Hubieron muchos mariados [mareados], porque en este ferrocarril hay mucho mareo como en el mar…”.

EL FIN DEL FERROCARRIL

La carretera panamericana acabo con este ferrocarril desde mediados del siglo XX, que luego fue desmantelado en 1990. Las estaciones de Huagri, Cachendo, Pocso, Tambo y la Ensenada están deshabitadas y en ruinas, su actividad, solo queda en el recuerdo de los viejos tambeños. 

LOS CAMINOS Y VIAJES A TAMBO Y MOLLENDO

Viajar en estos días al valle de Tambo o Mollendo es tan rápido como conseguir movilidad, a pesar de algunos inconvenientes para abordar a una, por lo demás creo que la situación ha mejorado, digamos desde hace unos veinte o cincuenta años atrás. 

Viajar al valle de Tambo y cruzar el desierto, que comúnmente denominamos “La Pampa de La joya", Cachendo o Islay, me hizo reflexionar sobre los viajes de Arequipa a la costa, siguiendo tortuosos caminos, que me atrevería a decir que son rutas desde tiempos prehispánicos.

LOS CAMINOS PREHISPANICOS LAS MISMAS RUTAS DE HOY

Resultado de imagen para CAMINOS PREHISPANICOS DE AREQUIPAAugusto Cardona en su libro “Caminos prehispánicos de Arequipa” ha ubicado las rutas que utilizaron las comunidades andinas hacia la costa, siguiendo el curso de los ríos; Tambo fue uno de ellos; es así que los Puquinas, una comunidad de las alturas de Moquegua,  comercializaban el guano con los curacas de los pueblos de Chiguata, Pocsi, Ubinas y el valle de Tambo, además de poseer un parcialidad o derechos en las islas de la caleta de Cocotea. Las comunidades de Collagua y Cabanas del valle del Colca tenían parcialidades en Quilca y Aranta, que ha perdurado hasta bien entrado el siglo XX, como lo ha estudiado Juan Huanca en su libro “El circuito del cochayuyo en el siglo XX y la presencia del control del litoral de Islay por el pueblo de Sibayo  - Caylloma”. 

Luego de la conquista hispana varios de los caminos  prehispánicos  fueron abandonos o integrándose de acuerdo al establecimiento de las ciudades. Arequipa se fundó en 1540  y se convirtió en una ciudad de paso la costa hacia el alto Perú y Cusco. El puerto de Chule, ubicado entre Mejía y Mollendo, fue la puerta de entrada y salida a ultramar, el Cabildo de Arequipa acordó en 1556 la construcción de un camino real al puerto de Chule.

Resultado de imagen para CAMINOS PREHISPANICOS DE AREQUIPADel Valle de Tambo hacia Arequipa se subía  la quebrada “Cahuintala” o por la de “Linga”, la primera partía del pueblo de Cocachacra y la otra de El Toro en valle arriba. “Cahuintala” llegaba hasta la estación de Tambo donde se unía con el camino que salía de Islay, Chule  y La ensenada, continuar por la misma hasta  unirse con la quebrada de “Linga”  para luego ascender los cerros de “La Caldera” y descender por la quebrada “Sal si puedes” o de “Las siete vueltas” hasta Congata, Quequeña, Yarabamba, socabaya, y  entrar a la ciudad del Misti por la antigua calle de  “La Mar” hoy La Merced. Este era prácticamente el antiguo camino real que partía de Chule y pasaba por el valle de Tambo.  

Con la creación del puerto de Santa Rosa de Islay en 1827 se empezó a utilizar el camino de herradura de la quebrada de Guerreros hasta la Joya, donde se estableció un Tambo, punto obligado de descanso donde se encontraba alimento, alojamiento y bebidas, además de alfalfa para las bestias, luego  cruzaban el desierto hasta el tambo “La Jara” en las faldas de los cerros de “La Caldera” para unirse al camino que partía del Valle de Tambo.
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LOS VIAJES Y LOS TAMBOS

Resultado de imagen para flora tristanEn 1833 la célebre escritora Flora Tristán,  llego de Francia  para reclamar la herencia de su padre a su tío Pio Tristán, personaje acaudalado e influyente del Perú de inicios de la republica, Flora Tristan  desembarco en el puerto de Islay, y para continuar su viaje a la “ciudad blanca”, partió de Islay la madrugada del 11 de setiembre en una caravana de mulas,  subió por la quebrada de Guerrera, como ella lo anota, a una legua de Islay, y encontró fuentes de agua, arboles y unas cabañas, lo que debieron ser las lomas; cruzo la quebrada con las fatigas ocasionas por el sol y el polvo; al llegar al desierto, la arena quemaba tanto que pregunto si estaban sobre metal fundido, y le impresiono la arena tan caliente que le parecía vidrio fundido. Sus acompañantes le dijeron que era espejismo y que las mulas apuraban su paso porque creen ver agua a la distancia.

Llegada la noche llegaron a un Tambo, que debió ser el de La Joya; la autora nos dice: “que este no existía sino desde hacía un año, y que la casa constaba de tres piezas separadas por divisiones hechas de caña, la primera de las piezas estaba destinada a los arrieros y sus bestias y servía al mismo tiempo de cocina y almacén; y que los viajeros de uno y otros sexo se acostaban por lo general en la pieza del centro…”; Flora Tristán se acostó muy temprano  pero no pudo dormir por las pulgas que encontró, más abundantes que en Islay, además del ruido que hacían en la habitación. Allí escucho a sus acompañantes decir que la señorita Tristán no llegaría viva a Arequipa pues el viaje era infernal, y que lo mejor sería llevarla en una litera.

La Tristán se despertó muy temprano, bebió bastante café y puso en marcha a la caravana, sin embargo el trayecto del tambo hasta la ciudad fue horroroso para ella, porque vio animales muertos, una tumba y al cruzar la quebrada  “La Caldera” el sol fue tan sofocante para ella que la asfixiaba. Por fin después de dos días de viaje llego a Congata, donde se recupero para luego llegar a la casa de su tío en Arequipa.  Flora Tristán describe este viaje  en el capítulo VII, titulado El Desierto, en su libro “Peregrinaciones de una Paria”, así como ella otros viajeros escribieron también su testimonio de la travesía al cruzar el desierto.   

LOS CARNAVALES DE ANTAÑO EN LA PUNTA DE BOMBÓN


“Cháncame cháncame
 Cháncame los huevos
Si no me los chancas quédate con ellos” (bis)

Con este estribillo tan popular, comenzaban los carnavales de antaño, pues se referían a los huevos de gallina que se recolectaba para tirarlos sobre alguien; estos se preparaban con anticipación quitándoles la clara y yema del mismo por un pequeño orificio que luego se llenaban con agua de color, una mezcla con anilina, y cerraban el orificio con cera caliente. Algunos los utilizaban enteros y si eran “loctos” mejor. Esta vieja costumbre  fue remplazada por los globos.

Los huevos tenían que ser inevitablemente de gallina ya que alegres comparsas de mujeres también  recitaban el estribillo mencionado. Luego seguían con otros cantos  no menos jocosos como: 

“De aquel cerro verde
Baja don pascual 
Con pistolas de oro
Y bolas de cristal”.

También se entonaban estribillos alusivos a personajes y lugares ambientados en el valle de Tambo:

"La maquinita de Lira 
 La maquinita de Lira 
Echa humo sin carbón 
Asi están estas cholitas 
Tiran prosa sin calzón”.

Esta copla hace alusión  a Víctor Lira, quien fue dueño de la hacienda Pampa Blanca en ese valle.  

Cuando la temperatura llegaba al “clímax”, y el jolgorio  era tal, se iniciaba una predisposición a intervenir en el juego así no lo quieras. No faltaba alguien más atrevido o atrevida que soltaba un verso  “caliente”, aludiendo al desaire, al amor o al erotismo, como el conocido “putita de verano…” o el el estribillo: 

“Señora vecina
su gallo es malero
 porque a mi pollita
 le ha abierto el agujero”

y otros que por censura no es conveniente mencionar.

Si el carnaval comenzaba en la chacra, ahí no más estaba la acequia  para darle un remojón a la vecina aun esta fuera casada, pues el esposo no se iba a molestar  porque este con entusiasmo haría lo propio con tu hermana o con tu mujer hasta que se formaban las pandillas de antaño, que junto con los cantos se convertía en una contienda entre varones y mujeres, cantando y respondiendo, algunas coplas realmente eran improvisadas al momento, lo que en efecto causaba alegría y risas como: 

“Quisiera ser pajarito
con patitas de algodón
 para posarme en tu pecho
 y sacarte el calzón…”. 

El carnaval que ya comenzó en la chacra seguía con la recordada “chaya” que se pronunciaba cuando se mojaba  a la pareja o se embadurnaba el rostro con una tajada de melón o sandia, que por ser en febrero, abundan estos frutos en las chacras cerca a la playa. Luego avanzaban hacia el pueblo. 
   
Resultado de imagen para carnavales en la punta de bombonLos carnavales duraban tres días con sus noches principalmente, comenzaba el domingo, y terminaba el miércoles de ceniza donde la viuda del “ño carnavalon” llegaba a la orilla del mar  cantando: “Carnavalito, carnavalito/ hasta cuando me vas a tener sollozando. La viuda sigue llorando su mala suerte; y decía tristemente, no sé si te esperare o tal vez no llegare al año entrante”, o “Carnaval porque tan pronto te vas/ porque no te quedas ocho días más”.




Por la década de 1930 en  las noches de carnaval salía disfrazado de mujer don Enrique Guillen, pintando a quien se le cruzara en el camino; un verso de Santiago Almonte Valdivia pinta de lo mejor esta escena:

“Y don Enrique Guillen, era la reina de la jarana
se disfrazaba de gitana, que le quedaba muy bien
taco aguja y sostén, con cartera y sombrero
recorría el pueblo entero entre sonrisas y besos
se ganaba los aplausos de todos los carnavaleros
conformaban la pandilla la “mona” Elsira Carrera
también la Julia Rivera la Fresia y la Julia Ercilia
también había chiquillas como la “loca” Soledad
jugaban con ansiedad mojando a los que pasaban 
pues a nadie respetaban/  ahí no valía la edad”.       

Ahora lo hacen a su manera Carlos Rivera, Udamar Alvarez,  Elena Torres (La Capacha) y Vilma Gómez, que según referencias es quien tiene mayor repertorio de coplas de carnaval, y están publicadas en la web de la Revista La Punta. Ellos nos  divierten mucho en esta fiesta.  Pero “mañana” ¿Quienes cumplirán el rol, de animar las fiestas de carnavales? JULIO VALDIVIA O. y “los cañitas”,  que  hoy han organizado “Las pandillas de carnavales” en Punta de Bombón para cantar y mojar a todos como antes, dicen.

No falto alguna autoridad que por mantener el orden social del pueblo, suprimió bajo mandato de alcaldía los carnavales, para tal hecho se hizo una copla: “Vamos a Mollendo/ allá esta mejor/ no tienen alcalde/ ni gobernador”.

El carnaval es una fiesta social, popular, donde intervienen todos, y creo que van contra todos, me recuerda una copla que resume en conclusión  esta diversión: “aunque nos critiquen/ Nada nos importa /Que en el carnaval /Todo se soporta.”
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miércoles, 11 de octubre de 2017

TRINIDAD PACHECO ANDÍA Y LA HISTORIA DE MEJIA

Entre los libros que adquirí de una vieja biblioteca,  de Edilberto Zegarra Ballón, fundador del diario arequipeño "El Pueblo", encontré un folleto casi olvidado por los años titulado “Historia del balneario de Mejía. Con varias instrucciones saludables para tomar con provecho los baños de mar” (como epígrafe), que escribiera Trinidad Pacheco Andía. Pero ¿Quién es este personaje y porque escribió este pequeño libro?,  vemos a continuación la historia de este opúsculo y su autor.   
      
TRINIDAD PACHECO ANDÍA

TRINIDAD PACHECO ANDÍA
Trinidad Pacheco Andia, nació en 1835 en Arequipa, militar de profesión, a los 20 años ya tenía el grado de Teniente por su actuación en la batalla de La Palma, cuando Ramón Castilla sitió la “ciudad Blanca” en 1855; a los dos años siguientes ascendió a Capitán, grado alcanzado por su desempeño en la batalla de Yumina, bajo
las ordenes del Mariscal San Román; posteriormente fue promovido, por Ramón Castila, a Mayor del Ejercito en merito a su labor en la guerra con el Ecuador;  y por su participación en el combate del 2 de mayo de 1866, se hizo merecedor del grado de Teniente Coronel, y por tal razón, el Congreso de la Republica lo declaro Benemérito a la Patria.

Pacheco Andia no solamente forjó una carrera militar también construyó vida académica e intelectual; en agosto de 1866 fue nombrado profesor de las áreas de: Sicología, Lógica y Moral; de Nociones de Derecho Público Civil Patrio, y de Economía Política en Colegio de la Independencia Americana de Arequipa.  

En 1870 se graduó de Bachiller, Licenciado y Doctor en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de San Agustín con las tesis tituladas “El Gobierno Republicano es el que más conviene a la dignidad del hombre y a la felicidad temporal de las naciones”; y  “Las leyes humanas sin el auxilio de las divinas, no pueden causar ni la felicidad temporal de los pueblos”; y tambien “Los principios de que la soberanía reside en la nación y que el gobierno goza con justo titulo los derechos del patronato nacional que profesa la escuela liberal son conformes a la religión católica”, respectivamente. y en 1884 publico una colección de poesía religiosa.           

El 28 de julio de 1778 Pacheco Andia junto con Ladislao Cabrera Valdez y José Benedicto Montesinos fundaron la Biblioteca Municipal de Arequipa con los 1132 libros que recolectaron entre los vecinos de la ciudad blanca y que en la actualidad forman parte del patrimonio de esta biblioteca. 
      
También Pacheco Andía fue Subprefecto de la provincia de Islay en 1871, cuando Mollendo es declarado puerto y terminal del ferrocarril de Arequipa a la costa, y estableció el despacho del Subprefecto en la naciente villa de Mollendo. Ejerciendo este cargo se empeño en habilitar escuelas en la mencionada provincia. También compro una casa en el pueblo Cocachacra (Valle de Tambo) y la amobló para que funcionara como sede del Consejo  Distrital. Trinidad Pacheco Andia. 

Pacheco Andía falleció a los 80 años, el 10 de setiembre de 1915 en su casa de la calle San Francisco. 

LA HISTORIA DEL BALNEARIO DE MEJÍA

LOS PRIMEROS BAÑOS EN MEJIA
Cuando Trinidad Pacheco Andia ejercía el cargo de Subprefecto de la provincia de Islay, se interesó por dotar en la playa de Mollendo unos “baños”, es decir una especie de campamento (ramadas o cuartos), para el descanso de veraneantes, y se asoció con  amigos arequipeños que encargaron al Gerente del Ferrocarril, Sr. Eduardo Dubois, construir dichos baños, que no los hizo cual indicaciones de Pacheco Andia lo que origino su molestia y protesta contra Dubois.  No obstante le comunicaron que asiduamente  habían personas que frecuentaban las playas de Mejía, al sur de Mollendo, Pacheco, se embarco  a dicho lugar y se se percato que entre los dos promontorios  rocosos conocidos ahora como “Tiro Alto” y “La Isla”, formaban una hermosa playa ideal para los baños que proyectaba en Mollendo.  

Posteriormente Coronel Pacheco se empeño en  formar una población en este lugar; además de haber recibido información de un pescador del lugar (Bernabé Quispis) que algunos vecinos del valle de Tambo y Arequipa se instalaban en esta playa a pasar días de verano. Tan entusiasmado quedo nuestro Coronel, que invito a  su familia, la de su amigo Mariano Villegas y al Canónigo Julián Cáceres a este lugar.

Posteriormente Pacheco Andia mando a realizar un plano de la nueva población que tenían cinco calles  transversales, el malecón, la plaza e iglesia, y otras cinco calles perpendiculares, todas de 10 varas de ancho; luego  en 1872, solicitó aprobación de su proyecto al Prefecto de Arequipa  e iniciar la repartición de lotes y expedir títulos.  Es así como nace el Balneario de Mejía.

EL LIBRO SOBRE LA HISTORIA DE MEJIA   
     
FACSIMIL DEL LIBRO DE PACHECO ANDÍA
La “Historia del Balneario de Mejía. Con varias instrucciones saludables para tomar con provecho los baños de mar” del Coronel de  Artillería del Ejército y Benemérito a la patria en Grado Heroico, don Trinidad Pacheco Andia, fue publicada en  1912 en la ciudad de Arequipa por la tipografía La Bolsa, ubicada en la calle Guañamarca (ahora Rivero) N° 93; el dato de la imprenta es interesante pues aparentemente fue la imprenta del desaparecido diario La Bolsa,  que circulo en Arequipa desde 1860 hasta 1905, lo que revela que la imprenta del diario siguió funcionando, no obstante de haber dejado de circular el mencionado diario.


La “Historia del Balneario de Mejía…”, folleto de formato A5  (22 cm. de lago y 17 de ancho) consta de 37 páginas,  impreso en papel periódico. El texto empieza con un prologo del mismo autor en donde, aparentemente, denuncia que al Estado no le ha interesado pagarle su sueldo, e incluso a cambio, Pacheco Andia,  se comprometía a escribir la historia militar del Perú.   

El folleto contiene varios subtítulos, a saber: Balneario de Mejía; Baño de la empresa; Baño de Mejía; Delineación de la Población;  Conflicto imprevisto; Estación; Pila de la plaza; Iglesia; Santo Patrón de Mejía y su iglesia; Nombres de calles y otros sitios; e, Instrucciones saludables para tomar los baños de mar, con el cual termina el mismo.

Es en realidad la “Historia del Balneario de Mejía…”, las memorias del Coronel Trinidad Pacheco Andia; poniendo en relieve esencialmente su participación en la formación de este balneario; pues narra de forma orgánica, bajo los subtítulos antes mencionados,  la activa y directa participación, valga la redundancia, de Pacheco Andia  en la formación de Mejía, desde su interés por dotar en Mollendo “baños”, el problema que tuvo con el Gerente del Ferrocarril Sr. Dubois;  su impresión de la playa de Mejía, hasta el empeño que tuvo en formar un balneario he dicho lugar.  
      
También escribe los pormenores y trabas que tuvo el Coronel Pacheco Andia en el proceso de formación del balneario; la construcción de la iglesia, y el motivo de poner ala misma bajo la advocación de el Apóstol Santiago. Datos, que me   parecen importantes, es los nombres de las calles y sitios que Pacheco Andia, designo a el Balneario, como calle de las inmundicias, de los fundadores, de la Trinidad (a deducir ¿porque?), de Tambo, y de la Atrasada, etc.

En conclusión, la “Historia del Balneario de Mejía…”   es el testimonio de uno de los fundadores del balneario de Mejía, cuya participación directa, se forjo este pueblo. Se conocen pocos ejemplares de este folleto, aparentemente no se editaron pocos, sabemos que la biblioteca Municipal de Arequipa, y la del Club Arequipa, conservan ejemplares; no obstante que en la edición del libro  “Mejía, su historia y su club”, trabajo realizado por Antonio Ugarte, y auspiciado por el Club Mejía, se inserto en facsímil, el folleto de Pacheco Andia, que se ubica entre las páginas 158 y 176; además de hermosas fotografías del  pasado mejiano. Salvaguardando de esta manera a las postrimeras este viejo folleto, casi olvidados por los años.  

Croquis des distrito de Mejía 

Estación Mejía  del ferrocarril de Arequipa - Mollendo 

Lugar donde antiguamente se ubicó la antigua estación Mejía. 

Restos de la antigua línea del ferrocarril con dirección a Mollendo 

Restos de la antigua línea del ferrocarril con dirección a Mollendo


Iglesia antigua en Mejía 

Iglesia actual en Mejía 
















domingo, 17 de septiembre de 2017

Las islas Alvizuri en la historia de Islay

Vista general del puerto de Matarani e islas Alvizuri al fondo
A ½ milla al Sur Este de la caleta de Islay y frente al puerto de Matarani se destacan cuatro islotes conocidos como Albizuri, cada uno de estos islotes tiene su nombre: Blanca de 43 metros de altura, La Leona de 25 metros, Nisbet o los ahogados de 28 metros e Infiernillos, también forma este conjunto un farallón con un ancho de 330 metros denominado la Gasca.

Este conjunto de islas Alvizuri, junto con  la Isla Hornillos y Punta Islay desde el 2003 son protegidas por el Estado, y el Instituto de Investigación y Desarrollo Hidrobiológico de la UNSA ha estudiado este lugar e identificado  45 especies de peces, 23 especies de crustáceos, 46 especies de moluscos, 9 especies de equinodermos (como estrellas de mar), 11 especies de animales invertebrados, 14 especies de aves y 3 especies de otros grupos como mamíferos marinos como el lobo chusco (Otaria byronia) que se ha incrementado ostensiblemente, debido a la protección que se le viene dando.

Fauna marina en las islas Alvizuri
Pero ¿Sabemos algo de la historia de estas islas? ¿Por qué se denominaron Alvizuri?, veamos algo de su historia.

Referencias más antiguas de estas islas nos da el Capitán Pedro Hurtado de Mendoza en su “Derrotero del mar del sur” de 1730 donde dice que: “De la punta de Cornejo a la punta de Ilay hay 4 leguas; se surge este puerto (Islay) de la parte de adentro de los farallones, que son cinco blancos […] se conoce este puerto por los farallones y se ha de entrar (al puerto) entre la punta (de islay) y el farallón…”.  Y en el trazo que hace Hurtado de Mendoza los grafica a colores frente a la punta y puerto mencionados.     

Las islas Alvizuri están relacionadas con las lomas de Islay. En el siglo XVIII existieron  dos hermosos olivares en dicho lugar denominados: LLuta y  Matarani de propiedad del colegio de la Compañía de Jesús de Arequipa, así como una estancia para la crianza de ganado mayor y menor; esta propiedad se extendía desde los altos o cerros en las lomas hasta la orilla del mar e islotes que existían en su costa.

Las lomas de Lluta e Hilay (Islay) en 1595 pertenecían al Corregimiento de Camaná, posteriormente fueron propiedad de Juan Chavez de Carbajal; luego, en 1604, las vendió  a Juan Gómez Chacón quién cedió dicha propiedad en titulo de capellanía al convento de Santo Domingo de Arequipa; finalmente, el convento entregó el 03 de marzo de 1627 los documentos de esta capellanía al Colegio de la Compañia de Jesús de Arequipa; Sin embargo, con la expulsión de los jesuitas en 1767, esta propiedad paso a la administración  de la Junta de Temporalidades, que  liquidó todos los bienes de esta orden religiosa en el Perú; respecto a las lomas, olivares, estancia e islotes de Matarani y Lluta fueron rematados en don Antonio de Alvizuri Sagasti, vizcaíno nacido en 1735 y establecido en la ciudad de Arequipa; quien casado con Doña María Josefa Fernández Maldonado y Peralta,  fueron propietarios de la hacienda de Chucarapi en el valle de Tambo.

La adquisición que hizo Antonio de Alvizuri Sagasti abarcaba “desde las caleta de Chiguas hasta Mollendito”.  A la muerte de Antonio de Alvizuri, estas propiedades, después de un proceso  de  partición de bienes, fueron adjudicadas a su hijo Don José María Alvisuri y Fernández Maldonado, abogado de la Real Audiencia; sin embargo, las comunidades indígenas de Yanahuara y Tiabaya  alegaban que tenían derechos sobre el guano  de estas islas por cuanto lo extraían “desde tiempos inmemoriales”; ante esta situación José María Alvisuri y Fernández Maldonado llego a una transacción  con los indígenas sobre la repartición del guano que estuvo  vigente hasta la república, que la misma paso a la administración de un Comisionado de Hornillos, hasta que se estableció el estanquillo del guano, administrado también por el Estado.
Estos islotes en tiempos que la poesía la familia Alvizuri, eran llamados “la Lobera”, ignoramos el nombre que tuvo en tiempos prehispánico, pero afírmanos que es por razón de ser estas islas propiedad de la familia Alvizuri que las mismas toman su nombre hasta la actualidad.



Complejo de islotes Alvisuri 

Complejo de islotes Alvisuri 

Complejo de islotes Alvisuri 

Punta Islay 

Complejo de islotes Alvisuri 

Complejo de islotes Alvisuri en el derrotero "Del mar del sur" de  1730



domingo, 13 de agosto de 2017

TESTIMONIOS DEL TERREMOTO DE 1868

A las 5.15 de la tarde del jueves 13 de agosto de 1868 el sur del Perú fue sacudido por un terremoto que derrumbo la ciudad de Arequipa y otras localidades; en la costa un tsunami azotó el puerto de Arica y el valle de Tambo.

De este terremoto existen registros fotográficos que nos revelan la magnitud del desastre, pero también encontramos testimonios personales como las cartas que desde Arequipa enviaron Juan Manuel López de Romaña y María Josefa Alvizuri, padres de Eduardo López de Romaña, cuando se encontraba estudiando en Inglaterra.

Son tres cartas que dan cuenta de lo ocurrido, dos de los padres y una de su abuela Carmen Bastamente. A continuación las reproducimos.   

“Arequipa, agosto 16 de 1868. Muy lacónico seré en este correo porque estamos de marcha para el campo a consecuencia del terremoto que el jueves 13 del corriente a las 5.15 de la tarde experimentamos en esta ciudad, que ha quedado un tanto mal parada, como imaginaras desde que te diga que duro diez minutos el movimiento de la tierra. Felizmente no tenemos desgracia ninguna personal que lamentar en nuestra familia, ni en la de nuestros parientes. Muy pocas proporcionalmente son las victimas habidas, merced a la hora y a la pausa que comenzó el movimiento dando lugar a salvarse en todas direcciones”.

“Arequipa, agosto 16 de 1868 (Abuela de Eduardo Lopez de Romaña). Ya sabras por los periódicos del modo tan terrible que nos ha castigado Dios con un terrible terremoto que hubo el 13 de agosto a las 5 de la tarde; en nuestra familia todos nos hemos salvado conm mucha felicidad, de lo que no me canso de dar gracias a nuestro buen Dios y Salvador  […] muchas muertes ha habido, pero como fue en el día se han salvado los más, todas las iglesias han caído […] Tambo y todos los valles han sufrido mucho, el mar salió y se llevó a Catas (en el valle de Tambo)”.      
     
“Arequipa, agosto 22 de 1868.  Comenzó a las 5.15 cuando tomábamos café de sobre mesa y huimos a la calle tomando la dirección de la esquina donde nos mantuvimos durante toda su violencia, casi sin podernos mantener de pié y en una densa nube de  polvo que nos asfixiaba por el derrumbe de algunos edificios viejos y cercanos; y cuando el polvo se despejo un tanto y viendo que el movimiento aún continuaba aunque suavemente, corrimos a la plaza mayor, donde de todas partes acudía presurosamente la gente, y donde pasamos la noche envueltos en algunas mantas que los criados fueron a buscar a la casa. Esa noche como imaginaras duro un año porque los temblores se repetían cada diez minutos más o menos, y en cada uno de ellos se levantaba un aterrante clamor de todas las gentes que allí se refugiaron. Yo desde el principio, me esmere en convencer a los nuestros que los temblores  que en una larga serie de muchos días y quizá meses debían seguir, era consecuencia forzosa del terremoto […] Nadie habita las casas si no las plazas y el campo donde la población se halla en campamentos […] Las averías de los edificios son muy grandes; Barrios enteros se han desplomado de raíz; y casi todas las iglesias se han caído  [….] Los puertos de sur como Iquique, Mejillones, Arica, Chala, han sufrido mucho por el mar que elevándose extraordinariamente los invadió destruyendo parte de sus poblaciones. Catas (ene le valle de Tambo) no existe”.     

Estas tres cartas fueron publicadas por Fernando L. de Romaña en "Datos biográficos de Eduardo Lopez de Romaña".

Existe también testimonios de viajeros que  registraron sus impresiones sobre lo sucedido, el historiador  Manuel Fernandez Canque ha reunido estos testimonios en su libro  "Arica  1868, un tsunami y un terremoto"      

Plaza de armas después del terremoto

Calle de Arequipa destruida y al fondo fachada de la iglesia de San Camilo 
después de demolida para construir el mercado del mismo nombre


Fachada de la catedral de Arequipa después del terremoto


Fotografía tomada desde la calle Mercaderes 


Alegoría que apareció en el diario arequipeño  La Bolsa 


Una composición musical que da cuenta del desastre 

Grabado del desastre ocasionado en el puerto de Arica 

Grabado del desastre ocasionado en el puerto de Arica