sábado, 25 de mayo de 2019

EL CULTIVO DE ARROZ EN EL VALLE DE TAMBO

Una celebración que demuestra un vínculo  entre los agricultores del valle de Tambo es el “Festival del Arroz”, que se lleva a cabo cada año en el mes de mayo en el distrito de Cocachacra. Durante este evento los asistentes pueden disfrutar de actividades entre las que se destaca la siega del arroz a la manera antigua;  en este artículo tratare de explicar el origen de este cultivo en nuestro valle, las haciendas que se dedicaron a producirlo y como fue antiguamente la siega y trilla del arroz que ahora forma parte del festival en mención.

ORIGEN DEL CULTIVO DE ARROZ EN EL VALLE DE TAMBO

¿Desde cuándo se empieza a cultivar arroz en el valle de Tambo y se inicia la costumbre de la cosecha o siega del arroz como tradicionalmente se denomina?, para responder esta interrogante tenemos que remitimos a la información que nos proporciona el Deán Valdivia, quien en  1847 publico su libro “Fragmentos para la historia de Arequipa”, donde se menciona por primera vez el cultivo de arroz en el valle de Tambo: “Sus producciones (de Tambo) son algodón, ají, arroz, azúcar, frutas y versas propias del valle” (VALDIVIA.1847, 115);  Valdivia es el primer autor que muestra al arroz como un cultivo  en el valle de Tambo,  y de acuerdo al año que publicó el libro (1847)  posiblemente el arroz se empezó a cultivar en Tambo en los primeros cincuenta años del siglo XIX. 

Octavio Muñoz Najar en las oficinas de su hacienda 

Esto se corrobora con la información que nos proporciona Simón Camacho quien aprovechando el viaje de inauguración del ferrocarril de Arequipa la costa el 6 de enero de 1871 escribió lo siguiente “En el carro se habló del azúcar de Tambo, de su arroz y de sus sementeras de legumbres” (CAMACHO. 1871, 204), de esto deducimos que para el año que se realizó este acto el arroz de Tambo ya era muy conocido en el país y por lo tanto la producción debió ser bastante. 

Por otro lado, Eduardo Larrabure y Unanue, quien estuvo también en ese viaje escribió lo siguiente:“Todo el valle de Tambo produce de 10 a 12 mil quintales de azúcar al año, es decir, la mitad de lo que da la hacienda inferior de Cañete y estando el arroz en la misma proporción […]  los agricultores harán traer buenas maquinarias que remplacen a los trapiches de mulas y bueyes que tienen ahora se proporcionara fácilmente brazos y Tambo llegara a la misma altura de los del norte” (Larrabure. 1870), una aguda descripción con un pronóstico positivo y que si revisamos la historia de los años posteriores a la inauguración del ferrocarril vemos que la agricultura se tecnifico y la producción aumento tanto de arroz como de azúcar principalmente, como también de otros productos (algodón).

También Antonio Raimondi nos proporciona importante información sobre “el arroz y el ají son los principales productos de exportación, el arroz de Tambo es muy cotizado por su buena calidad y tiene mayor aceptación que el arroz del norte, los principales mercados son Arequipa, Moquegua y Bolivia. El valle de Tambo produce anualmente de 15.000 a 18.000 quintales de arroz. Cocachacra tiene varias maquias para pilar arroz” (RAIMONDI, 1913, 57).

VARIEDADES DE ARROZ QUE SE CULTIVÓ EN TAMBO

Sobre la variedad de arroz que se sembraba en el valle de Tambo se conoce que “generalmente eran cuatro los tipos de arroz que se sembraban: Común, Manteca, Chancaco, y Fortuno. El preferido era el Fortuno por su alto rendimiento y aceptación, el año más marcado fue en 1942” (ALVAREZ. 2006, 24). Una de las herramientas de trabajo común para quitar la mala hierba de la plantación era el badilejo que hasta la actualidad resulta ser útil entre los agricultores.

FUNDOS Y HACIENDAS QUE CULTIVARON ARROZ

Mariano y Lastenia Tejada, propietarios de Bombón
En Punta de Bombón, Mariano Tejada, comerciante de productos agrícolas entre la Punta, Arequipa y La Paz, compro una buna cantidad de terrenos agrícolas e hizo instalar un ingenio arrocero en 1940. De esta manera el cultivo de caña de azúcar de la antigua hacienda Bombón fue remplazado por el de arroz. El ingenio de nombre “San Martin” como se denominó funcionaba con un motor Siemens y todas las demás piezas de la maquinaria fueron hechas en Cocachacra por el ingeniero Pascual Núñez. La Sala de máquinas y la  landa la construyo el albañil Balboa. En Bombón se apilaban hasta cien quintales de arroz diarios, al frente de la maquina estaban el mecánico Serafín Paz Torres conocido como marítimo (ALVAREZ. 2006, 14).

Landa de arroz de la Negociación agrícola Cocachacra
Otro caso particular fue la “Negociación agrícola Cocachacra” de propiedad de Manuel Octavio Muñoz Najar esta industria logro tener “una planta eléctrica para mover el poderoso ingenio arrocero Santa María y Santo Domingo […]  el promedio de producción por topo de arroz es de 40 quintales en bruto […] Los productos de la negociación agrícola que reseñamos dan honor a la región por su naturaleza, fama y aceptación en el comercio el arroz de marca Inca es uno de los preferidos en la ciudad de Arequipa, Bolivia y Lima” (SIVIRICHI. 1930, 131).


También es importante mencionar a Tomás Siles Béjar quien tuvo dos ingenios: uno de arroz al que denominó “Sansón” y otro de azúcar que le puso por nombre “El duende”. El ingenio arrocero estuvo impulsado por una máquina hidráulica de 20 H.P. y tuvo una capacidad para pilar 95 quintales de este producto en 10 horas; el sistema de esta máquina fue traído de Hamburgo, Alemania; la landa estaba habilitada para 66 mil quintales. También fue propietario de los fundos agrícolas “Santo Tomás”, “Santa Justa”, “El Fiscal” y “Ventillata” donde cultivó arroz y caña, productos que procesaba en sus ingenios industriales. Los fundos eran extensos, por ejemplo “El Fiscal” compendia 340 topos y estuvo situada al comienzo de la hacienda de Chucarapi.

Benito Nuñez en las oficinas de su ingenio arrocero El Arenal
Otro caso también de un industrial que forjó su fortuna en base al cultivo del arroz es el de Benito Núñez, quien fue propietario de las haciendas El Arenal, La Pascana, El Boquerón, La Muestra y el ingenio arrocero San José situado en la parte alta de la Vera Cruz que tuvo una landa con capacidad para más de 100,000 quintales de arroz como también una casa de máquinas a donde era transportado el arroz para su pelado y ensacado (SIVIRICHI. 1930, 139).    
Calle antigua de la hacienda El Arenal 


  
   
LA SIEGA Y TRILLA DEL ARROZ

La costumbre de la siega o cosecha de arroz, que la Municipalidad Distrital de Cocachacra viene realizando como parte de rescate de actividades costumbristas del distrito, tiene una raigambre histórica que inicia desde cuando se empezó a cultivar el arroz en el valle de Tambo a mediados del siglo XIX.

La actividad empezaba el día anterior a la siega, para esto se tenía listo las chombas con guarapo, bebida compuesta de varios ingredientes que se endulzaba con chancaca y al que se agregaba concho de chica para que fermente. Al comenzar la faena a los segadores se les pasaba “sanguches” de carne de res, queso, chicharrones o pescado, también se les alcanzaba una copa de resacado o agua ardiente para que “entonen el cuerpo o levanten el ánimo”. El trabajo era rudo, guarapo les servía de refresco durante el desarrollo de la siega, a veces había que realizar este trabajo dentro del agua, así las hinchacas pesaban mucho más y se tenía que recurrir al servicio de cabeceadores.

Tradicional  era y la trilla del arroz 
La “era” se hacia dentro de uno de los terrenos del arroz, ahí se depositaba el arroz en espiga para luego ser trillado. La trilla se llevaba a cabo mediante caballos, burros o bueyes. La burra plantada en el centro de la era la conducía el peón de más edad y se le llamaba “tronco” y al resto de animales que trillaban el arroz se denominaban cavero y cantero o volador. Los caballos iban acollaradas en hilera dando vueltas dirigidos por el vareador quien corría tras de ellas con un zurriago y entonando algunas coplas como: “Yegua yegua bella, el patrón no pasa la botella o yegua yegua loca, el dueño se olvidó la copa” y así muchas por el estilo. También se decían coplas subidas de tono que rayaban en la grosería.

Concluida la trilla se retiraba la granza, luego se colocaba el arroz en dos pirámides y en el centro se colocaba una cruz   de caña brava o de palo, después de bendecirla con licor  y se procedía a aventar el arroz lanzando al aire con palas de madera, cuando no corría el viento los segadores silbaban para que venga pronto. El arroz Limpio se llenaba en sacas para ser transportado al ingenio por el agricultor para descascararlo y ensacarlo. A los segadores se les daba el almuerzo y comida en el sitio. A las 11 de la mañana se les servía el almuerzo. Alrededor de cada fuente se sentaban cuatro personas, solo usaban cuchara, al quedar la fuente vacía, uno de los peones tocaba fuerte la vianda con la chuchara indicando que el almuerzo se acabó y se les aumentaba. La comida se les servía a las 4 de la tarde. Así terminaba esta jornada. En la actualidad las maquinas segadoras han suplido esta labor; sin embrago, ahora se está tratando de retomarla en fomento del turismo en Cocachacra.
Después de la trilla, el arroz era "aventado" concluyendo de esta manera la jornada  

Bibliografía

ALVAREZ LAZO, Abrahán. Memorias de Bombón. Ed. Tampus. Arequipa 2006.

CAMACHO, Simón. El ferrocarril de Arequipa a la Costa. Historia documentada de su origen construcción e inauguración. Imprenta del Estado. Lima 1871.

LARRABURE, Eduardo. EN:   El ferrocarril de Arequipa a la Costa. Historia documentada de su origen construcción e inauguración. Imprenta del Estado. Lima 1871.

VALDIVIA CORNEJO, Juan Gualberto. Fragmentos para la historia de Arequipa. 

RAIMONDI, Antonio.  El Perú. Tomo II. Imprenta del Estado. Lima 1876.

SIVIRICHI, Francisco. Monografía de la provincia de Islay. Mollendo 1|936

miércoles, 23 de enero de 2019

YO NO SOY UN CAUDILLO POLÍTICO, SOLO UN CUIDADANO DE SERVICIO. EDUARDO LÓPEZ DE ROMAÑA Y SU OBRA EN AREQUIPA

Cuando Eduardo López de Romaña y Alvizuri ejerció la presidencia del Perú entre 1899 y 1903 se vivió un conflicto de intereses entre parlamentarios “pierolistas” y del gobierno de turno entonces los “civilistas” quienes trataron de bloquear la política progresista del novel presidente, es por esto en el mensaje a la nación que pronunció al asumir el gobierno plantea la frase que hemos tomado como epígrafe en este artículo “Yo no soy un caudillo político, solo un ciudadano de servicio”. Ese espíritu de servicio de Eduardo López de Romaña creemos tiene como base su formación profesional en el extranjero y la obra que realizó en Arequipa, su ciudad natal, como veremos a continuación.

Eduardo Lopez de Romaña 

 SU FAMILIA
En Eduardo López de Romaña se concentró una dependencia familiar de antiguos arequipeños que se inicia con uno de los fundadores de la ciudad blanca: Diego Peralta Cabeza de Baca. Aunque su padre fue un español vizcaíno, su madre María Josefa Alvizuri y Bustamante era quien poseía la estirpe familiar; la influencia de sus padres y su familia en la formación de Eduardo L de R podemos encontrar en las cartas que recibió cuando estudiaba en el extranjero donde le hacen recuerdo de esa notable descendencia y que sus estudios son la mejor arma para poder enfrentar adversidades. En una de las cartas fechada el 20 de febrero de 1860 le escriben “El dueño de la hacienda de La Palma (Tambo) ha perdido su finca por la crecida del río y queda en la miseria, pero no sería así si tuviera una carrera con la cual tendría siempre una renta…”  (FERNADO L. DE ROMAÑA. 1973, 10).

SUS ESTUDIOS Y PREPARACION
Eduardo viajo a Inglaterra en 1859 para estudiar en el colegio de Stonyurst, luego ingreso al Colegio Real de Londres donde se preparó para seguir la carrera de ingeniería civil; al terminarlos en 1868 realizo practicas con el notable ingeniero M. Lee Smith, donde “Se ocupó en el diseño de puentes y otras grandes construcciones de hierro para ferrocarriles de la India” (ZEGARRA BALLON. 1900, 13). Luego trabajo para el servicio del ferrocarril de Whitby y Redcar en el norte de Inglaterra; también se encargó de la inspección de la construcción de un puente sobre el rio Ravee en Silvertown en la India.

En mayo de 1872 se incorporó como Socio de Número en el Instituto de Ingenieros civiles de Londres. Al siguiente año trabajó como ingeniero de división del ferrocarril de Madeira y Mamore en Brasil, obra a cargo de la Public Works Construccion Company. En 1874 regresa al Perú por insistencia de su familia.   

OBRAS EN AREQUIPA

Alumbrado a gas

López de Romaña ya en Arequipa se hizo cargo de la obra alumbrado a gas que recién se estaba instalando, según su biógrafo Edilberto Zegarra Ballón nos dice que “Cuando se hizo cargo del trabajo encontró una parte del capital que se había gastado inútilmente en experimentos y obras innecesarias y que solo estaba terminado el cerco de la fábrica” (Ibíd. 1900, 19). Entonces, Eduardo L de R. logró que el presidente Manuel Pardo entregara 33 mil soles por el valor 33 acciones a favor de la municipalidad convirtiéndola en accionista principal.  Lamentablemente esta empresa no prosperó por falta de combustible a consecuencia del bloqueo del puerto de Mollendo en la guerra con Chile (1880), donde desembarcaban el carbón para el alumbrado de Arequipa.   Sin embargo, la red de cañerías de fierro instadas en la ciudad, sirvió posteriormente para la distribución de agua desde el manantial de Yumina, lo minimizo el gasto de esta otra obra que el mismo Eduardo L de R. también promovió.


El puente Grau

En el diario La Bolsa de 1863 se rescató una nota donde se exigía la construcción de un nuevo puente sobre el río Chili, por los constantes accidentes que ocurrían al tratar de cruzar este río los pobladores de Yanahuara a Miraflores; hubo varias sugerencias para construirlo, primero se acordó hacerlo madera, luego de fierro y finalmente de calicanto. El puente se empieza a construir en 1884, según la memoria edil de ese año, por el arquitecto Juan Rodríguez, para lo cual la Municipalidad adquirió la quinta Vargas y de Sánchez en ambos lados del río para la apertura de la calle. No obstante, la construcción del puente estuvo varios años en abandono debido a inconvenientes como falta de presupuesto, el terremoto de 1868 y aumento de caudal del rio, y la Guerra con Chile.
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Terminada la guerra con Chile Eduardo L de R asumió la construcción del puente y teniendo en cuenta los antecedentes L. de R. ideo construir un arco invertido en la base del puente que unido a los machones diera solidez a la obra.  

Agua de Yumina

Desde 1853 se hicieron estudios para abastecer de agua desde Yumina a la ciudad de Arequipa a través de cañerías de fierro, lo que resultaba muy costoso debido al material importado que emplearían para tal fin, es por ello que Eduardo L de R planteó utilizar “materiales del país hasta donde fuese posible de esta manera no saldrán al extranjero los 150 mil soles y se distribuirán entre nuestra gente de trabajo” (ZEGARRA, Ibíd.). En efecto construyeron túneles y alcantarillas de piedra de granito y cemento de 5 km desde el lugar mencionado hasta la ciudad.

Luz eléctrica y otras obras  

Inicio la instrucción de un canal para llevar agua desde Challapampa  y una caída de  27 pies de altura en local donde se instalaron las turbinas  de mil caballos de fuerza  que dio inicio al establecimiento de la Luz eléctrica en la ciudad de Arequipa en 1905.   

Refacciones y nueva plataforma metálica en el antiguo puente de Tingo. Construcción de un sifón o acueducto de la avenida Tacna y Arica obra notable en su género y ensayada por primera vez en Arequipa, para tiempos de lluvias. Los estudios para una recova o mercado y también se le encargaba la construcción de los “altos de los portales de la plaza de armas (MARINA. 1895). Colocación de cruceros de adoquines en las calles de Arequipa, costeadas por su peculio en ocho primeras calles.

Restructuración de la administración de la Sociedad de Beneficencia de Arequipa, institución que fue siete años director, hasta que fue elegido ministro de fomento. se levantó planos topográficos de las propiedades de la institución y construyo un local amplio y espacioso para sus oficinas. Como director de Sociedad de Beneficencia realizo obras de infraestructura en el Hospital y Casa de Huérfanos.  Y también fomentó el establecimiento de un colegio para la instrucción pública gratuita denominado San Vicente de Paul.  

Eduardo Lopez de Romaña y autoridades  y militares en palacio de gobierno

Frente a la guerra con Chile

Eduardo López de Romaña fue nombrado Comandante General de las milicias del valle de Tambo, con el grado de Coronel organizó un escuadrón “compuesta de tres batallones, ascendía a mil quinientos hombres poco más o menos, de los cuales doscientos estaban perfectamente armados” (ZEGARRA. 1900, 21), esto ante un posible enfrentamiento con el ejército chileno, que se dio en marzo de 1880 en la quebrada de Chule luego que el enemigo bombardeara el puerto de Mollendo. El batallón de la Guardia Nacional de Tambo “no solo se ocuparon del servicio activo de campaña, sino también de extender la línea telegráfica desde Tambo hasta el puerto de Ilo, por el sur, y hasta la provincia de Camana, por el norte” (ZEGARRA, 1900, 23), manteniendo la comunicación en la costa sur peruana.     

Colofón

El espíritu progresista de Eduardo López de Romaña se evidencia en la obra realizada en su ciudad natal y cuando asumió la presidencia de la republica lo llevó a realizar grandes obras en beneficio del país, que daría pie a otro artículo.   

BIBLIOGRAFÍA 

LOPEZ DE ROMAÑA, Fernando. Datos biográficos de Eduardo L. de Romaña. Ed. privada. Arequipa 1973.   

ZEGARRA BALLON, Edilberto. Biografía del señor Eduardo L. de Romaña. Imprenta de La Bolsa. Arequipa 1900. 





domingo, 9 de septiembre de 2018

UN MUNDIAL, EN LA RAZÓN DE UN VIEJO PERIODISTA



Breve texto que a solicitud de Helard Fuentes Pastor escribí sobre Carlos Meneses Cornejo. Comparto con ustedes.  


Puntual, a las 11 de la mañana, esperara tras las rejas del zaguán de la antigua casona del diario El Pueblo entrevistarme con Carlos Meneses, era la primera vez que conversaría con  el patriarca del periodismo arequipeño, y fui a entregarle un artículo mío sobre el comerciante español en Mollendo, Alejandro Dorich, y pariente de Meneses;  al pasar a su oficina él estaba atendiendo a periodistas del diario que al parecer presentaron un proyecto  sobre el mundial de fútbol que se celebraría aquel año (2014) en Brasil.  Note alegría, por la expresión de los jóvenes comunicadores, porque tal vez Meneses les aprobaría el proyecto y presupuesto para viajar; sin embargo, algo irónico les dijo   viajar hasta allí y competir con medios capitalinos, que van con un buen presupuesto, para informar lo mismo, no valía la pena; mejor hagan de ese mundial una fiesta arequipeña, vayan a los bares, a las calles, a los clubes, y den cuenta como se viven los arequipeños el mundial, en la ciudad blanca.

Desde entonces descubrí la vehemencia de su personalidad. Carlos  ese dia creo que dio una clase sobre periodismo a sus discípulos.      



miércoles, 22 de agosto de 2018

UN LIBRO SOBRE LA HISTORIA DEL VALLE DE TAMBO

El primero de enero de 1993 apareció en la revista La Punta, que dirige desde hace 50 años el doctor Miguel Vásquez Torres, un artículo sobre la formación o fundación del pueblo de La Punta, fue el primer texto que leí de Mario Arenas Figueroa. Aunque en aquel año al leer la historia no tuve una adecuada comprensión del mismo, propio de la edad que tenía; sim embargo, fue uno de los motivos por el cual fue formando mi vocación por investigar el pasado.  Y al igual que el historiador e ingeniero Mario Arenas, le escuche decir, que sus vivencias en Chucarapi, y Valle Arriba donde su padre trabajó como administrador de la Haciendita, fue motivo para decidirse investigar el pasado de nuestro valle.
No es el primer libro del ingeniero Arenas Figueroa, también en 1996 en conmemoración de los 200 años del nacimiento de Juan Gualberto Valdivia Cornejo conocido como “El  Dean Valdivia” investigó y escribió una biografía de este personaje,  que como tituló aquel libro, es el símbolo de la Arequipa republicana, dando aportes importantes sobre el caudillo arequipeño como el lugar de nacimiento, el entorno familiar,  sus estudios en cusco,  los votos religiosos en la Orden Mercedaria, la participación en la fundación de la academia Lauretana ahora Colegio de Abogados de Arequipa, el Colegio Independencia Americana y la Universidad Nacional de San Agustín,  la disertación en contra del celibato, los enfrentamientos académicos con el obispo José Sebastián de Goyeneche, es bastante lo que informa este libro, propio de una exhaustiva investigación en Archivos y bibliotecas.   
También escribió varios artículos sobre el pasado del valle de Tambo en la mencionada Revista La Punta sobre los arrieros y los caminos de herradura, la creación del curato de Tambo y la parroquia de Cocachacra, la acequia de Santa Ana Iquitire, construida alrededor de 1700, la misma que en la actualidad existe y lleva aguas del rio Tambo desde el Puente Freire hasta el pueblo de Catas en el distrito de La Punta. El origen de las haciendas y pueblos en el valle de Tambo después de los daños que causo la erupción del volcán Huaynaputina ubicado en Moquegua en 1600.
Todo está rica información sobre la historia del valle de Tambo producto de su amplia investigación es el libro que ahora estamos presentado, que está dividido en dos partes la primera titulada “El ámbito” comprende los temas sobre El rio, el valle y la geología de Tambo, los recursos minerales, la creación y la modificación que tuvo la provincia de Islay y sus distritos. La segunda parte corresponde al pasado de nuestro valle desde tiempos prehispánicos, la presencia española, el abandono del valle luego de la erupción del Huaynaputina en 1600 y el repoblamiento; la creación del curato y parroquia de Tambo, auge de Cocachacra, surgimiento del puerto de Islay, la construcción del ferrocarril de Arequipa a la costa con sus estaciones de Cachendo, Tambo y la Ensenada, las haciendas de Chucarapi y Pampa Blanca, la reforma agraria y las consecuencias en la agroindustria y el surgimiento de los puertos de Mollendo y Matarani; todo esto ilustrado con fotografías, mapas, imágenes satelitales que nos ayudan a comprender el espacio donde se gesta esta historia.


Es un gran esfuerzo del Ingeniero Arenas Figueroa por reunir información, seleccionarla y organizarla para comprender y explicar el pasado social, religioso y económico de nuestro valle que vive de agricultura y de pueblos cuya tradición aún se mantiene viva.
Desde el punto de vista metodológico esta concepción total de la historia, propia de una corriente historiográfica francesa denominada “de los análisis” percibe comprender procesos amplios en donde comparten elementos del medio natural con lo humano, porque la historia no es solamente el pretérito de los personajes, de grandes héroes, o señores hacendados, también es del pueblo, de su de Fe, tradición, costumbres que enfocados en un espacio geográfico nos hace conocer esta historia total de la que el ingeniero Arenas Figueroa comprendió muy bien para recrear la historia del valle de Tambo.
La historia rural y de la agricultura en el Perú no ha sido investigada completitamente a pesar de la abundante fuente de información que existe en archivos locales y nacionales, documentos históricos que el ingeniero Arenas consultó para conocer el origen de Chucarapi y Pampa Blanca dos importantes haciendas de este valle  que tienen la estructura de enclaves capitalistas pero sin desligarse del aspecto social que implica el auge económico, porque estas haciendas representaron el sector moderno del valle para la época, con vías de ferrocarril de troca angosta, diques en el rio, puentes, luz eléctrica, escuelas, teatro, centro médica, y una capilla que aun resiste a los embates del tiempo.

Este libro póstumo es el mejor homenaje que la familia, los hermanos, hijos y amigos del ingeniero Mario Arenas  hacemos  para preservar su legado, y revelar la importancia del trabajo de investigación que realizo, y que suscita inquietud, cuestiones que seguramente, quienes tenemos interés por el pasado, para reflexionar el presente y proyectarnos al futuro, tomaremos como punto de partida para profundizar el  testimonio que nos dejó el ingeniero Arenas Figueroa.   

sábado, 19 de mayo de 2018

UNA DESCRIPCIÓN DE MOLLENDO DE 1822


La ciudad y puerto de Mollendo surge con la construcción  y la inauguración del ferrocarril de Arequipa a la costa  el 6 de enero de 1871; sin embrago, la caleta de Mollendo estuvo habitada desde muchos años antes, según la descripción que hizo un marino francés en 1822 hace  referencia a una población en dicho lugar; además, agrega un hermoso grabado, que  aquí veremos e ilustra a la bahía en la antigüedad:   

La Descripción de la Costa del Perú

Las referencias de Mollendo, que en este artículo nos ocuparemos, están en la “Description de la cote du Pérou. Par M. Lartigue” (Descripción de la costa del Perú. Por M. Lartigue), que es un informe oficial, que la Marina de Guerra de Francia encargó a la fragata “La Clorinde”, al mando del capitán  de navío Barón Armand de Mackau, sobre de las costas de de Chile y Perú con el objeto de “Mostrar el pabellón del rey  y dar  protección eficaz a los navíos franceses que se encontraban en esos mares [y] observar lo que pueda interesar o favorecer a nuestro comercio…”. Los reconocimientos de los lugares visitados y el trazo de los planos de los mismos fueron realizados por los alféreces Lartigue y Fleury.

Inicio del viaje

"La Clorinde" zarpó del puerto de Brest (Francia) el 05 de agosto de 1821 y arribó a la cota de Rio de Janeiro el 12 de octubre, donde se mantuvo entre este punto y el Mar de Plata hasta el año siguiente (1822), luego navegó hasta Valparaíso, donde recibo noticias de las guerras de la independencia que se vivían esta parte del continente (Argentina, Chile y Perú), ante esto el Baron Armand de Mackau escribió lo siguiente: “Esta guerra estará terminada, y las armas del rey de España habrán sucumbido bajo el enemigo más poderoso que jamás combatió una monarquía”.    

Valparaíso,  Arica y Tacna

Plano del puerto de Arica en al Descripción de la costa sur del Perú
De Valparaíso se dirigió a el puerto de Arica, del cual describe que era triste y deplorable con la mayoría de casas abandonadas por sus habitantes víctimas de los excesos de las tropas españolas que no eran más que un puñado de individuos prestos a huir al primer desembarco independiente. El Barón Mackau luego se dirigió a  Tacna y encontró la misma situación que en Arica.       
       
Arribo a Mollendo

El Barón Armand de Mackau al llegar a Mollendo encomendó al alférez M. Lartigue que reconociera la zona y a la vez levante un plano de la caleta y población de Mollendo. La primera impresión que Lartigue tuvo de esta caleta fue que “terminara por ser obstruida por la arena al igual que aquella de Chule; desde hace treinta años las arenas ya han elevado el fondo de la caleta [Mollendo] de 3 a 4 pies”.

El atracadero

También Lartigue hace una recomendación  para que los navíos puedan  anclar sin dificultad en la caleta de Mollendo: “Los barcos que deseen entrar  a Mollendo deben enrumbar sobre el valle de Tambo, que se puede distinguir desde 8 leguas, cuando se reconoce de N.E. se debe navegar cerca a la costa que esta al N. de aquel valle […] con el fin de reconocer prontamente el pueblo de Mollendo, que no se ve desde más lejos, y que no es el único objetivo  distinguible para indicar el atracadero”. 

Sin embargo, hace referencia a un punto más visible para ubicar la caleta de Mollendo desde alta mar, y que al parecer es la actual isla Ponce: “Un pequeño islote de forma cónica, que se distingue a 7 leguas de distancia, puede servir de punto de referencia para no alejarse mucho de Mollendo […] el fondo es de arena un poco gruesa, algunas veces de roca; muchos barcos han perdido allí sus anclas. No se atraca sino con un ancla grande hacia el S.O. [y] un ancla de golpe hacia el N.E., [Y] el calabrote pasado de la popa impide al barco ser atravesado por el oleaje”.   

Descripción de Mollendo

Plano de Mollendo en la Descripción de la Costa del Perú
De Mollendo, Lartigue escribió que “es un pueblo muy pequeño, ubicado en una quebrada poco marcada, no contiene más que una treintena de chozas de junco dispuestas en círculo alrededor de un montículo de guano […] era domingo [el día que desembarcaron] y las gentes del lugar, hombres y mujeres vinieron todos muy engalanados al cobertizo donde estábamos. No había uno solo en cuya cara no se notaran las marcas de una fiebre pasada o cercana y todos parecieron muy sucios […] hicieron que una niña tocase una especie de clavecín –guitarra, cuyos aires o melodías entonadas en forma monótona y nasal no me pareció que cometieran una sola falta contra el compás del oído . Antes a arribar allí, se distingue  una cruz de madera plantada sobre la altura de lo  domina […] este pueblo no ofrece ningún recurso; los habitantes van a buscar el agua a una fuente muy pequeña, alejada a una milla hacia el interior; todas las provisiones llegan del fértil valle de Tambo. Las comunicaciones con la ciudad muy comercial de Arequipa son menos penosas desde Mollendo que desde todos los establecimientos de los alrededores; es por ello que ha obligado hasta el presente a preferirlo a otros atracaderos, a pesar de ser realmente el peor de todos”.     
      
Un problema en Mollendo

La Cloriende intervino también en un incidente derivado del apresamiento en Mollendo de la fragata de comercio francesa “Telegraphe”, acusada  de contrabando por las autoridades españolas; el navío francés fue llevado al Callao por la goleta peruana Belgrano  y hasta allí se dirigió La Cloriende; luego de muchas negociaciones en Lima, el Barón Mackau, consiguió al fin que se liberara a la  “Telegraphe” y la escolto de regreso hasta el puerto de Valparaíso.

Para finalizar 

“La descripción de la costa del Perú”, donde se encuentra la información sobre Mollendo, fue editada y publicada por COFIDE  en 1992, con un estudio de Eduardo Jansen Friedrich.     

La misma Descripción... fue utilizada Mateo Felipe Paz Soldan para escribir su libro "Atlas geográfico del Perú" en 1867.

La descripción que se hace de Mollendo en este documento de 1821 nos revela nos revela que existió una población antes que en esta celta se estableciera  como  puerto de Arequipa en 1871. 


 



martes, 1 de mayo de 2018

ENTRE CASAS Y CASONAS LA ARQUITECTURA TRADICIONAL DE PUNTA DE BOMBÓN


ENTRE CASAS Y CASONAS
LA ARQUITECTURA TRADICIONAL DE PUNTA DE BOMBÓN 

Este trabajo sobre la arquitectura tradicional en La Punta de Bombón tiene como finalidad dar a conocer aspectos inéditos de este tipo de estructura de quincha y adobe, esperando de esta manera, contribuir al rescate patrimonial arquitectónico de este lugar. 

La quincha, usada desde tiempos prehispánicos en la costa, proviene del quechua “qquincha”, que significa: pared, muro, corral o cerramiento; es un sistema constructivo tradicional en casi toda Sudamérica y consiste fundamentalmente en un entramado de caña o bambú (caña brava) y recubierto con barro.

El adobe es una pieza para construcción, hecha con una masa de barro (tierra arcillosa, y agua) mezclada con bagazo de caña o paja de arroz para dar consistencia al producto y es moldeado en forma de ladrillo y secado al sol. Las casonas y las casas en la punta están relacionadas al adobe y a la quincha respectivamente. 

Lamentablemente la cronología arquitectónica de La Punta de Bombón, como en muchos lugares  del Sur del Perú, está vinculada a los movimientos sísmicos, que han dejado poco en pie de estas casas, o lo que ha sido refaccionado por la abnegada labor de sus habitantes.

EL PATRON URBANO DE PUNTA DE BOMBÓN

Patrón urbano del pueblo de La Punta 
La Punta de Bombón se va formando desde 1845 a la vera del camino de herradura entre el valle de Tambo  y las lomas de Jesus, Amoquinto y a Moquegua; parte de este camino ahora es la avenida San Martín, la que comúnmente era conocida como “la calle grande”. Esta avenida aún conserva su patrón original, ya que es una calle estrecha y serpenteante, propia de los caminos de herradura.

Las cuadras del pueblo se fueron formando en base  a las acequias regadoras que cruzaban dicho camino y que regaban los fundos agrícolas cercanos al pueblo, formándose “las  rondas”, actualmente algunas de estas acequias han sido enterradas y/o canalizadas en base a una política de mejoramiento del ornato.

Había una acequia que regaba el jardín de la plaza y el huerto de la  casa del cura y “… desde allí se podía contemplar el suave transcurrir del agua del canal [acequia] de regadío que por la calle Espinar llegaba hasta la plaza de armas y a la casa cural, de la entonces vieja iglesia del Dr. José Luís del Carpio” (JFC “La Bajadita”. En La Punta. 1994, p. 19).

El primer barrio en formarse fue llamado “la Cabrería” (ahora Chicago Chico). Con un trazo formal “cuadrilátero”. Las calles principales en un principio estaban empedradas,  aunque no se tiene información de quién fue el promotor de dicha obra de empedrado, sin embargo eso solo está en el recuerdo de los punteños antiguos,  ahora lucen asfaltadas.   

Posteriormente, a causa de los terremotos, principalmente el de 1958 y 1960, la quincha y el adobe fue sustituido por el cemento (2)  que ha sido utilizado en la “arquitectura moderna”, lo cual es “…copia indiscriminada de modelos provenientes de las grandes urbes o próximas” (Arenas Portugal, Miguel: “La arquitectura en el valle de Tambo”. En La Punta.1996, p. 32-34), expresado principalmente en los espacios públicos (plazas, instituciones, etc.) 

PATRON ARQUITECTONICO: CASAS Y CASONAS. 

Plano de una casa tradicional en Punta de Bombón 
Las  primeras casas que se construyeron en la punta fueron de carrizo (caña brava) o quincha rústica y techos de mojinete con entramado de “matara” (esteras); posteriormente, después del maremoto y terremoto del 13 de Agosto de 1868, se hizo las construcciones con  quincha tartajeada y adobe. Este material de construcción (adobe) solo fue empleado para hacer las casonas, que actualmente existen pocas, y solo las construían las familias más pudientes de la Punta. 

Las casas de quincha se diferencian  de las de adobe en el diámetro de las paredes. Estas  tenían 20 a 25 centímetros de espesor y los materiales usados son la madera o palos de sauce, caña brava tejida, con revoque de barro, como material accesorio utilizaban fibras vegetales, alambres o clavos, para las uniones y amarres; el barro para el revoque  era necesariamente de tierra de chacra y paja de arroz para estabilizar la compactación.

En la preparación y selección de los materiales era necesario el secado de la madera o los palos, bajo la sombra. Para preservar estos palos se les echaba abundante petróleo o kerosene. La caña brava debía estar madura y seca, también bajo la sombra, en estado rollizo y sin pelar; esto para que lograran más adherencia al barro.

Para construir las casas de adobe, primeramente elaboraron un plano o un croquis, en el cual distribuían las habitaciones, que por lo general eran cuatro piezas y un zaguán (pasadizo) en el medio; dos habitaciones eran destinadas a sala y comedor respectivamente, y las otras dos para dormitorio.

La sala tenía puerta a la  calle y dos ventanas, generalmente una en cada lado de la puerta; se dividía la sala y el comedor con una pared de adobe, y este colindaba con el primer patio; el comedor no tenía pared hacia el patio, sino unos balaustres, los mismos que terminaban en el zaguán.

El zaguán se dividía de la sala con una pared de quincha; el zaguán y el comedor estaban separados por balaustres. Las dos habitaciones  contiguas al zaguán eran dormitorios, uno para los padres y otro para los hijos sin distinción de sexo, la cocina estaba ubicada en el primer patio, este  tenia salida  a la calle por una puerta que denominaban “porticalle”; otro patio espacioso, “el traspatio” que abarca la mitad del área de la vivienda y que servía de gallinero, aquí también se ubicaba la letrina. 

El adobe  era necesariamente “tierra de chacra”. Don Marcos Rivera Álvarez, fabricante de adobes y constructor de casas, seleccionaba la tierra haciendo unas bolitas de barro de 2 cm. de diámetro y las ponía a secar por 2 horas; después las trataba de romper con los dedos; “si las bolas se rompían esa tierra no servía para hacer adobes; y si las bolas no se rompían, esa era la tierra que servía para hacer los adobes” (Rivera, Jorge: “Comentario de su padre Marcos Rivera”). Otra prueba para ver si la tierra era apta  era “formar con el barro un rollito frotándolo con las manos, si se rompía antes de los 5 centímetros de largo, la tierra no era apta; pero si la tierra pasaba los 15 centímetros, la tierra era adecuada para hacer los adobes” (Rivera, Jorge: ídem).

La tierra seleccionada debía zarandearse en una malla de ¼ de pulgada, solo así la mezcla podía compactarse, evitando que se formen burbujas de aire dentro del adobe. Mojaban la tierra necesaria y permanecía en reposo por 2 días antes de usarla para los moldes. Para mejor resistencia de los adobes a la lluvia se agregaba al barro paja de arroz. El tamaño del adobe era de 20 centímetros de ancho y 50 centímetros de largo; había otros más antiguos  de 56 x 27.

Para hacer las zanjas. Marcaban  las líneas utilizando yeso, aserrín o “moro moro”. Las zanjas tenían unos 50 cm. de ancho y una profundidad de 60 cm. El cimiento consiste en agregar material a la zanja. Es una  mezcla compuesta por una mampostería de piedra grande, angulosa y barro, formando una estructura compacta. Estas piedras  eran colocadas cuidadosamente y posteriormente echaban el barro y presionaban con palos hasta asegurase que el barro entrara en todas las piedras. 

Para levantar las paredes se fijaban listones a modo de reglaje, perpendiculares al cimiento y servían como guías para hacer paredes derechas. Marcaban con reglas las medidas de 20 cm. Para las filas de adobe que se asentaban con una separación de 2.5 cm., que era para de mezcla, amarraban un cordel para la primera guía, mojaban el cimiento para que el barro de adhiriera bien.

Colocaban la primera fila de mezcla (barro) y la primera fila de adobes, cuidando que la separación horizontal entre adobe y adobe fuera de 2.5 cm. También corrían el cordel para la segunda guía y continuaban asentando la mezcla (barro) y los adobes, siempre taconeando bien las juntas verticales y horizontales.

Continuaban este proceso hasta hacer la pared. Antes de asentar las paredes era necesario presentar como iban a quedar los amarres; esto era clave en las esquinas y en las paredes tipo T. Después de avanzar 1.20 m. de altura en la pared, era necesario marcar la ubicación de las ventanas. Estas no debían ser muy anchas puesto que se restaba fortaleza a la pared. Normalmente las ventanas tenían 90 cm. de ancho  y 1.40 cm. de altura. Necesariamente tenían que estar ubicadas en el centro de la pared para evitar que uno de los lados de ésta fuera más débil que el otro.  

El modelo del techo generalmente era con caída a dos aguas o comúnmente llamados “mojinete”. Para lograr la pendiente del techo hacia ambos lados era necesario construir tímpanos, que consisten en prolongar la altura de las paredes que van a formar la cumbre.

También están compuestos con tijerales, encima de los cuales iban esteras y calaminas. En otros casos solamente esteras: otros colocaban argamasa (barro con caña brava armada  y estucada con cal).
Existían varios techos de este tipo. Ahora solo se conserva uno, que es de la familia Prado, en la calle Víctor Lira. Los carpinteros que hacía estos techos, las puertas y las ventanas, era don  Manuel López, Félix Juárez y Genaro Calderón.

Una vez culminada la construcción de las casas, las estucaban con arena cernida, cal y agua. No se utilizaba el cemento (Jorge Rivera: “Comentario personal”). Era costumbre también colocar en las jambas de las puertas las iníciales de la familia y el año de construcción de la casa. En una figura “año de 1923” (casa de la familia Cáceres Portugal en  la calle Bolívar Nº 312).

Entre el techo y el muro de adobe sobresalían unas vigas que se asentaban en el muro y sostenían los tijerales. Para ocultarlos colocaban cornisas de madera en toda la fachada de la casa.

Las puertas y las ventanas, como eran angostas, por los motivos que ya explicamos, las adornaban con jambas, dando una impresión de puertas y ventanas anchas.

Si bien es cierto que las ventanas eran angostas, necesariamente tenían que ser altas, pues el adobe, al igual que la quincha, son materiales térmicos y necesitan ventilación, especialmente en los meses de verano. 

Los pisos de las casas eran de madera. En otras utilizaban la loseta pasteada (especie de ladrido más delgado y cuadrado).

Las casas eran pintadas con colores variados, pero sin estridencias: amarillo, púrpura, naranja o zapallo, verde lechuga o rosado.  

Existieron también casas de dos plantas, la primera de adobe y la segunda de quincha, el terremoto del 2001 las destruyo,  como la de la familia Tejada en la calle Víctor Lira (ver foto 5), el hotel Bolívar en la calle San Martin de la señora Rosa Guillen, la casona de la familia Álvarez en calle Espinar, frente a la plaza y al costado del centro policial, y del cual solo conserva el balcón, “La tía María (Álvarez)  era la hija menor de los abuelos […] y para su vivienda le dieron toda el ala derecha de la casa sobre la que construyeron un segundo piso […] en la sala de la tía María se congregaba lo mas graneado del pueblo y era dama que resolvía los problemas económicos de la iglesia con frecuentes actuaciones de beneficencia…” (ALVAREZ BISBAL, Oscar. “La tía María y los paseos a las lomas”. Inédito.)

Un espacio arquitectónico que caracteriza a estas casas es el comedor abalaustrado, este modelo de comedor era utilizado en las casas haciendas de los valles del sur del Perú, cumplían la función de tener vista las tierras y mantener fresca la casa, tal es la función que en las casonas de la punta estos comedores tenían vista a la huerta que tenía en el primer patio, un suceso en el comedor de la familia Álvarez es el siguiente: “Mi abuela Tomasa era diestra en todo. Cazando nadie la ganaba. Solía contar con orgullo lo mal que quedaron unos militares que alguna vez fueron por el pueblo con motivo de  lesionar las montoneras de Piérola. Se trataba de dos tambeños que hicieron carrera militar y eran a la sazón capitanes, don Juan Francisco Chávez Valdivia y don Teodoro Laguna.


La casa de mi abuelo era forzoso alberge de los extraños o forasteros que caían por el pueblo y los aludidos militares se alojaron en ella despertando la curiosidad de todos […] estando una tarde ya en la sobre mesa del comedor saboreando un suculento almuerzo, divisaron en la huerta una frondosa higüera, uno de los comensales descubrió un solitario higo en el recodo de una rama. Uno de los militares propuso un concurso de tiro para derribarlo, propuesta que fue unanimente aceptada, comenzó el capitán, y nada; luego el otro capitán;  mi abuelo y los demás varones, y nada. A eso llego mi abuela desde la cocina atraída por el griterío y los disparos – ¡traigan paca esa pistola, viejos tembleques… apunto rápidamente … disparo y el higo cayó sobre la mesa. Este exitoso momento de una mujer, sirvió  de pretexto para    que todo el mundo brindara en su honor, con grave perjuicio para la bodega de mi abuelo. (ALVAREZ BISBAL, Oscar. “la abuela Tomasa”. En La Punta. N° 16. 1985).

CASONAS REPRESENTATIVAS

Casa de doña Carmen Cáceres Salas, ubicada en la calle Sucre, fue construida por su padre, don Daniel Cáceres,  alrededor del año 1930; está en buen estado y aún conserva sus ventanas de vidrio y una mampara en la puerta principal de la sala, así como muebles de mimbre, sin embargo el comedor abalaustrado ha sido cambiado por una pared de quincha colindante al patio, conservando los balaustres colindantes al zaguán. 

Otra casa es la de la familia Cáceres Portugal; no está en buen estado, pero aun conserva el balaustre del comedor (ver foto 3 y 4. Otra es de doña Carmen Torres, en la avenida San Martín. 

La casa de don Salomón Misad Núñez fue construida por su padre  Don José Abrahán Misad Valer, hecha en adobe, fue proyectada para tienda con tres puertas a la calle, y un ambiente continuo para sala y en la parte posterior los dormitorios.

Fachada de la casona de Carmen Cáceres Salas, calle Sucre  N° 205, se aprecia pintadas de color blanco las jambas y la coniza, el zócalo a la altura de la ventana y el techo de mojinete


Interior de la casa de Carmer Caceres, calle Sucre N° 205, se aprecia la balaustrada entre el zaguán y el comedor 


Interior de la casa de Carmen Caceres, calle Sucre N° 205, se aprecia el techo a dos aguas o conocido como techo de mojinete

Interior de la casa de Carmen Caceres, calle Sucre N° 205, se aprecia las mamparas de la sala y puestas y ventanas que dan hacia la calle. 

Interior de la casa de Carmen Caceres, calle Sucre N° 205, se aprecia muebles de la época en la sala


Interior de la casa de la familia Paulet Tejada, calle Calle Bolivar, se aprecia la balaustrada del comedor y el patio 
Interior de la casa de la familia Paulet Tejada, calle Calle Bolivar, se aprecia los muebles del interior de la casa


Interior de la casa de la familia Paulet Tejada, calle Calle Bolivar, se aprecia el comedor principal