domingo, 8 de abril de 2018

CONOCER A EUSEBIO QUIROZ Y UNA TEORÍA DE AREQUIPA



Eusebio Quiroz Paz Soldan 

Conocí a doctor Eusebio Quiroz Paz Soldán una tarde de invierno arequipeño  hace diez años en su casa donde fui a conversar sobre “mitos y leyendas de Arequipa”, tema de un trabajo de investigación que me dejaron cuando estudiaba  en la Universidad, era mi primer semestre y no conocía bien  la historia de Arequipa.  

Llegue a casa del doctor Eusebio por  contacto de un tío que me abrió las  puertas de su casa cuando llegue de Punta de Bombón, mi pueblo natal,  a estudiar historia en la universidad Nacional de San Agustín; me presente  dando referencias personales y familiares porque sabía que su esposa,  doña Lucy Pacheco, había nacido también en mi terruño. No fue larga aquella presentación, pero recuerdo que la cortó con una frase que me puso algo nervioso: “Al grano, al grano y sin padrinazgos”, de alguna manera eso  me hizo tener  una idea de la personalidad del doctor Quiroz, sin embargo me ayudo pacientemente  en mi tema sobre los “mitos…” de Arequipa. 

Eusebio Quiroz - Percy Eguiluz 
Aquella tarde fue la primera vez que escuche una clase magistral sobre  la historia de nuestra ciudad  y la metodología  para investigar el pasado, al margen de explicare que aquel tema no es propio del trabajo de un historiador, si no que forma parte del folclor de la ciudad, y en algunos casos de la literatura. Me guió como realizar la investigación  recomendándome  leer el libro  “San Gil de Cayma”  de Francisco Mostajo y “Tradiciones de Arequipa o recuerdos de antaño” de Mariano Ambrosio Cateriano.  Desde entonces frecuento su casa para colaborar en su trabajo y a la vez aprender,  formarme como historiador, tal vez como él,  porque creo que todos los que estamos “metidos en el oficio”, como  suele decir, reconocemos  la   trayectoria del doctor Eusebio, leemos sus libros y escuchamos sus opiniones o sugerencias cuando le decimos que investigamos un tema, sobre todo de Arequipa,  y nos    orienta, a veces con un tono de voz que puede parecer impaciente o exigente, pero que en el fondo revela su propósito de guiar, no de mostrar que sabe mucho, sino que conoce biografía histórica y metodología de investigación.

La teoría que explica Arequipa

Uno de los temas que aprendí trabajando con  doctor Eusebio fue la teoría de la  identidad cultural mestiza de Arequipa, tema que casi siempre plantea en sus conferencias y presentaciones de libros sobre la historia de nuestra ciudad. 

Dedicatoria en uno de sus libros
Esta teoría el doctor Quiroz la sustentó en dos ensayos: “Arequipa: Pasado y presente”,  discurso que pronuncio en la sesión solemne por el cudricentesimo quincuagésimo aniversario de la fundación de Arequipa el 15 de agosto de 1990;  y en “Identidad cultural de Arequipa” ponencia que presento en el coloquio sobre “Identidad Nacional: el Perú y sus provincias” organizado por el instituto Riva Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1997.


Expone esta teoría planteando la pregunta ¿Cuál es la explicación posible a esa señera presencia del pueblo arequipeño en la vida del Perú? y encuentra la respuesta en el analisis a los ensayos, versos, libros  y reflexiones de escritores arequipeños o foráneos  y también en los puntos de vista de los historiadores que se ocuparon de Arequipa.

En estos trabajos los autores expresan emotividad, nostalgia  al paisaje, a la geografía, plantean un sentido regionalista,  y lo más importante, que explica la teoría de Arequipa, es el encuentro de elementos comunes que hacen nuestra ciudad tenga una identidad cultural mestiza y que se aprecian en la arquitectura, la música,  la gastronomía, el habla popular y la religiosidad.   

Estos elementos se refieren al paisaje y la geografía arequipeña, su medio rural y contraste con el urbano, la arquitectura mestiza, el espíritu religioso, la actividad agrícola, la existencia de un habla popular llena de arcaísmos, quechuismo y cholismos;  el sentimiento familiar y cívico, la vocación jurista, la trayectoria revolucionaria, el alma romántica de sus poetas y el sentido social democrático.       

Todos estos elementos los encontramos en los libros de Revoluciones de Arequipa de el Deán Valdivia,  artículos y ensayos  de Francisco Mostajo que recopilo  junto con el Licenciado Álvaro Espinoza de la Borda; La arquitectura planiforme y textilografica del padre San Cristóbal; en el diccionario de arequipeñismo de  Juan Guillermo Carpio Muñoz, en  “Arequipa genio y figura” de Antonio Gonzales polar, o en “La Semana Santa en Arequipa” de Lorenzo Taca, en el “Elogio de Arequipa” de Jose Luis Bustamante y Rivero, en la conferencia “La leyenda de Arequipa” de Mario Polar; en el libro “La Monja Gutiérrez y la Arequipa de ayer  y hoy” de Manuel J. Bustamante de la Fuente; etc.


Entonces el doctor Eusebio planteo esta teoría identificando, en los libros y ensayos sobre Arequipa,  rasgos singulares desde diferentes perspectivas como   la arquitectura, la música, la gastronomía, el habla popular y la religiosidad, siendo los más importantes, que le dan ese carácter de una identidad cultural mestiza.    


En homenaje a Eusebio Quiroz Paz Soldan, del alumno que reconoce en su maestro la enseñanza. 

domingo, 25 de marzo de 2018

LA OBRA HISTORIOGRÁFICA DE MANUEL DE TORRES MUÑOZ


Continuando con la serie de artículos sobre la provincia de Islay,  es conveniente ahora escribir sobre la obra historiográfica del médico Manuel de Torres Muñoz, que me parce, es más conocido por el nombre del hospital de ESSALUD de Mollendo, que por su trayectoria intelectual.




MANUEL DE  TORRES MUÑOZ

Manuel de Torres Muñoz nació en Andalucía, España, el 31 de mayo de 1913. Se graduó de médico en la Universidad de Madrid en 1935, y llego al Perú en 1949 para luego obtener el título de Médico Cirujano en la Facultad de Medicina  de la Universidad Mayor de San Marcos en julio de 1950, ratificando el mismo que había obtenido en Madrid a los 22 años, y poder ejecutar su profesión en nuestro país.

Ejerció su labor de medico en el viejo hospital “El Carmen” de Mollendo, y en la atención particular, radico en el “Puerto bravo” algo más de 20 años, incursiono en el periodismo y la investigación histórica; fundó y trabajo en las 14 ediciones que tuvo la revista Mollendo, órgano del Centro Cultural Carlos Baca Flor,  entre  1957 y 1969, donde escribió una serie de artículos históricos sobre instituciones y sectores de la actividad Porteña. Nunca ocupo la dirección de la revista, solo fue administrador  de la misma.

Es a raíz de la vinculación que tuvo con el Centro Cultural Baca Flor y la revista que editaron, que Manuel de Torres Muñoz, se intereso por el pasado de nuestra provincia, investigando en las crónicas del periodo colonial y los testimonios de los viajeros que pasaron y describieron nuestra provincia y el desaparecido puerto de Islay, como la célebre Flora Tristán o  el sabio naturalista Antonio Raimondi, afirmamos esto  pues menciona a estos personajes entre las fuentes de consulta, entre otros documentos históricos. 

LOS ARTÍCULOS EN LA REVISTA MOLLENDO

Los artículos de la revista Mollendo son: “Sobre la monografía de Mollendo y la provincia de Islay” (1957); “El ferrocarril. Resurrección de Mollendo” (1958); “Carlos Baca Flor”  (1959); “Crónica del pueblo de Islay”  (1960); “El manantial de La Aguadita”  (1961); “El fuego. Mayor enemigo de Mollendo”  (1962); “Datos para la monografía de Mollendo y la provincia de Islay”  (1963); “El hospital El Carmen de Mollendo”  (1964) “Bosquejo histórico del alumbrado de Mollendo”   (1965) “Mollendo y la guerra con Chile”  (1966) “Nuevamente sobre la monografía de Mollendo y la provincia de Islay”  (1967) “Nuevos aportes a la monografía de la provincia de Islay”  (1968) “El hospital El Carmen de Mollendo” (1969).

LA MONOGRAFÍA DE MOLLENDO Y LA PROVINCIA DE ISLAY

Manuel de Torres Muñoz publico un solo libro;  “Ensayo monográfico sobre Mollendo y la Provincia de Islay”, que es en realidad, al margen de un estudio histórico de la provincia, un ensayo sobre la realidad social, económica y política de  la provincia en 1970, año que se publico el libro, que sin embargo tiene un valido origen y estudio, como veremos a continuación.

El “Ensayo monográfico sobre Mollendo y la Provincia de Islay” fue  auspiciado por el comité Pro-centenario de Mollendo; el antecedente de la publicación de este libro empieza en  mayo de 1970, cuando  a solicitud del alcalde de la provincia de Islay don Manuel de Madalengoitia, un grupo de Mollendinos constituyó el comité Pro-centenario para publicar la monografía y propusieron a Manuel de Torres Muñoz que haga la obra, pues tenía ya avanzado un estudio y que venía publicando en la revista Mollendo del Circulo Cultural Carlos Baca Flor.

La obra está dividida en 6 capítulos, y antecede una breve presentación del recordado profesor  y abogado Isaac Torres Oliva. El primer capítulo trata de la provincia en general desde la época pre-inca, inca, colonia y republica, además de tratar los aspectos de la geografía, política, economía, sectores productivos, salud vivienda, educación, agricultura, ganadería, etc. termina el capitulo con un estudio de los personajes más representativos de la provincia de Islay: Juan Gualberto Valdivia y Carlos Baca Flor.           

El segundo capítulo es un estudio histórico del distrito de Mollendo, pues así titula este; empieza desde los primeros pobladores, yacimientos arqueológicos, el ferrocarril y el surgimiento de Mollendo, los incendios que sufrió este puerto, Mollendo y la Guerra con Chile, la luz eléctrica de Mollendo y termina el capitulo un estudio sobre los cien primeros años de la historia hospitalaria de Mollendo; además analizar la situación política, económica, demográfica , de salud, de educación de Mollendo en el año de la publicación de la obra .    

El tercero, cuarto, quinto y sexto capítulos se refieren a los distrito de  Cocachacra, Punta  de Bombón, Deán Valdivia y Mejía respectivamente; es como en el capítulo sobre Mollendo, un brevísimo estudio  histórico de estos distritos  y un ensayo de la   realidad social, política y económica de los mismos en la década de 1960.

El “Ensayo monográfico sobre Mollendo y la Provincia de Islay” es un libro fundamental y base para una investigación histórica de nuestra provincia, pues a partir de lo publicado en este, empezaron otros estudios y publicaciones  que completaron las falencias que se encuentran al revisar la obra de Manuel de Torres Muñoz, que falleció, en Lima,  en diciembre de 1991, a la edad de 78 años.

sábado, 17 de marzo de 2018

EL DEBER: UN PERIÓDICO CATÓLICO DE AREQUIPA

El diario El Deber empezó a circular el 31 de octubre de 1899 y dejo de existir el 30 de setiembre de 1962; un pequeño aviso en el margen superior izquierdo de la portada de la última edición explica el motivo de su cierre definitivo: “por razones económicas insuperables “El Deber” dejara d[sic] salir a partir del lunes 1º de octubre. Agradecemos al comercio, a la industria, a nuestros suscriptores y lectores, la confianza que nos han dispensado, permitiendo el sostenimiento de esta hoja periodística por más de setenta años”.

MOTIVOS DE FUNDACIÓN

El Deber se fundó gracias a la iniciativa de monseñor José María Carpenter, quien donó una imprenta traída de Estados Unidos para iniciar la edición de este proyecto periodístico, y también de los doctores Mariano y Víctor Andrés Belaunde, Carlos Rubén Polar, Abrahán de Vinatea, Manuel Trinidad Marina, el presbítero Pedro José Neira Balbuena, y de la Unión Católica de Arequipa, institución fundada en nuestra ciudad en 1887, que además tuvo un órgano periodístico denominado “La Patria” de efímera existencia.

La razón de la fundación de esta hoja periodística era porque en esos años el discurso liberal ganaba terreno en la sociedad arequipeña, esto lo confirmó años después un vocero de este diario, el doctor Chocano, “La idea de la fundación de El Deber surgió de la realidad que Arequipa es una ciudad eminentemente católica y que por esa época ciertas doctrinas como el liberalismo cada vez más se propagaban en la ciudad”. Esta afirmación tiene sentido pues en Arequipa por el año de la fundación de El Deber circularon también ediciones periodísticas como El Constitucional”, dirigido por Juan Rosel de corte liberal; “El amigo del pueblo” de carácter político literario a cargo de Ricardo Medina y Belisario Soto; “El Orden”, periódico político que defendía al coronel Morales Bermúdez; “El Constitucional” de corta duración, del 7 de junio al 8 de noviembre de 1890, unos días compitió con El Deber, dirigido por Juan Rosel; “El Hogar” publicación semanal dedicada a las letras, dirigida y fundada por Renato Morales, donde escribían Samuel Velarde y Edilberto Zegarra Ballón, más tarde fundador de El Pueblo; “El Boletín Municipal” del 14 de junio de 1891; “El Cornupedo” del 4 de julio del mismo año, los dos redactados por miembros el club literario de Arequipa. Aunque estos fueron de efímera duración, es importante tomarlos en cuenta porque algunos de estas hojas periodistas fueron de tendencia liberal y creemos que los católicos arequipeños hicieron frente a esta corriente a través de El Deber  que defendía la enseñanza de la iglesia católica y rechazó los ataques contra la misma.


ESTRUCTURA E IMPRENTA

El diario El Deber empezó como un semanario en su primer año, luego paso a ser un vespertino aproximadamente los cinco años y finalmente paso a ser matutino, sin embargo, hubo un periodo en su primera década que tuvo dos ediciones diarias (mañana y tarde).
El Deber empezó a funcionar en un primer momento en la casa del Moral, luego se trasladaron a la plaza 28 de febrero donde actualmente es el museo municipal, y finalmente se ubicaron en la esquina de las calles Santa Marta con Jerusalén, donde actualmente se conoce al edificio con el mismo nombre.

FORMATO Y DIRECTORES

El formato de edición de El Deber fue porte tabloide, con seis columnas. Algunos de sus directores fueron José María Carpenter; Manuel Segundo Ballón, quien fue obispo de Arequipa; Abrahán de Vinatea; Miguel La Rosa; los Monseñor Francisco Rubén Berroa, Erasmo Hinojosa y Juan Gualberto Guevara que luego fue cardenal; el mercedario fray Víctor M. Barriga; y los abogados Arturo Villegas Romero y Eduardo Indacochea Zaraus; estos dos últimos laicos.

Temas que se pueden encontrar en este diario

Es importante destacar que el Mercedario Víctor M. Barriga autor de varios libros donde publico documentos sobre la historia, cuando fue director y después de serlo para El Deber escribió artículos históricos sobre el pasado de nuestra ciudad, existe una relación de sus obras y artículos en El Deber hecho por Luis Valle Goicochea.

En las páginas de El Deber se encuentran un testimonio de la historia de Arequipa de los en los 63 años de su existencia, hechos como el ascenso al volcán Misti  por el obispo Manuel Segundo Ballón en 1900; Inauguración de obras públicas como el hospital  Goyeneche (1912), los hospitales Obrero  y Del Empleado, hoy ESSALUD; el Colegio Independencia y la Facultad de Letras de la UNSA; además de  sucesos penosos como el incremento del caudal del rio Sabandia en 1926  donde murieron varios arequipeños; los terremotos de 1958 y 1960; incendios en la ciudad de Arequipa y accidentes automovilísticos. También se encuentra ediciones especiales de varias páginas en El Deber hechas en acontecimientos importantes como  las Bodas de plata de este periódico en 1915 donde se rescató o se volvió a publicar la primera  edición; el centenario de la independencia del Perú, la celebración de los cuatrocientos años de la fundación de Arequipa en 1940, las Bodas de Diamante y de Oro donde se escribió la historia de este periódico; además por la ferias ganaderas u otros acontecimientos.    
      
Al cerrar El Deber, su imprenta la adquirió el historiador Artemio Peraltilla Díaz para abrir su editorial “Imprenta El Sol”. 

sábado, 10 de marzo de 2018

ALEJANDRO DORICH. UN ESPAÑOL EN EL PUERTO DE MOLLENDO Y EL VALLE DE TAMBO

Comúnmente en la población de un puerto habitaban gentes de diversas nacionalidades que fomentaban la economía a través del comercio. Tal es el caso del español Alejandro Dorich quien se afinco en el desaparecido puerto de Islay en un primer momento, y luego en el naciente Mollendo. Conocer a este personaje nos ayudara también saber sobre la vida económica y social, en los inicios del puerto de Mollendo.

EL PERSONAJE Y SU FAMILIA

Alejandro Dorich Recasens nació en la provincia de Canarias - España, y se afinco en el viejo puerto de Islay desde 1856 aproximadamente. Se caso con María Santos Meneses Pino el 24 de julio de 1859 en la Viceparroquia de Nuestra Señora del Carmen del puerto de Santa Rosa de Islay. María Santos fue hermana del notable abogado arequipeño Dr. Andrés Meneses, fundador del Colegio de Abogados de Arequipa, y con Alejandro tuvieron negocios rentables, como luego veremos.

Alejandro Dorich y María Meneses formaron una familia numerosa con doce hijos: Ramón, Carmen Victoria, Alejandro, María Jesús, Mariano Tomas, Sofía Simona, María Santos, Carlos Tomas, Luis Ángel, Elena, Julia Raquel y Francisca Natalia Dorich Meneses; de los cuales le sobrevivieron nueve, según su testamento.

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Dibujo del poeta Rafael Mendez Dorich
Crédito: www.elbbdordelanoche.blogspot.com
Las hijas de Alejandro Dorich: Carmen Victoria contrajo matrimonio con Clímaco Gómez Valdez y radicaron en Paris; María Jesús se casó con Alejandro Méndez López cuyo hijo fue el destacado poeta Rafael Mendez Dorich; Sofía Simona con Carlos Benavides; María Santos con Ignacio Riglos San Martin;  Francisca Natalia con Adolfo Saenz; y Elena Dorich Meneses  contrajo matrimonio con José María Rey de Castro Ruiz de Somocurcio.

Los hijos de Alejandro  Ramón,  Alejandro, Mariano y Carlos Dorich Meneses murieron solteros; sin embargo, el otro hijo de Alejandro, Luis Ángel Dorich Meneses, casó con Manuela Torres Valderrama, natural de Mollendo, estableciéndose en  este puerto manteniendo la casa comercial que fundó Alejandro Dorich.

PRESENCIA EN MOLLENDO

Casi nada se conoce de la actividad económica de Alejandro en el puerto de Islay, sin embargo, aparece comprando una casa en Mollendo el 1 de julio de 1887, los años iniciales de este puerto; esta casa la adquirió de los hermanos Juan y Encarnación Rondón.  No obstante, en su testamento Alejandro menciona otra casa, ubicada en la calle Mercaderes 115 en el mismo puerto, la que habito hasta su muerte. Esta casa de la calle Mercaderes en Mollendo fue adquirida en compensación con el Fisco por otra de mayores dimensiones que su esposa tuvo en el desaparecido puerto de Islay; esto significa, que al clausurarse el viejo Islay, sus pobladores fueron beneficiados con terréennos para construir casas en Mollendo, según el plano elaborado por el ingeniero Thorndike.

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Fotografía de la casa de tres pisos de Alejandro Dorich en la plaza
Bolognesi en Mollendo
En su testamento Alejandro Dorich también menciona otra casa de tres pisos situada en la plaza Bolognesi del puerto de Mollendo la que arrendo por varios años a la agencia de vapores “Yng Cesa y Sid”; dice Alejandro en su testamento que esta fue construida por él en un terreno que compro de don Félix Mariscal; aun existe parte de este edificio  en la plaza mencionada.

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En 1888 constituyó en sociedad con los señores “Speede e hijos” una casa comercial en Mollendo, según escritura ante el notario Fernando Calderón de este puerto. También compro un buque en compañía de su cuñado al que nombraron “Andrés Meneses”; sin embargo a consecuencia de la guerra con Chile se le cambio de bandera y nombre para hacerlo pasar por extranjero.  Posteriormente este buque lo vendió a don Agustin Luinas y Cia.  

Estableció, también en Mollendo, una librería llamada “Minerva”, la que vendió antes de su muerte a don Ramón Albareda, en la cantidad de siete mil soles.

Con el comerciante Víctor Mac Kord formo una empresa para cargar y descargar los buques que llegaban al puerto de Mollendo, para cual introdujo como parte de su capital doce lanchas y el señor Mac Kord su industria. Esta sociedad trabajo con los buques que llegaban consignados a la empresa de los ferrocarriles, según  testamento de Dorich.

Aseguro su comercio en la compañía de seguros de Nueva York denominada “La Equilativa”  por la cantidad de 10 mil pesos oro americano desde 1890.

 Hasta su muerte Alejandro Dorich llevo un juicio con el Estado Chileno por los daños y destrozos que ocasionaron las tropas del ejército del país vecino   cuando invadieron e incendiaron Mollendo en 1880, dice en su testamento “En cuyo incendio se destruyeron las casas y almacenes  que entonces tenía de mi propiedad, que con este motivo tengo una reclamación ante el gobierno chileno por 1.200 soles que valían mis propiedades incendiadas, cuya reclamación se encuentra en estado favorable…”.
 
PRESENCIA EN EL VALLE DE TAMBO

La presencia de Alejandro Dorich en el valle de Tambo, específicamente en Punta de Bombón, empieza con la adquisición de la  hacienda “El Pino” el 12 de diciembre de 1891; esta hacienda la compro de la señora Natalia García Vda. de Castresana. En la escritura de venta de la hacienda “El Pino” no específica la cantidad de tierras que la conforma, sin embargo menciona los linderos, posiblemente porque aun las tierras de esta eran eriazas. La cantidad de la venta fue de veinticinco mil soles en moneda nacional de plata sellada corriente.

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Restos de la hacienda El Pino en el valle de Tambo
Al momento de la venta, según la escritura, se partieron por mitad la miel  producida hasta la fecha de misma, entre los “Piqueros” que eran los trabajadores de la hacienda  y Alejandro Dorich; así lo dispuso la señora Castresana.
Alejandro Dorich extendió la hacienda, aparentemente hacia el rio Tambo, comprando ciento seis topos terrenos eriazos, el 28 de setiembre de 1892, de los hermanos Jose, Benjamín, Manuel y Fortunata Torres Ampuero, nietos de Agustín Torres, quien en época colonial la intendencia de Arequipa adjudico a este las tierras de la margen izquierda del rio tambo y próximos al mar.  Los linderos de las tierras que compro Dorich eran: “por la cabecera con tierras del comprador señor Dorich, por el pie con el rio, por el costado de arriba con tierras de doña Juana Álvarez de Calderón y por el otro de abajo con la hacienda del doctor don Jose  Domingo Montesinos…”; estas tierras las anexo Dorich a la hacienda El Pino, volviéndolas productivas. Testimonio de estas es el actual fundo agrícola “Pino bajo”Luego de fallecer Alejandro Dorich,  sus herederos alquilaron la hacienda “El Pino” el 11 de julio de 894, al comerciante Víctor Mac Kord por nueve años; para entonces esta tenía un trapiche, oficinas, animales, herramientas, todo eso alquilaron incluso los terrenos blancos y de pan sembrar, montes y demás; según la escritura de arriendo.   Luego esta hacienda fue vendida a los hermanos Manuel y José Arispe Landa, finalmente el primero quedo absoluto de esta hacienda. 

jueves, 15 de febrero de 2018

UN VIAJE EN TREN

La construcción del ferrocarril de Arequipa a Mollendo hizo que  cambiara la forma de viajar de los tambeños, atrás quedaron los caminos de herradura, mulas y arrieros. Los viejos tambos, que servían de descanso en el viaje, quedaron al olvido. El ferrocarril trajo esperanza al valle de Tambo y también a las haciendas que existían, pues de alguna manera los productos de estas, llegarían rápido a la “ciudad blanca”  y hasta Bolivia; algunos comerciantes (intermediarios) se enriquecieron  con la venta de ají al país del altiplano; pero los viajes eran todo un acontecimiento, viajar a Arequipa u otras ciudades del sur andino era una novedad y espectáculo. Aquí un recuerdo de esos viajes desde el valle de Tambo.       

EL TREN Y EL VIAJERO  

Resultado de imagen para ferrocarril de arequipaEl tren salía de Arequipa a las ocho de la mañana y llegaba al valle de Tambo dos o tres de la tarde, primero a la estación de Cachendo donde las locomotoras enfriaban, luego a la estación de Tambo, cerca a Cocachacra; después a la estación de la Ensenada, donde los punteños esperaban a sus familiares; el tren seguía hasta Mejía donde también se construyo una estación, que en el verano fue muy concurrido; y finalmente Mollendo.     

La llegada del tren a la estación de la Ensenada era motivo de alegría, alli se compraban alfajores, mazos de caña y chancaca, tortillas de camarón, alfeñiques, miel de caña, etc.; el viajero tenía que llevar obligadamente estos productos tambeños a Arequipa, donde arribaba orgulloso después de saborear un chupe de camarones o un plato de locro en Vítor, o de sufrir mareos en Qusihuarani.
El tambeño era un viajero característico, algunos usaban por primera vez terno y zapatos y subían al tren cargados de saquillos de zapallos, camotes, caña, ají, y oros productos.  No faltaron los que perdían el tren en Vitor al demorarse en comer los sabrosos paltos que allí vendían.         

EL VIAJE DESDE LA PUNTA DE BOMBÓN

La estación de la Ensenada era el punto de concentración de los punteños para abordar el tren, pues estaba a 5 km., para llegar a la estación se salía del pueblo de La Punta por el crucero en dirección hacia la curva (por la plaza actual), luego subían el cerro Guardiola hacia la estación.

El 8 de junio de 1906 entro en funcionamiento el ferrocarril de trocha angosta de la hacienda Pampa Blanca, el trazo de este ferrocarril era desde la misma hacienda- Cocachacra- el arenal- y subía a la estación de la Ensenada por el cerro Guardiola; es así que lo punteños aprovecharon las pequeñas locomotoras,  para llegar  a la Ensenada desde Guardiola (La curva). En 1915 los López de Romaña  también construyeron un ferrocarril de trocha angosta paralelo al de Pampa Blanca. Los dos tenían vagones para los viajeros.

UN SUSTO DE VIAJE
Resultado de imagen para biografia de eduardo lopez de romañaEn junio de 1871 la familia López de Romaña decidió viajar a su hacienda, Chucarapi, en el valle de Tambo. En una carta que  escribió doña María Carmen Bustamante y Gamio,  abuela materna de Eduardo López de Romaña, que posteriormente fue presidente de nuestro país, nos describe su experiencia del primer viaje en tren: “Arequipa, setiembre 18 de 1871. Mi amado hijo, mi Eduardo. Aunque sea a última hora por la alteración de la marcha de los vapores, no quiero dejar de saludarte desde esta hacienda a donde llegue hace ocho días sin novedad, aunque después de los grandes sustos que me ocasionó el ferrocarril, en el que creí no me resolvería andar. Puedes imaginarte cumplí antes con todos los deberes del cristianismo, recibiendo el viático y la estrema unción como el que va a dejar el mundo; tal era pues mi terror de viajar por este nuevo sistema, tan diferente del que habíamos empleado antes, en que tan pacíficamente y en tren de caravana, acompañados de campanillas y esquilas; de tiendas de campaña, barriles de agua, alforjas, ollas y cantaros emprendíamos alegremente la marcha; y esto sin contar las jabas y los serones en donde iban los niños. Así se hacía en tres días este pesado camino, cuando hoy se necesitan apenas 5 o 6 horas. En el ferrocarril solo tuvimos uno y fue que, habiendo llovido la noche anterior, y temiendo se hubiese descompuesto en Cahuintala salió una maquina chica de Mollendo a inspeccionarlo, de modo que el tren de Mollendo, con ese retardo, no pudo salir de Tambo hasta la una del dia, cuando debió salir a las 9 de la mañana, resultando que el de Arequipa en que veníamos tuvo que esperar en la joya esas tres o cuatro horas, de modo que en lugar de llegar a la estación de Tambo a las 3 de la tarde, llegamos a las 7 de la noche, haciendo el camino hasta Chucarapi en horas tan incompetentes. Hubieron muchos mariados [mareados], porque en este ferrocarril hay mucho mareo como en el mar…”.

EL FIN DEL FERROCARRIL

La carretera panamericana acabo con este ferrocarril desde mediados del siglo XX, que luego fue desmantelado en 1990. Las estaciones de Huagri, Cachendo, Pocso, Tambo y la Ensenada están deshabitadas y en ruinas, su actividad, solo queda en el recuerdo de los viejos tambeños. 

LOS CAMINOS Y VIAJES A TAMBO Y MOLLENDO

Viajar en estos días al valle de Tambo o Mollendo es tan rápido como conseguir movilidad, a pesar de algunos inconvenientes para abordar a una, por lo demás creo que la situación ha mejorado, digamos desde hace unos veinte o cincuenta años atrás. 

Viajar al valle de Tambo y cruzar el desierto, que comúnmente denominamos “La Pampa de La joya", Cachendo o Islay, me hizo reflexionar sobre los viajes de Arequipa a la costa, siguiendo tortuosos caminos, que me atrevería a decir que son rutas desde tiempos prehispánicos.

LOS CAMINOS PREHISPANICOS LAS MISMAS RUTAS DE HOY

Resultado de imagen para CAMINOS PREHISPANICOS DE AREQUIPAAugusto Cardona en su libro “Caminos prehispánicos de Arequipa” ha ubicado las rutas que utilizaron las comunidades andinas hacia la costa, siguiendo el curso de los ríos; Tambo fue uno de ellos; es así que los Puquinas, una comunidad de las alturas de Moquegua,  comercializaban el guano con los curacas de los pueblos de Chiguata, Pocsi, Ubinas y el valle de Tambo, además de poseer un parcialidad o derechos en las islas de la caleta de Cocotea. Las comunidades de Collagua y Cabanas del valle del Colca tenían parcialidades en Quilca y Aranta, que ha perdurado hasta bien entrado el siglo XX, como lo ha estudiado Juan Huanca en su libro “El circuito del cochayuyo en el siglo XX y la presencia del control del litoral de Islay por el pueblo de Sibayo  - Caylloma”. 

Luego de la conquista hispana varios de los caminos  prehispánicos  fueron abandonos o integrándose de acuerdo al establecimiento de las ciudades. Arequipa se fundó en 1540  y se convirtió en una ciudad de paso la costa hacia el alto Perú y Cusco. El puerto de Chule, ubicado entre Mejía y Mollendo, fue la puerta de entrada y salida a ultramar, el Cabildo de Arequipa acordó en 1556 la construcción de un camino real al puerto de Chule.

Resultado de imagen para CAMINOS PREHISPANICOS DE AREQUIPADel Valle de Tambo hacia Arequipa se subía  la quebrada “Cahuintala” o por la de “Linga”, la primera partía del pueblo de Cocachacra y la otra de El Toro en valle arriba. “Cahuintala” llegaba hasta la estación de Tambo donde se unía con el camino que salía de Islay, Chule  y La ensenada, continuar por la misma hasta  unirse con la quebrada de “Linga”  para luego ascender los cerros de “La Caldera” y descender por la quebrada “Sal si puedes” o de “Las siete vueltas” hasta Congata, Quequeña, Yarabamba, socabaya, y  entrar a la ciudad del Misti por la antigua calle de  “La Mar” hoy La Merced. Este era prácticamente el antiguo camino real que partía de Chule y pasaba por el valle de Tambo.  

Con la creación del puerto de Santa Rosa de Islay en 1827 se empezó a utilizar el camino de herradura de la quebrada de Guerreros hasta la Joya, donde se estableció un Tambo, punto obligado de descanso donde se encontraba alimento, alojamiento y bebidas, además de alfalfa para las bestias, luego  cruzaban el desierto hasta el tambo “La Jara” en las faldas de los cerros de “La Caldera” para unirse al camino que partía del Valle de Tambo.
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LOS VIAJES Y LOS TAMBOS

Resultado de imagen para flora tristanEn 1833 la célebre escritora Flora Tristán,  llego de Francia  para reclamar la herencia de su padre a su tío Pio Tristán, personaje acaudalado e influyente del Perú de inicios de la republica, Flora Tristan  desembarco en el puerto de Islay, y para continuar su viaje a la “ciudad blanca”, partió de Islay la madrugada del 11 de setiembre en una caravana de mulas,  subió por la quebrada de Guerrera, como ella lo anota, a una legua de Islay, y encontró fuentes de agua, arboles y unas cabañas, lo que debieron ser las lomas; cruzo la quebrada con las fatigas ocasionas por el sol y el polvo; al llegar al desierto, la arena quemaba tanto que pregunto si estaban sobre metal fundido, y le impresiono la arena tan caliente que le parecía vidrio fundido. Sus acompañantes le dijeron que era espejismo y que las mulas apuraban su paso porque creen ver agua a la distancia.

Llegada la noche llegaron a un Tambo, que debió ser el de La Joya; la autora nos dice: “que este no existía sino desde hacía un año, y que la casa constaba de tres piezas separadas por divisiones hechas de caña, la primera de las piezas estaba destinada a los arrieros y sus bestias y servía al mismo tiempo de cocina y almacén; y que los viajeros de uno y otros sexo se acostaban por lo general en la pieza del centro…”; Flora Tristán se acostó muy temprano  pero no pudo dormir por las pulgas que encontró, más abundantes que en Islay, además del ruido que hacían en la habitación. Allí escucho a sus acompañantes decir que la señorita Tristán no llegaría viva a Arequipa pues el viaje era infernal, y que lo mejor sería llevarla en una litera.

La Tristán se despertó muy temprano, bebió bastante café y puso en marcha a la caravana, sin embargo el trayecto del tambo hasta la ciudad fue horroroso para ella, porque vio animales muertos, una tumba y al cruzar la quebrada  “La Caldera” el sol fue tan sofocante para ella que la asfixiaba. Por fin después de dos días de viaje llego a Congata, donde se recupero para luego llegar a la casa de su tío en Arequipa.  Flora Tristán describe este viaje  en el capítulo VII, titulado El Desierto, en su libro “Peregrinaciones de una Paria”, así como ella otros viajeros escribieron también su testimonio de la travesía al cruzar el desierto.   

LOS CARNAVALES DE ANTAÑO EN LA PUNTA DE BOMBÓN


“Cháncame cháncame
 Cháncame los huevos
Si no me los chancas quédate con ellos” (bis)

Con este estribillo tan popular, comenzaban los carnavales de antaño, pues se referían a los huevos de gallina que se recolectaba para tirarlos sobre alguien; estos se preparaban con anticipación quitándoles la clara y yema del mismo por un pequeño orificio que luego se llenaban con agua de color, una mezcla con anilina, y cerraban el orificio con cera caliente. Algunos los utilizaban enteros y si eran “loctos” mejor. Esta vieja costumbre  fue remplazada por los globos.

Los huevos tenían que ser inevitablemente de gallina ya que alegres comparsas de mujeres también  recitaban el estribillo mencionado. Luego seguían con otros cantos  no menos jocosos como: 

“De aquel cerro verde
Baja don pascual 
Con pistolas de oro
Y bolas de cristal”.

También se entonaban estribillos alusivos a personajes y lugares ambientados en el valle de Tambo:

"La maquinita de Lira 
 La maquinita de Lira 
Echa humo sin carbón 
Asi están estas cholitas 
Tiran prosa sin calzón”.

Esta copla hace alusión  a Víctor Lira, quien fue dueño de la hacienda Pampa Blanca en ese valle.  

Cuando la temperatura llegaba al “clímax”, y el jolgorio  era tal, se iniciaba una predisposición a intervenir en el juego así no lo quieras. No faltaba alguien más atrevido o atrevida que soltaba un verso  “caliente”, aludiendo al desaire, al amor o al erotismo, como el conocido “putita de verano…” o el el estribillo: 

“Señora vecina
su gallo es malero
 porque a mi pollita
 le ha abierto el agujero”

y otros que por censura no es conveniente mencionar.

Si el carnaval comenzaba en la chacra, ahí no más estaba la acequia  para darle un remojón a la vecina aun esta fuera casada, pues el esposo no se iba a molestar  porque este con entusiasmo haría lo propio con tu hermana o con tu mujer hasta que se formaban las pandillas de antaño, que junto con los cantos se convertía en una contienda entre varones y mujeres, cantando y respondiendo, algunas coplas realmente eran improvisadas al momento, lo que en efecto causaba alegría y risas como: 

“Quisiera ser pajarito
con patitas de algodón
 para posarme en tu pecho
 y sacarte el calzón…”. 

El carnaval que ya comenzó en la chacra seguía con la recordada “chaya” que se pronunciaba cuando se mojaba  a la pareja o se embadurnaba el rostro con una tajada de melón o sandia, que por ser en febrero, abundan estos frutos en las chacras cerca a la playa. Luego avanzaban hacia el pueblo. 
   
Resultado de imagen para carnavales en la punta de bombonLos carnavales duraban tres días con sus noches principalmente, comenzaba el domingo, y terminaba el miércoles de ceniza donde la viuda del “ño carnavalon” llegaba a la orilla del mar  cantando: “Carnavalito, carnavalito/ hasta cuando me vas a tener sollozando. La viuda sigue llorando su mala suerte; y decía tristemente, no sé si te esperare o tal vez no llegare al año entrante”, o “Carnaval porque tan pronto te vas/ porque no te quedas ocho días más”.




Por la década de 1930 en  las noches de carnaval salía disfrazado de mujer don Enrique Guillen, pintando a quien se le cruzara en el camino; un verso de Santiago Almonte Valdivia pinta de lo mejor esta escena:

“Y don Enrique Guillen, era la reina de la jarana
se disfrazaba de gitana, que le quedaba muy bien
taco aguja y sostén, con cartera y sombrero
recorría el pueblo entero entre sonrisas y besos
se ganaba los aplausos de todos los carnavaleros
conformaban la pandilla la “mona” Elsira Carrera
también la Julia Rivera la Fresia y la Julia Ercilia
también había chiquillas como la “loca” Soledad
jugaban con ansiedad mojando a los que pasaban 
pues a nadie respetaban/  ahí no valía la edad”.       

Ahora lo hacen a su manera Carlos Rivera, Udamar Alvarez,  Elena Torres (La Capacha) y Vilma Gómez, que según referencias es quien tiene mayor repertorio de coplas de carnaval, y están publicadas en la web de la Revista La Punta. Ellos nos  divierten mucho en esta fiesta.  Pero “mañana” ¿Quienes cumplirán el rol, de animar las fiestas de carnavales? JULIO VALDIVIA O. y “los cañitas”,  que  hoy han organizado “Las pandillas de carnavales” en Punta de Bombón para cantar y mojar a todos como antes, dicen.

No falto alguna autoridad que por mantener el orden social del pueblo, suprimió bajo mandato de alcaldía los carnavales, para tal hecho se hizo una copla: “Vamos a Mollendo/ allá esta mejor/ no tienen alcalde/ ni gobernador”.

El carnaval es una fiesta social, popular, donde intervienen todos, y creo que van contra todos, me recuerda una copla que resume en conclusión  esta diversión: “aunque nos critiquen/ Nada nos importa /Que en el carnaval /Todo se soporta.”
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